domingo, 24 de mayo de 2009

Sin “Pudor”

El pudor es un concepto cuya definición se ha transmutado en ambigüedad, complejidad e incluso está al borde de la desaparición. Pero, ¿por qué, escribir sobre el “Pudor”? ¿Qué fue lo que me inspiró?

Fue la indiferencia y la inocencia de una intensa mirada hacia la maldita pantalla, a las nueve y media de la noche, viendo “El Hormiguero”, en la que se proyectaban imágenes de cuerpos entrelazados que rozaban el porno. Se trataba de un juego de adivinar que hacían los protagonistas, en pelotas, rodando en una cama. Yo me quedé estupefacto y sin habla preguntándome: ¿cómo es posible la emisión de estas imágenes cuando millones de niños están cenando y preparándose para ir a la cama? Mis dos hijas estaban, sin percatarse, absorbidas y manipuladas. Sólo la mayor, de 10 años, pudo distinguir y gritar “veo un culo”, sin recibir a cambio ningún premio, por supuesto. Culo se ha convertido en una palabra corriente y familiar, hasta el punto de ser utilizada, lamentablemente, con mucha naturalidad. Entonces, de repente, fue cuando me vino a la cabeza la palabra “Pudor” y me quede precisamente reflexionando sobre su concepto.


Al día siguiente, sin intentar ofender, pregunté a las personas de mi entorno el significado de la palabra pudor. Nadie sabía expresar con claridad el concepto, lo definieron de formas distintas: vergüenza, timidez, respeto, intimidad…Me llamó la atención el comportamiento, y tuve la sensación de que la indeterminación y la imprecisión del significado del concepto les produjo un efecto evasivo, ante la dificultad de encontrar el vocablo exacto para articular una respuesta concreta. Incluso alguien me contestó que era cosa del siglo pasado. Comprobé, con absoluta nitidez, cómo se producen circunstancias embarazosas cuando a uno le faltan palabras para expresase con claridad. Tal vez sea parte de la formación del día a día, tal vez nunca lo utilizaron en su lenguaje cotidiano o tal vez es una palabra que ya esta en vías de extinción.

El pudor, pienso, no es inhibirse, ni privarse o sentir molestias, ni sentirse presionado o incomodo, ni sentir pena, ni invadir la privacidad de otro. Me cuesta trabajo identificar o encajar lo vulnerables y lo débiles que son los niños y, sin embargo, e inexplicablemente, hoy en día se han vuelto mas fuertes que los propios adultos. Lo encajan todo con suma naturalidad porque lo han estudiado en ética. Pero, ¿dónde está el límite entre el bien y el mal.

El pudor son valores, son normas individuales, pero también colectivas, de comportamiento y conducta. El pudor es un desafío a la propia consistencia de nuestros estados emocionales, éticos y morales. Lamentablemente, en la actualidad, en los barrios ya sean de clase alta, de clase media o populares, da igual que sean laicos, ateos o religiosos, todo está permitido entre sus moradores, nadie se arropa, nada es relevante salvo el que más manda. Al menos así lo cree toda la gente. La sociedad ya no es patriarcal, sólo se conforma con la existencia de la figura del macho y del amo absoluto. Las personas se han vuelto adiestradas por otros factores ocultos: políticos, económicos y audiovisuales; hasta tal punto que se revelan, sin motivos, y rechazan someterse a lo arbitrario, dentro de la familia, en la calle, en los centros de enseñanza,...etc. El daño ya está causado, tanto a nivel individual como colectivo. La mayoría de los afectados han perdido la confianza en si mismos, se han vuelto frágiles y desconfiados. Se ha perdido el saber estar, el respeto y se ha cambiado por el fracaso y el miedo a actuar.

El pudor, hasta hace poco, ha estado ligado a la “vergüenza” y al respeto, actos cuyo contenido y concepción, en la actualidad, son difíciles de delimitar. El pudor no debe transmitir culpabilidades, debe representar un código moral del deber y del derecho. Los padres, los educadores, los intermediarios culturales,...debemos proveer a nuestros hijos de un vehículo de valores, en cuerpo y palabra, sin transgredir la barrera de la indisciplina, de la libertad del prójimo, de las expresiones inadecuadas, de la imposición, de las amenazas y de la incomprensión. Los individuos deben ser dueños de si mismos, con personalidad y sin perjuicios. La modernización y el desarrollo no deben ser un obstáculo, o un pretexto, para saltarse los buenos modales y olvidarse de la enseñanza, hacia la apertura, sin tabúes, a otros modelos de vidas y culturas.
El pudor debe ser una virtud de la dignidad, una prueba de amor y de respeto. El pudor debe ser una cultura de comportamiento sin restricciones, sin tribus, sin abusos. El pudor debe ser fundado, esencialmente, sobre la arbitrariedad, la igualdad, la voluntad, la razón, la lógica y la justicia. Y no solamente sobre el antojo y el capricho disparado de uno. El pudor debe ser fruto de la educación, de la libertad, de las tradiciones y de cualquier creencia ejercida. El pudor debe ser constructivo y respetuoso. Finalmente, concluyo diciendo que el pudor no debe desaparecer, nuestras almas lo necesitan. La brecha, lamentablemente, ya está abierta.

Me parece que todos los esfuerzos son pocos a la hora de concienciar, y concienciarnos, de la necesidad de cuidar nuestro pudor. De manera que soy partidario de que, cuando antes mejor, pongamos esta necesidad en nuestros hijos o nuestros alumnos que, en un abrir y cerrar de ojos, se convertirán en nuestros futuros herederos y maestros. Es indignante sufrir los inconvenientes de la falta de respeto, no todos tenemos 20 años. Y, por favor, debemos buscar un equilibrio, sin que por ello tengamos que volver al pasado. Al fin y al cabo, ¿por qué no empezar por la caja tonta? Le hace falta un buen repaso y un severo castigo a su absoluta falta de pudor.

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