domingo, 5 de octubre de 2008

LOS SIETE LEVANTES, RELATO DE UN VERANO.

Los retrasos en las salidas de los barcos, tanto desde Algeciras como desde Tánger, provocan escenas dramáticas que se pueden contemplar en ambos puertos casi todos los días. Todos y todo por cambiar de continente. Las críticas no pueden hacerse a la ligera. Jóvenes y adolescentes intentan colarse ocultos y escondidos en los bajos de grandes camiones. A veces, se pueden observar graciosas carreras de policías para atraparlos. La sangre congelada de multitud de seres humanos muertos, en el revuelto mar del estrecho, no se puede olvidar. La terrible incomprensión y la falta de humanidad hacia los inmigrantes, con sus costumbres y hábitos fuera de sus países de origen, es un asunto pendiente de mejorar.

Por otro lado, y en paralelo a la muerte suicida y al desmadre de la inmigración, reaparece como por arte de magia el fenómeno de “bienvenidos Mr. Marshall”. Cargados de ladrillos para dar el gran asalto, especialmente en el norte de Marruecos, de manera indecente. Este fenómeno ha impulsado un desarrollo turístico incontrolado, parecido al español de los setenta, mientras en las ciudades miles de excéntricos y originalillos extranjeros se apropian de casitas y pequeños palacetes de las mil y una noches de las viejas y artísticas medinas. Se calcula que ya han logrado el 20% de ocupación. Es todo un pronóstico de una incruenta conquista de los patrimonios históricos marroquíes. Estas maniobras, junto con la cooperación internacional, son tan notorias en las costas como en las zonas interiores y rurales, en estas últimas llegan a ser casi destructivas. El efecto llamada contribuye a vaciar las poblaciones rurales, ofreciendo una mano de obra joven y barata, pero mal formada, mientras que a la vez alimenta la localización de las devoradoras industrias occidentales, privando a los alrededores de su desarrollo y de su planificación futura. ¡Cosas de la globalización!

Resulta paradójica e hipócrita la prohibición del consumo y cultivo del Kif, mientras, contradictoriamente, está aumentando el fomento de las mafias ilegales de contrabando de droga. Se trata de cerrar los ojos y callar ante una realidad que ocupa centenares de miles de hectáreas en el norte del país y que condiciona el desarrollo ambiental, económico y comunitario de muchas poblaciones rurales de la zona, convirtiéndose, en la mayoría de las ocasiones, en el único e inevitable recurso económico para los lugareños.

Tengo que destacar uno de los aspectos que más me ha impresionado este último verano de la ciudad Tánger, e inexplicablemente él más positivo: En la mayoría, por no decir en todos, los hoteles, restaurantes y cafeterías de la ciudad, la calidad del servicio ha sido impecable. La educación de los camareros, su vestimenta y la atención hacia el cliente han sido excelentes. Una gran lección para multitud de sitios europeos similares que dejan mucho que desear en lo referente al comportamiento laboral de los camareros. En estos países la mayoría del personal accede a estos puestos de trabajo sin formación ninguna.

Siempre, claro, hombres y mujeres, niños y niñas permanecen en movimiento. Es una sensación de flujo vital que recorre las calles, plazas, zocos y carreteras de una ciudad capaz de provocar tanto enamoramiento como rechazo. Tánger está como siempre, vestida con un profundo compromiso cosmopolita basado en un ambiente muy particular. Actualmente, la ciudad está sumergida en un frenético dinamismo. Se palpa una cierta alegría, pero aún siguen numerosos los campesinos de los alrededores de la urbe que ocupando, desde primeras horas de las mañanas, sus puestos ambulantes en los mercados exponen y ofrecen sus productos frescos. Y vuelve de nuevo a sonreír el sol custodiado, como es habitual, por el brillo ambicioso de los ojos de cientos de adolescentes que sentados contemplan ansiosamente el horizonte del otro continente. Soplan nuevos vientos, son “Los siete levantes”.

1 comentario:

  1. ¿Nombres? Jaime, Mohamed, Mustafa, Elena, Jadijha... Tan sólo son nombres, nuestras raíces no residen en el nombre. Nuestra cultura tampoco, nuestra historia tampoco.
    Las raices se forjan a base de tolerancia y libertad y no inculcando valores, tradiciones. Este país necesita que paren ya de guiarlo... nombres; ¿Y eso que más dará?
    Y luego se quejan de que los marroquies no se integran en los países a donde van a trabajar... Aclarese o piense minimamente lo que dice. Que da verguenza! Lo que hacen las segundas y terceras generaciones es formar y adquirir una identidad, una cultura. ¿Qué pasa, que no hay suficientes marroquies aquí, tenemos que forzar a los que ya han dejado de serlo A que lo sean, A que crean en dios, que venga en verano, que hablen arabe?
    De ahí a que este país tenga tan mala imagen de cara a los demás. Si presionas al pueblo, si lo obligas a ser lo que tu quieres que sea... nada aútentico queda, ninguna cultura, ninguna tradicion.
    En este país está mal visto que los jovenes piensen por si mismos y decidan en lo que quieren creer, que es lo que quieren hacer, etc.
    En Japón no olvidan sus costumbres y es la 2ª potencia mundial. Aquí se obliga a que no se olviden de sus costumbres, esta todo exagerado, todo llevado al exceso. No queda nada, ni un atisbo creencia, de cultura, de tradición.
    La vida sigue, el mundo esta condenado al cambio, las culturas mueren, o caen en el olvido por la propia naturaleza que guia la faz de la tierra.
    El choque se produce por las barreras que se ponen a las personas. Hablar por hablar...

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