jueves, 29 de mayo de 2008

NIÑOS SIN DUEÑOS.

Hace unos días, cuando me topé con las palabras “Esnifando cola”, creí tener por un momento un “déja vu”. Esas palabras les he visto en varias ocasiones, pero nunca llegaron con tanta fuerza e ímpetu a mi cabeza. El término es extraño por si solo y encaja a la perfección con las coordenadas callejeras, vulgarmente hablando. En ese cruce de palabras hay una puesta en escena impecable de una zona reservada a un envuelto desgraciado de personajes, y a un cruce amargado de vidas humanas. Es sencillo de apreciarlo y contemplarlo, viven con nosotros. Se han introducido de repente en nuestras calles, como nuevos actores de reparto. Están anclados en un espacio sin caminos, sin velas, sin pétalos, sin sentidos y sin dioses; solo acompañados por aromas de disolventes, sueños de pegamentos, lagrimas de gasolina y corazones de aerosoles. No hay límites en sus razonamientos, lo que ellos piden no esta expreso. El fenómeno se extiende con fluidez y la filosofía que lo sustenta parte de la base de que el cuerpo se contagia rápidamente con el poderoso apetito de sueños y alucinaciones. Se trata de una búsqueda de armonía y liberación, de paz y de placer, lo que parece tener lógica y motivos como para cumplirlo a rajatabla. La recompensa es alcanzar un climax, una compenetración intensa de soledad y alivio, un sentir parecido, dicen, al oleaje del océano atlántico, un relax desconocido y una huida placentera.


Se utilizan multitud de productos, tubos, bolsas de plástico, envases, latas de disolventes volátiles (inhalantes), pegamentos y colas, derivados del petróleo, gasolina para encendedores, anticongelantes, diluyentes de pintura, gases propulsores, betún, acetona, etc. Todos de fácil acceso, y las secuelas, que son tan dispares como la cantidad de olores y aliento de los alucinógenos, se exteriorizan, entre otras formas, con estado de embriaguez, ojos perdidos, expresión soñadora, excesiva secreción nasal, lagrimeo, mal control muscular, delirio, alucinaciones, agresividad, pérdida de conocimiento, inflamaciones faciales, lesión pulmonar, cerebral, cardiaca o hepática, anemia, riesgo de incendio, dependencia psicológica e incluso la muerte por sofocación o ahogo.

Lamentablemente de sublime carece esta técnica y esta conducta, y sus consecuencias son alarmantes. Estos personajes están en peligro de desinflarse, sus corazones están rotos y respiran lentamente. Están al borde del precipicio. En Tánger, decenas, incluso centenares, o tal vez más, de niños adolescentes viven en la calle
hechizados, pasan las horas de su miserable vida “Esnifando todo tipo de envases”, deambulando de una calle a otra. Buscan restos de alimentos en las mesas de los restaurantes y en los contenedores de basuras, mientras se dedican a mendigar, a los pequeños hurtos, a pelearse entre si y, algunas veces, llegan hasta la prostitución, pero su gran y apreciado objetivo es alcanzar la otra orilla: “occidente”. Sus edades están comprendidas entre los siete y los veinte años, aunque pocos llegan a esa edad. La mayoría no salen del pozo, terminando con los cerebros destruidos y los cuerpos en un decadente estado vegetativo. Muchos acaban desaparecidos, ¿Quién sabe donde? Últimamente, se empiezan a ver niñas con este mismo triste destino y con el mismo purgatorio, que a veces llega a ser un infierno, del asfalto callejero.

Yo me pregunto: ¿Quiénes son
los dueños de estos niños y niñas? ¿Serán abandonados, huérfanos o escapados? ¿Sus familias estarán problemáticas y desestructuradas? ¿Sus padres serán malvados? ¿Serán fruto de la pobreza y analfabetismo?...Un viejo profesor de filosofía del Opus Dei solía decir: "¡Todos llevamos el mal dentro!". Un acierto como dios manda. Así es, estamos hechos por igual todos como los dientes de un peine, tal como dictan las religiones, sólo nos diferenciamos por la proporción cualitativa de nuestra fe y creencia, y por nuestra forma de reaccionar ante situaciones desesperadas y de miseria. Estoy hecho un lio. Me vienen a la cabeza mis buenos recuerdos y las maravillosas experiencias de mi infancia, y también de la de mis amigos. Me siento como un niño con los cordones de mis zapatos atados, corriendo y jugando al fútbol en mi barrio natal. Siento la esencia de aquella infancia. La recuerdo por los olores de los libros y cuadernos, de los caramelos, de las galletas, de los pastelitos, de los helados, de los refrescos, de las comidas caseras,... Sin embargo, al mismo tiempo, me siento defraudado por la puta infancia inmerecida de estos niños y niñas de la calle, esclavizados por el asesino pegamento.

Desconcertados, tienen que ser abandonados sin dueños, privados de sensaciones y recuerdos. Tienen las piernas paralizadas por los efectos imprevisibles, sus cuerpos llenos de palizas y postrados en los suelos. Debemos sentirnos indignados. Los actos injustificados de estas criaturas nuestras encarnan nuestra propia historia y son los hijos de nuestra supervivencia. Desconfiados y sin cariño, a estos niños encima, les damos miedo. Juzgó estos datos de muy preocupantes. Nuestra intención de no complicarnos la vida puede ser sólo una pretensión frívola. Debemos activar nuestras actitudes de responsabilidad, actitudes correctivas, cooperativas y tolerantes.

sábado, 24 de mayo de 2008

CLAUDIO BRAVO EL PINTOR SUPERREALISTA.

Claudio Bravo declaró en una ocasión que guardaba para si una colección particular de sus mejores cuadros, que nunca ha sido expuesta. He leído por curiosidad varias biografías y entrevistas, en varios medios, de este pintor y he llegado a la conclusión que es egoísta, a veces hasta chulo describiendo su forma de andar por la vida, considerándose asimismo el mejor pintor realista del mundo.

Detesta las fotografías porque las interpreta como instantáneas fijas, mientras afirma que su pintura retratista, rozando la perfección, está en movimiento permanente. Claudio Bravo no se considera hiperrealista por no emplear la fotografía como modelo, pero se ha referido a sí mismo como superrealista. Sus pinturas, pasteles y dibujos son de gran formato, y las ejecuta directamente del modelo. Fruto de un inexplicable egoísmo que se aleja eternamente de la humildad, presume de ser propietario de tres palacetes en Marruecos: uno en Tánger, otro en Marrakech y otro en Agadir. Va pasando de uno a otro según las condiciones climatológicas. Tiene contratados, a sus pies, alrededor de sesenta sirvientes. Eligió Tánger para establecerse en 1972 cuando se sintió agobiado y agotado de la frenética vida que llevaba en las grandes ciudades. Declaró en una ocasión que eligió Marruecos sólo para pintar y no por pintar. Hay que ser a veces razonable. Yo declaro, y afirmo, que el pintor ha sido seducido por Tánger, por su luz, por sus casas, por sus mares y por sus gentes hospitalarias. Y eso se plasmó constantemente en multitud de sus obras pictóricas. Encima no presume de llevar más de treinta años afincado en Marruecos, gran parte de su vida y de su pintura. Pero él sigue destacando que su estancia en Marruecos se debe a motivos de tranquilidad, de comodidad y de la posibilidad de tener sirvientes. Es contradictorio, sus retratos y sus obras transmiten y expresan una realidad simple y sencilla como si fuera una revista del mundo, con un lenguaje hiperrealista y no una huida de la realidad. 

Egoísta y orgulloso clamó que su pintura es de enorme prestigio y elegancia. La pintura de Claudio Bravo es retrospectiva, retratista, lenta, parece inacabada, oculta, trabajada nítidamente, con sentido de la vida, asaltando nuestras sensaciones. Su pintura es sorprendente, solitaria, aristócrata y realista. Es una pintura de reyes y monarcas, con cierta nostalgia, íntegra, comprometida, intelectual y concreta. Una pintura obsesiva y con voz amable. En su pintura, a veces, desaparecen los personajes y aparecen objetos, animales, cráneos y huesos. Su pintura es hermosa, nos lleva a la exploración. Su pintura es la perfección, la libertad del color y de los tonos, una sensación de placer y bienestar. Claudio Bravo es un pintor de cuerpos que sobresalen de los marcos y de una realidad más real que la realidad. Su pintura es un viaje en la vida, un retrato de la sociedad, una técnica al límite de la perfección y una estrategia visual. Su pintura desafía a la lente fotográfica y pretende ir más allá de un efecto óptico. Su pintura es tensión y emoción generadas por los efectos luz-sombra. Su pintura otorga espiritualidad a lo inmóvil. A Claudio Bravo lo llaman “Príncipe de las Artes”.

La obra de Bravo forma parte de prestigiosas colecciones públicas y museos del mundo, entre los que cabe citar: 

Meter Ludwig Museum (Colonia, Alemania). 

The Metropolitan Museum of Art (Nueva York, EEUU).
Mitter Heinisches Landesmuseum (Mainz, Alemania).
Museo de Arte Abstracto (Cuenca, España). 
Museo de Arte de Ponce (Ponce, Puerto Rico). 
Museo Nacional de Bellas Artes (Santiago, Chile). 
Museum Boymans-van Beuningen (Rotterdam, Holanda).
The Museum of Modern Art (Nueva York, EEUU).
Rufino Tamayo Museum of Internacional Contemporary Art (México D.F.), etc.


Claudio Bravo ha sido galardonado con la prestigiosa Gold Medal of Honor de Casita María Settlement House (Nueva York, 1996), y en el año 2000 recibió el “Art Miami Internacional Distinguished Artist Award”.
En 1972 se afincó en Tánger, Marruecos. En ese mismo año participó en la Documenta 5 de Kassel, en una época en que se imponía con fuerza la tendencia hiperrealista liderada por Robert Bechtle y John Kacere.
En 1981 realizó su primera exposición en la Marlborough Gallery de Nueva York, galería que desde ese entonces lo representa internacionalmente.
En1994, realizó una gran exposición individual en el Museo Nacional de Bellas Artes, por cierto una de las más concurridas de la historia.

viernes, 23 de mayo de 2008

PERROS SIN DUEÑOS.

“El hacha del leñador pidió su mango al árbol, y el árbol se lo dio” (Escrito por: Rabindranath Tagore en su obra Pájaros Perdidos). Incompletos tenían que ser los dos. Sus identidades se necesitan uno a otro. Sus vidas están cruzadas y entregadas.
Hay que dejar de odiarse, insultarse, enterrar el hacha de la guerra y dejar que las aguas vuelvan a su cauce. Todo es fruto de una enfermedad infantil llamada racismo regional. Hay que cambiar nuestra actitud y nuestro resentido comportamiento por acciones más constructivas y más criticas, por mantener y salvaguardar nuestra memoria histórica y nuestras tradiciones. Debemos cumplir con nuestro deber de cuidar nuestra herencia artística cultural y sentimental a favor de nuestros hijos. Para eso la clave esta en la rigurosa y obligada ejecución de una buena crítica, con respeto, con educación y sin ofender. Hay que dejar de lado la chulería, el despelleje, lo inconsecuente y el pisoteo de uno a otro.
La historia, los distintos idiomas y la compleja composición socio-cultural de Marruecos no debe ser un obstáculo para el desarrollo objetivo de diferentes tipos de pensamientos. Debemos amar todos los rincones de nuestro país. Nuestro país debe ser único, maduro, corregido, criticado, mejorado, admirado y debatido. No se trata de que cualquiera diga lo que quiera, sino lo que piensa. Debemos dejar de mirarnos el ombligo y no equivocarnos de enemigo, ser abiertos al dialogo, ser tolerantes y defender la convivencia. Rífenos, beréberes, norteños, sureños, campesinos y ciudadanos de a pie, todos juntos debemos custodiar nuestro entorno, regenerar nuestro estado de bienestar y nuestros eventos culturales, guardar nuestro patrimonio histórico y respetar las tumbas de nuestros fieles muertos, aunque sean olvidados.
En Tánger, justamente cerca del barrio emblemático “California” (por su semejanza con el clima de la costa californiana), se encuentra un caprichito, para algunos, extravagante y extraño: un “cementerio de perros”. Data su improvisación desde los años cincuenta, consecuencia de una vida fastuosa y elegante de la gente de aquellos tiempos felices. Actualmente, más de un centenar de penosas lápidas, del mejor amigo del hombre, siguen levantadas entre arbustos y matorrales, en un estado de abandono miserable. Sus dueños ya no están en este mundo para cuidarlos. En su momento si que se debieron hacer merecidas ceremonias fúnebres con cortejos mortuorios de riguroso desconsuelo. Este lugar tan original está en peligro de desaparecer debido a su avanzado estado de deterioro y, probablemente, esté pronta su desaparición. La expansión demográfica y urbanística está avanzando a pasos agigantados, y estoy convencido que no se van a respetar a los ausentes. Mientras tanto seguirán reposando los restos caninos, en el mismo lugar, en el cementerio de perros de Tánger. Hay que salvar el árbol de la vida y mantener intacta la vida de los cementerios. Es una responsabilidad de principios y de supervivencia. Pobres perros, descansen en paz.

viernes, 16 de mayo de 2008

LA GRAN EVASIÓN.

Tánger, hermosa y canalla, aún discurre por sus calles la sombra de su pasado deslumbrante. En ella recalaban intelectuales y escritores de medio mundo. Una época que es sólo un recuerdo. Tánger, es ciudad frontera que se exhibe en una orilla del Estrecho frente a Gibraltar como última etapa de la frustración de tantas criaturas que sienten despojados de la dignidad humana, sin perspectivas de futuro. Mientras, el occidente se está cerrando y cercando, constantemente, con duras e implacables políticas de inmigración. Estos adolescentes, en su gran mayoría, cuando uno les aborda parecen despreocupados y divertidos, pero sus profundas desesperanzas se amontonan día tras día. Fruto de esta desesperación aumentan sus ganas de marcharse, de huir y romper los barrotes de la injusticia y desigualdades.
  Alrededor de 16 millones de inmigrantes entraron a Estados Unidos pasando por la Isla Ellis en Nueva York entre 1892 y 1924.© AP Images

Se sienten motivados por una legítima y natural aspiración a la aventura, al deseo de viajar. Es completamente falso retratar la emigración como un fenómeno que se remite únicamente a los factores económicos. A estos jóvenes, aunque parezca anecdótico repetirlo una vez más, les cuesta integrarse en Marruecos, en unos mercados laborales cada vez más competitivos y en una sociedad en la que, a veces, no tienen voz. Difícilmente pueden identificarse con el sistema y el entorno. Inmersos en una vida cruel, sin trabajo y en condiciones precarias que no les permiten prosperar, vuelven sus ojos hacia el extranjero. Cuesta imaginar que el 60% de los marroquíes tiene menos de 30 años.
Una realidad amarga y dura de tragar. La emigración es un fenómeno complejo que no puede reducirse sólo a la cuestión económica. Para empezar, está la repercusión que tiene el hecho de que los jóvenes estén privados, de forma precoz, del sueño de viajar. Esta prohibición genera una rabia interior. No solo hay que hablar del efecto llamada, sino también del denominado efecto salida, relacionado a la par con la globalización y la responsabilidad, tanto desde el interior como desde el exterior. El ser humano no debería ser objeto de manipulación y de provecho. En el caso de las mujeres la complejidad del fenómeno migratorio se manifiesta por la incompatibilidad de la condición laboral femenina en la sociedad marroquí, y tampoco es sólo por causas económicas. Se sienten claramente discriminadas.
Las ansias de cruzar un nuevo horizonte están sometidas, a veces, a razones o motivos familiares, a la ausencia de libertad, a la frustración personal, hasta incluso a problemas sexuales. Estos adolescentes están odiados y resentidos. Se sienten desaprovechados y huérfanos. Todos estos aspectos, y la falta de no poseer los derechos de la naturaleza, son justificaciones tan poderosas como las económicas para emigrar. Numerosos expertos, y distintos estudios, llevan años advirtiendo y explicando que los fenómenos migratorios se remiten principalmente a las ansias de que algo va cambiar, al no dejarse desgastar, al sacar renta a la vida de uno y normalizar su situación social y pública. Es una protesta silenciosa y vergonzosa del ser humano por la libertad.
  En general este tema se ha abordado con ironía y reticencia, en muchas ocasiones. Es el momento de pararse a reflexionar y ver lo bueno y lo malo de nuestra civilización, así como lo diabólicos que podemos llegar a ser. Es imposible imaginar que hemos construido la Torre Eiffel, la Mezquita de Córdoba, la Gran Muralla China, la Estatua de la Libertad, los canales, los puentes, las autopistas, los satélites,…, y tener los ojos cerrados ante tal desastre. Todos creemos en la inevitable jerarquía humana, pero nuestros estómagos siguen siendo semejantes. Lo peor ante este fenómeno, y vuelvo a insistir, social, humano y económico, desgraciadamente estamos metidos todos en el mismo ajo. Es inadmisible que los franceses, por poner el ejemplo de un país europeo, cuiden y mimen a 40 millones de mascotas y tengan secciones repletas, en sus supermercados, con infinidad de productos alimenticios, y hasta incluso juguetitos, para estos privilegiados bichos, mientras millones de seres humanos gritan dignidad y justicia, preparando la gran evasión.

jueves, 15 de mayo de 2008

LA MALDICIÓN DEL HOTEL REMBRANDT

En el Hotel Rembrandt de Tánger se refugio Tennesse Williams, y en él vivió con su gato la escritora Jane Bowles. Nuestro hotel sigue estando, desde 1950 año de su inauguración, en el Boulevard Pasteur, en el corazón de la ciudad, con unas habitaciones majestuosas sobre la bahía. Actualmente, el hotel sólo salvaguarda el sabor y los rasgos de aquella ciudad de la época internacional, estaba esclava y protegida por unas cuantas potencias, y también de aquella ciudad cosmopolita vinculada con la cultura, la literatura, la extravagancia, los vicios y el libertinaje desposeído de todo tipo de controles ideológicos, morales y religiosos.

Hotel Rembrandt. Agosto 2013. Tánger.
Foto Abdellatif Bouziane.
Todavía me pregunto: ¿Qué motivos acarrearon a Tánger este fenómeno de convivencia de culturas y creencias tan dispares? ¿Tan fuertes eran las oleadas del levante? ¿Tan fuertes eran los ecos susurrados de Hércules? Aquellos forasteros, protagonistas de uno de los más valiosos patrimonios literarios de las últimas décadas, tenían que haber estado ansiosos y enloquecidos por el embrujo y la atmósfera de Tánger, o bien tan empapados de letras secretas y prohibidas que buscaban en esta ciudad refugio, exilio y libertad para el cuerpo y la mente. Hoy día, tan sólo permanecen algunos aspectos y perfiles de tan dorada época incrustados en los pilares y las paredes del hotel Rembrandt. Las fachadas desconchadas confiesan, avergonzadas, sus recuerdos; los azulejos agrietados son puras evocaciones, y las maderas abiertas inspiran nostalgias. Es para crear una comisión de investigación al respecto. Algo importante tuvo que haber sucedido en aquel hotel, pero, desgraciadamente, el abandono y la dejadez lo han borrado para siempre. Parece que estamos en otra época. Al mirarlo nos alberga una extraña sensación, es como un viaje a un lugar ignorado, desértico, sin esencia humana; parece un escenario de Twin Peacks donde encontramos una recepción con apariencias de esplendor, una señorial piscina con jardín y un distinguido bar. De repente, y por un instante, este hotel se nos muestra con heridas abiertas, impresiones furiosas, personal incomodo, sensación de llegar con retraso y apetencias desordenadas. ¡Es una lástima! Podía haber sido nuestro hotel favorito en Tánger.

En aquella época, en multitud de ocasiones, se reservaban habitaciones con maravillosas vistas a la bahía de Tánger. Algunos huéspedes escribían, mientras otros pintaban o simplemente conversaban. Había un cualificado personal y camareros muy profesionales. Los bármanes gozaban de mucha clase y discreción. Estamos hablando del conocimiento del elemento humano, para poder abrir su mente y su corazón. Tengo la esperanza de que el famoso Hotel Rembrandt recupere su esplendor, su carácter y sus memorias históricas. Mientras tanto se acumulan los días de castigo y descuido. Se seguirán cambiando, diariamente, las sábanas para un turismo de bajo coste. Esta situación me recuerda el famoso baile del héroe de los Jackson Five en el que movía los pies de una forma tan extraña que parecía andar, pero siempre permanecía en el mismo lugar.

lunes, 12 de mayo de 2008

TÁNGER: CIUDAD CON ALMA.

DEDICADO A TODOS LOS PROTAGONISTAS DE LA ULTIMA ESCAPADA.
Al otro lado, Tánger, cercada por murallas en la que se abren numerosos arcos y puertas, y bañada por dos mares, dónde emprende en la lejanía: el soplo de inspiración y magia, la fluidez de las palabras, el olor a menta, las lágrimas de nostalgia, el bullicio del medio día y más tarde el susurro de madrugada, las vistas panorámicas, los sonidos donde rompen las olas, el paso de un taxi, los roces de la gente en el mercado, los movimientos de las hojas de los árboles coloniales, las miradas desde las carreteras elevadas, la sentada de las ancianas majestuosas en sus puestos del mercado, los ojos de los niños llenos de paz, los recuerdos imborrables, la luz del día, los balcones a los mares con su dominio de la curvatura del mundo, el incendiado horizonte entero, los paisajes substanciales, el encuentro con los objetos, el despojo de la trivialidad, los colores de las frutas, verduras y legumbres, la sonrisa inocente, las puertas decoradas y esculpidas, la primavera embriagadora, los toldos deslucidos, los azotes del levante, la noción lenta del paso del tiempo, las cuestas empinadas, las retinas deslumbradas, las playas escandalosas, los sentimientos extravagantes, las maletas llenas de oportunidades, el gato y la gata entre los escombros, el instante detenido en la luz y el tiempo, el olor tan familiar a marengo, las colinas brillantes de los montes, la mezcla de los gritos de hombres y mujeres, las bocinas estridentes de los vehículos, las risas en los cafetines, la impresión de la hospitalidad, los cabellos musicalizados por el viento, el azul del mar, la hora de los pájaros, el cielo protector, los rostros reposados, las sombras negras y veloces, los deseos de vuelo, el silencio de la brisa, la descontrolada puesta roja del sol, los paseos con los amigos por el Boulevard Pasteur, la cazadora vaquera, los besos en las mejillas, la suavidad de la oscuridad, las conversaciones clandestinas, el olor a jazmín, los perfumes falsificados, los mercados negros, los patios, las tapias, las callejuelas, la Medina, las anécdotas, la mitología, … En fin, una ciudad sin leyenda es como un cuerpo sin alma.

domingo, 11 de mayo de 2008

LA DANZA DEL VIENTRE Y EL SÉPTIMO CIELO.

Las ghawazee de El Cairo-David Roberts.
Durante el fin de semana del 18 al 20 de abril de 2008 estuve con varios amigos en Tánger, y justamente en la noche del 19, cenamos en el famoso Hotel El Minzah, con la especial actuación de una orquesta de música andalusí, a la que acompañaba una bailarina del vientre. Es justo reconocer que en verdad que tanto el lugar como la decoración estaban a gran altura. La bailarina cumplió con creces su representación, pero tanto la actuación musical como la de los propios músicos dejaban mucho que desear. Eso se llama un engaño turístico. Ha sido una ofensa y un insulto. No cabe este evento ni como regalo del hotel para amenizar la cena. En marroquí seguro no cantaban, eran canciones de alguna parte del oriente medio, amén de que la indumentarias de los miembros de la orquesta no era la apropiada, pero no es este hecho el que me ha llevado a escribir estas líneas; es la bailarina y su danza del vientre. Actualmente, este baile se puede ver en cualquier lugar del mundo, hasta incluso en algunos penosos circos, y en más de un programa basura de televisión.
En las ultimas cinco décadas la danza del vientre ha sido vulgarmente relacionada con el turismo, con el folclore e incluso han llegado a relacionarla con cuentos de las mil y una noches. Ha sido mal interpretada en varias películas americanas, con mal gusto y con una mezcla de un ridículo humor. Y peor, últimamente, con la miseria y la mala vida, con los bares de poca jonda, con los garitos más fúnebres, con el puterío y con las tinieblas de la oscuridad de las calles. Es una lastima que gran parte de occidente la conciba con fines comerciales y lejos de sus verdaderas manifestaciones de belleza, encanto y seducción. Bajo mi entender, hoy en día, sería imposible que se admitiese este enfoque en el mundo islámico y árabe.
El origen de la danza de oriente o danza del sol naciente quizás venga del sol iluminador de las formas y colores, quizás de la india o de las tierras oriundas de la tribu gitana, o quizás venga de la mitología celestial. La danza del vientre, de todas maneras, es la pura exaltación y manifestación de unos complejos movimientos expresando arte y belleza que, por si solos, alteran la conciencia, el espíritu y la sensualidad. Estos movimientos transmiten lo que no se expresa a través de la melodía, del ritmo y de la armonía. En esta danza mística hay unos vínculos divinos en los que la expresión de la existencia es un acontecimiento. Es causa-efecto, es una provocación, pero a la vez una seducción. Esta danza llega al límite del movimiento sin deformarse, sin quebrar el ritmo de la vida.
En la danza del vientre hay siempre un ofrecimiento de hospitalidad, de madurez y de placidez. Según la leyenda, allí arraiga la fuente de todo lo que es posible en la vida, en el amor, en la fecundación y, al mismo tiempo, en la muerte que estaría representada por el sosiego y la ignorancia del valor de la vida. En el mundo oriental, como en el árabe, el amor está siempre relacionado con las entrañas, con la posibilidad de reproducción. Es una manifestación de la continuidad de la vida. Es una invitación a un encuentro, a compartir los bienes y las bendiciones de la creación. Es una manera de implicar el otro, y es una atracción para justificar la existencia femenina.
En este baile el movimiento es primitivo y es símbolo de la fertilización. Representa la unión del cielo con la tierra, del agua y del fuego con el aire. Resucita la conciencia, así como despierta los sentidos a través de los olores, los perfumes, los sabores, la belleza de los decorados y la presencia de mujeres. Es un acontecimiento estético de la vida y de lo bello. La danza del vientre es un ritual, es la expresión de la llegada de la primavera, de la siembra y de las cosechas. Es la expresión de la celebración de un nacimiento, una circuncisión, un compromiso o un matrimonio. Es el sueño y la imaginación de hacer realidad otro sueño, es la reunión de los hombres.
La danza del vientre la bailaron mujeres imposibles de definir como la mítica diosa Afrodita, la Salomé de Herodes, la gitana Esmeralda de Cuasimodo, la Sceherezad de la mil y una noches, la rusa bayadera de la odalisca, la Cleopatra de Marco Antonio y Julio César, entre otras. La danza del vientre tiene que ser como la brisa fresca del viento, como la luz al fondo del túnel o como un oasis en el desierto. Por eso la llamaron la danza de los siete velos, que representan los siete cielos y desde el séptimo se podía apreciar lo existente. La danza del vientre es la vida en los harenes del sultán, provocando en muchas ocasiones estar preso del amor y de la obsesión. La danza del vientre es en ciertos momentos travestismo, es castigo moral de la infidelidad y del adulterio, es espionaje y, al mismo, tiempo es la libertad de la mujer en la belleza y en los movimientos, es el cabello movido por la brisa, es la sacudida de la cadera sensual. La danza del vientre es la Alhambra y el Generalife de Granada, es la compraventa en los mercados, es moneda de oro, es la verdadera mujer para los señores del mundo.
Dicen que en el amor y la guerra vale todo. Y la vida ahí toma tal dimensión de importancia como el agua en el desierto. Con el criterio de este desafió habrá mucho para aprender de las analogías que podamos establecer entre lo sucedido y nuestra propia vida. En el desierto la vida se mueve como los espejismos y como la danza del vientre, por eso el agua y la mujer están vivas porque se mueven y danzan, cada una en su sitio, guardando su belleza y su sensualidad, sin sometimiento. Es, sin duda, una experiencia inolvidable, el agua y la mujer te mantienen vivo en el séptimo cielo.

EL HUESO DE LA ACEITUNA.

La historia se repite, como tantos días, en el puerto marítimo de Tánger. Es la siniestra historia de un menor marroquí, uno de tantos cientos, recién repatriado por las autoridades españolas. Fue localizado, en el mismísimo muelle, oculto en los bajos de un tráiler. El camionero, en un estado de histeria, gritaba con los brazos en alto llamando la atención de todo el mundo: ¡Que me vas a arruinar, hijo de puta! El adolescente ha sido pillado infraganti, le han frustrado otra oportunidad de largarse. Lo sacan a rastras, pateado e insultado y, además, recibe por parte de la policía otra paliza de muerte. Justamente, después, se prepararan para leerles sus derechos. Uno de los policías se lo comunica con unas incomprensibles palabras, que seguro le sonarán a chino, haciendo referencia al cumplimiento de un memorando hispano-marroquí por el cual los menores expulsados, o repatriados, por el gobierno español a Marruecos deben ser devueltos a sus familias.
La detención dura pocas horas, pero la criatura sobrevivirá a duras penas para intentar cruzar de nuevo, irregularmente, el Estrecho. Una situación que discrepa radicalmente con el acuerdo pretendido. Vuelve a deambular por las calles soñando con la tierra prometida, mientras retorna a esnifar pegamento. ¿Quién se atreve a disuadir a este muchacho para que no alcance el sueño dorado? En Marruecos, los programas de reinserción no están acabados debidamente. El chaval no tiene cabida ni futuro en la sociedad marroquí. Le importa un bledo el infierno de la travesía, las autoridades españolas, los malos tratos,… y la policía marroquí. Le da igual todo, en definitiva, sólo quiere cruzar el charco.
Tánger, es actualmente un hervidero de adolescentes venidos de todas partes del territorio marroquí. La ciudad ofrece un horizonte desolador. Este niño de la calle, como cualquier otro, es sinónimo de sobrevivir de la caridad, de mendigar, de practicar la prostitución y de recurrir al escamoteo, jugando al escondite con la policía marroquí. Pero, siempre a punto para huir hacia el paraíso. El memorando se lo pasa por el forro. Durante todo este calvario no deja de soñar despierto al sol, con el agua salada y con el olor a petróleo de las navieras. Su aspecto y su rostro aparecen pintados de negro carbón grasiento, con color a sucio del asfalto. Pasa las noches sobre cartones, pero siempre con la esperanza de conseguir un pedazo de pan. Y así, lentamente pero sin pausa, van pasando las horas y los días. La fortuna es escasa, su rostro parece diabólico, lleno de dolor y amargura, un rostro de fracasado. Sólo cuando uno lo mira fijamente a los ojos, se da cuenta de que es solo un niño, inocente, abandonado y huérfano. Sus ojos expresan la esperanza, la astucia y unas inmensas ganas de vivir.
El castigo es terrible y aterrador para “El Harrague”, nombre marroquí que se da a los que intentan cruzar el estrecho ilegalmente. Se parece físicamente a otros, parece estar hecho bajo el mismo corte, casi con la misma edad como los demás y con objetivos semejantes. Forma una familia con el resto de los niños de las calles, comparte con ellos techo y miserias, pero siempre en alerta para su gran viaje. Los sueños codiciados le permiten estar mucho tiempo en silencio y pasar las noches en blanco. Esta soledad asesina le perturba y le desequilibra y, a veces, llora lagrimas de recuerdos de su infancia, del amor de su madre, de las comidas caseras, de los aromas de las frutas y de las canciones de las bodas.
Quiero que este relato llegue lo más lejos posible, que llegue al corazón de las madres y de los padres, que llegue a mover sus conciencias, que llegue a lo más lejos en el cielo, y haga mover los cimientos de la tierra. Quiero que se muevan los pilares y los fundamentos de la infancia, de la dignidad, de la responsabilidad y de la solidaridad. ¿Dónde están los derechos de los menores? ¿Dónde está el valor humano? ¿Dónde está, la UNESCO?

jueves, 8 de mayo de 2008

TÁNGER, EL EXODO RURAL TEJIENDO EL MAÑANA.

Montañas/Un dibujo Leila y Nora.
En los últimos 20 años, la ciudad de Tánger se ha ido convirtiendo, sin prisa pero sin pausa, en un foco de llamamiento a las poblaciones rurales de casi todo Marruecos debido a la implantación y desarrollo de diversas industrias. Ello ha conducido a Tánger a un ritmo explosivo e imparable de crecimiento demográfico, contando en la actualidad con una población que superara el millón y medio de habitantes.
Este éxodo rural ha provocado la aparición de suburbios periféricos, llamados también “Barrios dormitorios”, donde afloran aspectos ya conocidos en otras ciudades de todo el mundo, especialmente en América latina y en Asia oriental, como: la exclusión social, la elevada densidad poblacional, la altísima tasa de parados, la falta de servicios sociales, la violencia y la ausencia de seguridad, la expansión del consumo de drogas, la falta de espacios públicos y de ocio,…
Actualmente, en estos nuevos barrios tangerinos, se vive una delicada situación para la infancia de multitud de niños y niñas, muy vulnerables por este tipo de vida. Se destaca especialmente la insuficiencia de recursos educativos y el consiguiente abandono escolar. Las familias se vuelven, de repente, numerosas y desestructuradas ante la acuciante pobreza y la ausencia de recursos económicos, que en muchos casos llegan a ser ridículos. Los niños aparecen deportados, y con voluntad de inmigrar de nuevo ilegalmente. La asistencia sanitaria es escasa. Falta apoyo para la integración social. El meteórico desarrollo, esta claro y patente, no ha beneficiado a todas las capas de la sociedad por igual. Todo eso y mucho mas es consecuencia del éxodo rural masivo donde, por desgracia y por mantener funcionando a cientos de fabricas europeas de textil cercanas a sus chabolas, los “Niños de las Calles” se enfrentan muchas veces a lo peor de la sociedad: a la injusticia, al aislamiento y a la precariedad social. Están tejiendo un tenebroso y oscuro mañana. Intolerable.
En el año 2005 se lanzó una iniciativa nacional para el desarrollo humano (INDH) por parte del gobierno marroquí, como plan de choque y con un objetivo a largo plazo: reducir la precariedad y la exclusión social. A raíz de un estudio gubernamental, los barrios periféricos de Tánger que cuentan con una excesiva tasa de pobreza y de vulnerabilidad han sido identificados como prioritarios por el (INDH).
En este preciso momento me viene a la mente la carambolesca historia de ¿Quién vino primero al mundo?, la gallina o el huevo. La inversión extranjera es importante y necesaria, pero la intervención de los políticos es obligatoria. Y yo me pregunto: ¿Qué decisiones debemos tomar, nosotros, el resto del mundo, los comerciantes consumidores, los periodistas, los escritores, los que tienen la pasta, etc.? ¿Qué actuaciones nos comprometemos a ejecutar? ¿Qué políticas nos obligamos a copiar?... Yo, humildemente, apuesto por aplicar fundamentalmente métodos para fomentar especialmente para la infancia como: la educación, la información, la formación, la sanidad, el deporte, el juego lúdico y el ocio. Hay que considerar la practica de los derechos y los deberes, promover la paz, el desarrollo y la cohesión social desde la base. Eso ayudaría a la igualdad de género respetando las posibilidades de actuar de niñas y mujeres, en función de sus edades y sus necesidades.
Tenemos que comprometernos para garantizar y sostener estos propósitos a través de profesionales, de centros solidarios, de proyectos programados, de actividades educativas, de planes de integración y, sobre todo, respetar la dignidad humana, luchando contra la droga y la gangrena de la corrupción. Estoy seguro de que así podemos andar tejiendo un mañana próspero y solidario.

¡HAY CRISTIANOS EN LA COSTA!

Segunda vivienda en Marruecos.Desde los 90, y hasta el día de hoy, cientos de promotoras españolas, sin cesar, no han dejado de desembarcar en el reino de Marruecos. Lo han hecho de forma masiva en el litoral costero del norte de Marruecos con el único objetivo de invertir en sus tierras y construir viviendas, si bien eso a nadie deja indiferente. Este mercado inmobiliario despierta cierta desconfianza y recelo por parte de unos, mientras que para otros es un gran negocio. Este boom de la perspicacia de empresas españolas, con las presiones de los lobbies y financieros franceses y con las tensiones recientes políticas entre España y Marruecos, no han logrado retraer estas inversiones.


Todo apuntaba a que el avance económico, la situación política progresiva, la evolución y el desarrollo de Marruecos y el crecimiento demográfico fomentarían la promoción de viviendas y captarían tanto el turismo local como el internacional. Señores, la partida, por tanto, estaba servida. Un huracán inmobiliario como el que devastó las playas españolas en los años setenta y lo sigue haciendo en estos últimos años, se propone extender en este país para azotar con la misma fuerza demoledora los litorales marroquíes. Han dado en la diana y están explotando sus costas vírgenes, para unos con el beneplácito hospitalario de intereses económicos, disfrazados bajo la creación de mano de obra que mejorará el estado de bienestar del pueblo magrebí, el fomento de la cultura, del ocio y la movilidad de capitales escalofriantes, mientras que para otros únicamente supone una ejecución apoteósica con la fundada esperanza de forrarse sin escrúpulo alguno.

Sin lugar a duda “El Dios Cemento”, llamado también “El Rey Pulpo”, en pocos años, ha comenzado a cambiar muchos alrededores de varias capitales costeras. Se trata indiscutiblemente de un atropello arbitrario consumado. Me pregunto: ¿Qué razones empujan los europeos a construir o adquirir una vivienda en las playas marroquíes? Quizás sea para el placer fácil, quizás para la tranquilidad, quizás para la buena vida y el buen comer, quizás para escapar del chasquillo y de la rutina de la vida cotidiana europea, quizás para deshacerse de los dineros injustificados, o quizás por la continuidad de la cultura de adquisición de una segunda vivienda.

No tiene por qué haber otras razones; sin embargo se me ocurren otras dos más: la primera sería que la propaganda inmobiliaria del “Dios Cemento” puede con todo y seduce a unos infelices incautos europeos incitándolos, como crédulas criaturas, a arriesgar sus euros ahorrados invirtiéndolos en un apartamento, en el quinto carajo, que en su país les costaría el doble; y la segunda sería que las citadas promotoras inmobiliarias, con un marcado carácter sangriento, programan la vuelta a casa, en una vivienda propia, a más de dos millones de ansiosos marroquíes emigrantes en Europa. Yo creo que todo es una propaganda, sin escrúpulos, de los devastadores mafiosos de las costas.

Marruecos es un país maravilloso para visitarlo, un país con unas perspectivas turísticas atrayentes, con unos paisajes, con unos parajes y unas costas exuberantes. La movilización ciudadana, para salvar el casi seguro desastre natural y ecológico, es nula. No existe la disciplina profesional para mantener la dehesa de la violenta degradación ambiental y para frenar las previstas macro-urbanizaciones amuralladas. No existen foros profesionales de actuación, y tampoco existe el respeto por los parques naturales, por el entorno y por los espacios públicos.

Ante este problema de la emergente generalización de la construcción masiva, no voy a abordar ni el escaso poder adquisitivo del pueblo marroquí, ni las precarias condiciones bancarias de los créditos y de las hipotecas en Marruecos, ni las últimas subidas de los precios de los productos de primera necesidad, ni el estado actual del sistema sanitario, ni la tasa de alfabetismo, ni la educación y la enseñanza, ni la tasa de paro, ni la inmigración, ni la situación agrícola, ni los bajos sueldos... solo me centraré, e insisto, en la creación de una sensibilidad social para potenciar la honestidad y la integridad de políticos, inversores, arquitectos, ingenieros, geógrafos, agrónomos, biólogos... Hay que editar publicaciones informativas, hay que sensibilizar a las personas en la relación armónica que debe existir entre el mar y la tierra, hay que aprender de otros proyectos y actuaciones nacionales e internacionales de construcción de paseos marítimos, y de puertos con frentes marítimos, donde el agua, las rocas y el paseo junto al mar parecen conjugarse sin transiciones ni barreras, sino de manera totalmente natural.

Hay que impedir la aberración que destroza no sólo los paisajes, sino también la memoria y la historia colectiva del entorno natural. Marruecos constituye una “gran oportunidad como mercado” para todo tipo de empresas, y es un territorio “estratégico” para la ubicación de industrias europeas. Ciertamente hay proyectos que cautivan a inversores extranjeros. El norte de Marruecos, y concretamente Tánger, ofrece oportunidades logísticas e industriales significativas para España (segundo inversor en Marruecos después de Francia).

Actualmente, es una de las regiones prioritarias en el desarrollo de Marruecos, después de haber sufrido 30 años de una política de distanciamiento y abandono. Recientemente, en España, se han vivido multitud de episodios delictivos bochornosos en Marbella, Mallorca, Valenciana, Tenerife... etc., fruto de unas nefastas gestiones bañadas con delitos urbanísticos, ecológicos, fiscales, corrupción y algunos hasta penales. Afrontar el huracán inmobiliario en tierra magrebí será una tarea de futuro, y será larga, pero fructífera si se lleva a cabo con rigor y voluntad de cambio. En este caso bienvenido a los cristianos. Cojan asiento pues la partida ya esta servida.

“Otros Rostros” viaja a México

En relación con mi última exposición titulada “Otros Rostros”, mi amigo Mehdi Mesmoudi se atrevió en incluir mis obras en un artículo dentro...