miércoles, 15 de abril de 2009

HACHÍS, UN PRODUCTO CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN.

"¡Hola amego!" "Qué, ¿sbaniol?" "¿Quiere Chocolate?" Esto es el punto de partida de este verdadero relato:

Hablar de ciertas cosas resucita el último y único background romántico que conoció Tánger. Todo un cúmulo de extravagancias terminaron siendo arrojadas por la borda por los mismísimos hijos de la ciudad. Aquel inolvidable glamour, que me cuesta trabajo recalcarlo otra vez, se fue para siempre. Hoy, la sensación es otra pero, hay que reconocerlo, desde el mar la ciudad se ve bastante bien. Recorrer las laberínticas calles y pasadizos de su medina nos hace creer que estamos dentro de una aventura, y que esta sensación de Tánger se va revelando, de repente, hacia lo que es realmente una ciudad curiosa y pintoresca. Si bien, enseguida, uno se da cuenta de que las cosas son bastante diferentes a como se las había imaginado. Tánger, actualmente para mí, sólo me sirve para evocar un torbellino de tristes recuerdos. No se trata de ocultarse de uno mismo, ni tampoco de nadie. A veces, tengo la impresión, muchas veces la certeza, de que he nacido para acostumbrarme, o mejor dicho para condenarme, a pasar mi vida criticando, aunque sea por pura inercia.

Hablar de ciertas cosas hace revivir en mi retina el sentimiento de un mal día, cuando uno se encuentra atizándose un "canuto", a sabiendas de que le puede costar un disgusto, siendo más que probable que dé con sus huesos en la mazmorra, lugar nada recomendable en ninguna parte del mundo, pero mucho menos en su pueblo. Moraleja: si a uno le gustan los "porros" más vale que se los fumes en su casa, bien ocultito, además tendrá la oportunidad de viajar gratis, sin coste ninguno, sin moverse de su refugio y ligerito de equipaje, sin olvidar que, al mismo tiempo, algunos problemillas que uno lleve encima se olvidarán, eso sí sólo momentáneamente. Hay gente buena y mala en cualquier lugar, también en Tánger. El reto es comprender cómo tantos, a lo largo y ancho de esta tierra, pueden parecer ambas cosas a la vez.

Hablar de ciertas cosas me hace pensar, otra vez, de nuevo, en el “Chocolate”, una de las múltiples denominaciones que recibe el hachís. Un producto que se ofrece con naturalidad en las calles, zocos, autobuses, cafetines, etc., Es la canción de toda la vida. Hace tiempo que el hachís representa uno de los productos nacionales más conocidos, el más exportado y el más laureado por todo el planeta, entendido del tema. Eso se debe a la buena eficacia y a su implacable red de distribución, tanto comercial como industrial. Y todo bajo una mirada silenciosa del resto de los protagonistas, se trata de una “mandanga” y “pocavergüenza”, sin ánimo de insultar. Es una expresión cuasi cariñosa, por decirlo de algún modo. La manipulación del producto alucinógeno se queda lejos de nuestra vista, pero sus dueños y su consumo se pasean, a sus anchas, entre nosotros sin complejos ni perjuicios. Muchos inocentes han caído en la trampa avasalladora, y muchas veces cruel, a causa de la oferta del Chocolate a la que uno está expuesto desde demasiado cerca. Y otros pobrecitos, que se atreven con las aventurillas, terminan como el expreso de medianoche.

Estoy hablando de uno de los principales productos típicos del lugar, el que más salida tiene y el que tiene una magnífica reputación entre los extranjeros. España, es el puente, es el enlace, es el verdadero aliado por ser el país más cercano y desde él al resto de Europa. Su exportación se realiza de forma cotidiana por múltiples, y cada vez más rebuscadas y sofisticadas, vías de distribución. De hecho, son muchos los viajeros que hacen la consecuente escala en Tánger para probarlo, ¡qué mejor que hacerlo sobre el propio terreno! Algunos comentan por ahí que el hachís de Tánger es el mejor y el más puro de todo Marruecos. Este “chocolate” no está elaborado a partir del cacao, ¡no!, sino a partir de la resina de la planta del cánnabis, también llamada planta del Kif, una planta aromática. Se puede presentar como polvo fino de color café obscuro o comprimido en pastillas, o tabletas, de color pardo oscuro, que generalmente se envuelven en papel de estaño o aluminio. El hachís puede, de hecho así es, presentar varias tonalidades, formas y concentraciones. Las plantaciones de hachís más famosas se encuentran en el Rif, al norte de Marruecos, y esto lo sabe todo el mundo.

Pero yo quería hablar de la paradójica práctica, la que no todos saben, de que a pesar de que en Marruecos se fuma abiertamente, inexplicablemente, no está permitido el consumo de drogas, ni para los nativos ni para los extranjeros. Me sorprendo al ver las caras de espanto que ponen más de uno cuando conocen la noticia. El hachís está considerado como el rey de la exportación y la reina de las delicias de los mil y un aficionados. De todas maneras, entre la producción, prohibición y tolerancia está lo siniestro: la pérdida de los derechos, los delitos vulgares y no vulgares, las muertes, las pérdidas de las libertades, las religiones calladas, los auténticos padrinos, los sobornos, los camellos, las conciencias responsables, la ignorancia, las pateras cargadas de seres humanos y droga, la hipocresía y, sobre todo mucha pasta. En fin, en una palabra, estoy hablando de tristes vidas humanas.

He llegado a la conclusión de que todo eso es una burla de nuestro sistema, es el riesgo de nuestra frustración, es el manifiesto de nuestra sensibilidad y la crueldad de los mercaderes. La batalla para frustrar esta pesadilla, y garantizar el futuro de nuestros hijos, está en los valores de la educación. De esto hablaré en otra ocasión, tiempo hay para ello. Hoy, la sensación es otra pero, hay que reconocerlo, desde el mar la ciudad de Tánger se ve bastante bien.

1 comentario:

  1. Mi estimado amigo, cuanta razón tiene en su comentario. Yo he visto esto en las calles, incluso a mi me han ofrecido, no solo consumir - que no consumo, porque ni fumo - sino hasta traerlo oculto a España.

    No obstante tengo que decir, que la "culpa" de esto, no es sino de las autoridades marroquies, que hacen la vista gorda y no cortan porque, por desgracia, y como usted bien dice, aqui estamos hablando de mucho dinero.

    Igual que hay paises que producen marmol, aceite, frutas, o lo que sea, Marruecos tiene la suerte o desgracia de tener una producción de Hachis magnifica, y claro eso no es facil cortarlo.

    Un abrazo desde Córdoba, y gracias por sus crónicas que sigo habitualmente.

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