miércoles, 1 de abril de 2009

LOS PRESERVATIVOS.

Tiempos de amor fácil y mecánico, besos efímeros, cariños precarios. Las calles se atestan de críos y crías que practican el amor libre. Se trata de unos malabaristas de la reproducción. No se trata de amigos y enemigos, están todos en el mismo saco, no hay piedad. Las mesas vacías y las camas calientes. Me pregunto si este placer es consecuencia de la felicidad o es fruto de la casualidad natural humana. A mí, cada vez más, me deja perplejo la inocencia de esta gente. Seguro que es otra forma de amar al prójimo. Estoy seguro de que los sentimientos no están ocultos, ni reprimidos, incluso parece que los resultados de fecundidad son notorios, y a la vez inquietantes, consecuencia lógica de este sexo sin medida.

Tenemos que meditar, no rezar, y no hacerle caso a los iluminados de Dios que van predicando, y pregonando, por ahí la bíblica frase de “hacer el amor y multiplicaos”. Tenemos que hacer un examen de conciencia y vacunarnos, con la justa dosis, para proteger nuestra evolución. El objetivo no conlleva odiarse o dejarse odiar, ni nos va a hacer sentir más felices; sin embargo el resto de soluciones tampoco. ¿Soluciones?, las que ofrecen, por ejemplo, unos altos mandatarios venidos de la gran cúpula celestial basándose en fomentar el sexo, sin medida anticonceptiva alguna, entre las indefensas criaturas africanas. Pienso que lo hacen basándose en el mero hecho de consolidar el concepto de la familia católica, apostólica y romana. Una labor exactamente enfocada a llevar los hijos de Dios a los jardines paradisíacos… Declaraciones inapropiadas, preguntas que se asemejan a un misterio intocable. Sólo caben las respuestas escritas con la autoritaria pluma de los jerarcas cristianos, los más cercanos al cielo. Las dictan cuando están protegidos y sólo las hacen en presencia de guardaespaldas. Se repite la misma pregunta sobre la misma postura eclesiástica, que parece, no digo que lo sea, eternal, clásica y tajante. Y otra vez preguntan por su ineficacia y su inutilidad, y otra vez no se trata de otra cosa que de la misma brutal e irrealista respuesta. La única explicación que se me ocurre es pensar en su alto desconocimiento del tema, puesto que ellos no han vivido en sus propias carnes la experiencia de parir y criar.

Para atajar el problema hay que reaccionar actuando con contundencia. Los países pobres se están desbordando. La difusión y la distribución de los preservativos y de los profilácticos constituyen, actualmente, el mejor y más efectivo camino para una mínima supervivencia. Las demagogias hay que comérselas con papas, pues estamos hablando de vidas y de muertes humanas. ¡Nada más y nada menos! Estamos hablando de un crecimiento incontrolado de seres sin protección familiar, ni social, ni educacional. Estos amos de nuestras almas, que nos bombardean como si fueran “papa-consejos”, deben estar acordes con la dignidad de las personas, con el lugar donde viven y con las situaciones sociales que atraviesan. Estamos en una situación de riesgo, de alerta, de desorden, de guerras civiles, de piratería, de inmigración, de globalización, de prostitución, de adulterios…mientras unos señores, muy bien pagados, van predicando que el uso del preservativo es un crimen y un pecado mortal. Se repite, otra vez, la misma estúpida respuesta: ¡no la trago! El problema es agresivo y contagioso y, lo peor de todo, está ante nuestras propias narices. Los habitantes de los países africanos, donde últimamente se ha predicado la abstinencia en el uso del preservativo, sufren auténticas desgracias: pobreza crónica, hambre, analfabetismo, enfermedades, esperanza de vida la mas baja del mundo, mortalidad infantil altísima, … pero eso no importa y, tan panchos, ofrecen una asistencia espiritual, una reflexión celestial, un sexo sin protección, y todo brindando en honor de aquellos que cruzan los mares, en pateras o en cayucos, jugándose la vida, de aquellos niños y adolescentes que deambulan por las calles esnifando drogas sintéticas, de aquellos que saltan, en avalanchas humanas descontroladas, las vallas fronterizas para alcanzar el sueño dorado, de aquellas mujeres viudas que han parido hasta la menopausia, de aquellos hijos huérfanos abandonados de su dios, de aquellas prostitutas, menores de edad, violadas sistemáticamente, de aquellas guerras étnicas, cuerpo a cuerpo, que usan como armamento hachas y sables, de aquellas deudas tramposas, de aquellas personas privadas de libertad y de los mínimos derechos humanos…En fin de todos aquellos africanos que viven como en un mundo de esclavos.

En vez de mandar al mensajero de Dios hay que mandar “condones”, si señores “condones” y, a ser posible, de todos los colores y sabores. Los preservativos son un complemento necesario y preventivo que ayudará, a estos pobres miserables, a eliminar sus cotidianos y tristes duelos, y propiciarán, al mismo tiempo, la práctica del amor y el sexo sin consecuencias negativas y mortales.

“Los 16.000 atletas que vivieron en la Villa Olímpica durante los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 utilizaron, y se llevaron, los más de 80.000 preservativos que los organizadores dejaron en los apartamentos para concienciarlos sobre el sexo seguro. ¡Asombrosamente! No se produjo ningún comunicado del gobierno Vaticano”.


Ésta es la increíble Basílica de Nuestra Señora de la Paz, construida por Houphouët-Boigny para recompensar a Yamoussoukro por ser el lugar de nacimiento del "Padre de la Nación". Es una replica de la Basílica de San Pedro en el Vaticano y fue construida en tres años con un costo “despilfarrado” de más de 300 millones de dólares provenientes del fondo del estado. Se trata de una de las mayores iglesias católicas del mundo. El Papa Juan Pablo II la consagró en el año 1990. El Vaticano, creó una fundación internacional para afrontar los dos millones de euros anuales que suman los gastos de mantenimiento de esa enorme, bajo mi punto de vista, blasfemia arquitectónica.

1 comentario:

  1. Total y absolutamente de acuerdo con este artículo. Me parece una irresponsabilidad, pregonar que no se use el preservativo.

    De la Iglesia, a mi no me extraña nada, son, ahora y siempre, unos creadores de sufrimiento e infelicidad.

    Gracias por este blog y por este comentario tan acertado.

    Saludos desde Córdoba.

    José.

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