sábado, 2 de febrero de 2008

UN PUÑADO DE DOLARES.

CINCO MILLONES DE DOLARES.
En agosto de 1989, un tal Malcolm Forbes celebró en su palacio del Mendoub, en el barrio de Marshan de Tánger, una opulenta fiesta para conmemorar su setenta cumpleaños, en la que se gastó la módica suma de cinco millones de dólares.
Malcolm Forbes era el editor de la revista Forbes. Súper conocido por su lujoso y extravagante estilo de vida lleno de excentricidades, por su chateau francés, por su inmensa colección de arte, por su colección de globos aerostáticos, o por su colección de motos Harley Davidson. Malcolm Forbes era entonces famoso y considerado, por los norteamericanos, un “showman”, una persona llamativa. Compraba en ráfagas costosísimos huevos de Faberge, y poseía una colección de cien mil soldaditos de miniatura valorada en un millón de dólares, que permaneció expuesta, gratuitamente, durante varios años, en su lujoso palacete en Tánger.
La organización de tan caprichoso festejo en Tánger comenzó fletando tres aviones para sus invitados, incluyendo a la entonces la famosísima y flamante actriz norteamericana Elizabeth Taylor. La cifra de invitados de la jet-set del dólar superaba las seiscientas personas, varios de los cuales acudieron en sus aviones privados. El lugar elegido para aquella faraónica celebración era su suntuoso palacio, de cerca de dos mil metros cuadrados, con una treintena de lujosas habitaciones, rodeado de diez acres de tierra y con unas impresionantes vistas panorámicas del majestuoso océano Atlántico. Tan maravillosa construcción fue la residencia del ultimo Sultán del Imperio Otomano. Aquella orgía la llamo “party”, y se preocupó para que el menú fuese lo más raro posible, tanto en los platos como en los vinos. Contrató a seiscientas bailarinas del vientre y a unos doscientos jinetes Berberes, que con sus salvajes monturas representaron el impresionante espectáculo de “La Fantasía”. Un show folklórico inexistente en el norte de Marruecos, puesto que su practica es típica de los pobladores del sur.
El Palacio del Mendoub.
Llegó a su querida Tánger en su Boeing 727, llamado “La Herramienta capitalista”, de color oro y verde dólar. Ejército y policía acordonaron la pista del aeropuerto y las calles más céntricas de Tánger. Tres mil agentes de la autoridad se ocuparon del orden, de radicar la mendicidad y de limpiar las calles de todo personaje sospechoso. Era un día muy grande, iba a cumplir 70 años, y eligió un lugar más exótico que su castillo en Francia, que sus ranchos en EE UU o que sus dos mansiones en sendas islas del Pacífico. Hizo que se desalojaran los tres mejores hoteles de Tánger para albergar allí a sus invitados, y puso a disponibilidad de los mismos una flota de automóviles Mercedes con escolta motorizada para sus desplazamientos.
Sin duda el palacio resultaba fascinante. Las alfombras de nudo cubrían todos los caminos de los jardines. Las tiendas de damasco elevaban sus cúpulas de cebolla. La lujosa cubertería era italiana, ¡Cómo no! Faltaban los pavos reales, pero en su lugar pusieron cien corderos asados junto a un millar de pollos adobados con azafrán puro, y las pelotillas de carne picada que rodaban por las alfombras no podían contarlas. El magnate vestía pantalones verdes, camiseta amarilla y gorrita de barco azul. Típico gusto americano para combinar los colores de una vestimenta de un señor que cumple 70 años. No faltaron por supuesto los buitres, los reporteros gráficos para entendernos. Más tarde, la espada y la gigantesca tarta y, a continuación, el “Happy Birthday, Malcolm”. Luego hubo fuegos artificiales apoyados por la artillería de cañones y de luces proyectadas. Para finalizar todos salieron a bailar: presidentes de bancos y de corporaciones, grandes directivos, famosos y famosas... algunos con capa mora incluida.
Cinco millones de dólares fundió el magnate Malcolm Stevenson Forbes, Jr. en su setenta cumpleaños, un verdadero despilfarro y un derroche de poder injustificado. Nadie se atreve a dar mas, era cuestión de decir quien los tiene más grandes. Un comportamiento grosero y exhibicionista. Este individuo podía, por ejemplo, haber gastado este dineral en financiar su promoción e intentar ser Presidente de Estados Unidos, sueño de cualquier Yanqui. Pero no, él decidió asegurarse de que todo el mundo supiera que se encontraba escandalosamente “Forrado”. Su propia revista Afortune, sin piedad, valoró su capital personal en mas de quinientos millones de dólares, y la fortuna familiar en mas de dos mil millones de dólares, aproximadamente.
Malcolm Forbes comentó una vez: "El dinero no es nada, pero mucho dinero, eso ya es otra cosa". En el fondo tenia razón, ¡A vivir que son dos días! Que paradojas, que contradicciones y que cosas tiene la vida, mientras describo yo esta abominable fiesta de desagradables despaches, Naciones Unidas y varias organizaciones humanitarias aclaman, mirando al cielo, la ayuda para el tercer mundo, para los miles de recién nacidos y de bebes que viven en condiciones infrahumanas sin poder llevarse nada a la boca. ¡Basta ya de elogios! Que se metan sus fiestas por donde les quepa.

1 comentario:

  1. Querido, se ve que no entiendes a los ricos. No les importa el poder ni tampoco tu moral pequeño burguesa, y hacen bien. Cuando se tiene mucho dinero se puede estar protegido de las pequeñas mezquindades de la humanidad, como por ejemplo tu envidia.

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