sábado, 3 de octubre de 2009

Una mutación lingüística y una muerte anunciada.

Yo preferí quedarme a tomar un té en el Café de Paris, ubicado en frente del consulado de Francia, exactamente en la antigua Place de France, en el viejo Boulevard Pasteur, mientras los demás daban un paseo, a pie, hasta la Estrella y vuelta. Me propuse sentarme para hacer lo mismo como la demás clientes: ver pasar a otra gente y a ríos de viandantes de todos los sectores y clases sociales de la ciudad.

Así que intenté sacar toda mi curiosidad intentando tomarles el pulso a los paseantes, y ninguno aparentaba pinta de cansado. Tan singular y curioso espectáculo es completamente gratuito y, además, nada es falso. No parecen libres, pienso que son víctimas del asfalto, forman parte del ejército esclavo de los paseos incesantes que no llevan a ningún lugar: andan por andar, no tiene rumbo fijo. Los recorridos cada vez se alargan mas y algún día, estoy convencido, alcanzarán grandes distancias hasta salir de la urbe, probablemente llegarán a rebasar la autovía del Mediterráneo. Se refugian en el suelo, fingiendo con murmullos y cotilleos que todo va sobre ruedas. A veces se les pueden ver cogidos de la mano o entrelazando los dedos, algo normal en Tánger. Un paseo debería ser un trayecto con posibilidades de escape y con atajos para que uno deje de estar involucrado en el bullicio, y no debe limitarse, exclusivamente, a meras caminatas sin sentido.

Boulevard Pasteur 1950.

Hace tiempo que la ciudad de Tánger ha pasado pagina de aquellos escasos y largos años de exquisitez y elegancia. Aquellos años de esplendor fueron sustituidos por otros de oscurantismo y abandono. Fue un castigo vengativo y sin piedad. Durante años el futuro de Tánger pesaba como una losa. Más de la mitad de los tangerinos permanecieron dormidos, drogados, parados y callados. Hoy resurge una luz de esperanza y la ciudad está inmersa en un proceso de crecimiento endiablado, fruto de los nuevos planes que acabarán con años de sorprendente oscurantismo. El Boulevard Pasteur se construyó en la época dorada, allá por los años 30, como una calle comercial y de encuentro de la ciudad moderna. Lamentablemente, y casi sin darnos cuenta, se convirtió, poco a poco, en un lugar de chismorreo, de idas y venidas, de vueltas y revueltas esperando ver a la chica pretendida, de cruces de miradas intrigantes o maliciosas, de miradas descorazonadoras, de miradas de indiferencia simuladas, de miradas de complicidad, de miradas burlonas, de miradas y más miradas,…

Y así, sin más, nuestro Boulevard Pasteur ha sufrido una metamorfosis anunciada, triste y profunda fruto de la dejadez e impotencia, reencarnándose en simplemente ”Bolevar”, como se denomina popularmente hoy día. Ha sido una mutación lingüística, una pronunciación derivada de un defecto dialectal y de un argot mal hablado, consecuencia de la maldita secuela colonial. Ahí, todas las tardes se aglomera mogollón de gente, como hemos mencionado anteriormente a pasear, yendo y viniendo sin meta ninguna. Este “Bolevar” debe tener la fuerza de imán gigante que atrae a los tangerinos, convirtiéndose a diario en uno de los puntos clave de la confluencia humana en esta laberíntica ciudad. Se llega a él desde cualquier rincón.

Hoy todo ha cambiado y el Boulevard Pasteur ha dejado de ser, desde hace tiempo, lo que era y ha perdido su esplendor. ¡Qué pena! El dolor de mis recuerdos me impide pasear, distante más y más en el tiempo y sin conocer a nadie, deambulando entre el bullicio sin sentido, y me niego a formar parte de este circo diario, no quiero ser uno más y que mi cuerpo camine errante, así porque sí. ¡No!, me niego rotundamente. La verdad es que esta zona de la ciudad todavía conserva algo de la elegancia y ciertos rasgos del glamour que hicieron famoso a aquel Tánger. La arquitectura de sus edificios sigue teniendo tintes occidentales.

El Boulevard Pasteur siempre se ha perfilado como la arteria principal de la ciudad moderna, desde él se accedía a todas aquellas calles de nombres inolvidables: Estatutos, Fez, Bélgica, Murillo, Viñas, Velazquez, De la Croix, Goya, etc.…. Y allí se ubicaban los más famosos establecimientos: Almacenes Kent, Galerías Preciados, Casa Ros, Cafetería Savoy, Salón de Té Madame Porte, Cafetería Paname, Brasserie, Tagore, Esquina, Zagora, Joyería Orly, Algemene Bank Netherland… Afortunadamente el Boulevard Pasteur, al día de hoy, sigue conservando, en cierta medida, visible para el nostálgico que la quiera ver, el sabor y la huella de su pasado.

1 comentario:

  1. Soy otro enamorado de Tanger, un turista perplejo ante una cultura por conocer,que agradece su blog como fuente de noticias y contacto.
    Le escribo para dar testimonio del eco de su voz, de que la música de Tanger que usted compone deleita los oidos de un, supongo, amplio coro complacido aunque tambien silencioso.
    Ademas de perplejo somos un turista desinformado que vemos la ciudad con ojos de hoy.Contemplamos
    su pasado en decadencia, un Tanger Internacional que se debate entre el abandono de sus fachadas de buen estilo y el interior confortable de sus Cafés de siempre.
    Recibimos,tambien de ella, con ingenuidad y expectación,todo lo que de cultura Árabe autoctona aun conserva la ciudad, esas "rarezas" salvadas de las aguas de la globalización,por cuyo contacto y conocimiento queda justificado todo viaje.
    Admitimos que nos asusta su crecimiento desaforado, ese Tanger que crece y crece con larguísimos boulebares que desembocan en tierra de nadie, donde campan las altas gruas y los ladrillos se encaraman uno sobre otro componiendo "modelnos" edificios expeculativos en espera de ignotos moradores.
    Acudimos periodicamente a Tanger en fines de semana, el encanto de la Ciudad hace que la corta estancia se dilate al contemplar,vivir y saborear sus mil y una maravillas.
    Entre visita y visita su blog nos mantiene en sintonía con Ella.
    Por todo les damos las gracias.

    ResponderEliminar

Le agradecemos de antemano su aportación.