sábado, 28 de marzo de 2009

UNA MULTA INJUSTA..

Dicen que la inteligencia del ser humano es la capacidad que tiene para adaptarse a la realidad, ya sea a su propia realidad o a la realidad de los demás. Pregunto yo, ¿la picaresca también? Me puse a mirar al mar, era por la tarde, mientras viajaba en el barco que hacía el trayecto desde Tánger a Algeciras: ¡Una obra de arte!, ¡Qué horizonte tan majestuoso! Había delfines saltando y bailando en aquel mar en calma, ¡qué maravilla! Aquella tranquilidad me ayudó a reflexionar con cierta nostalgia, porque siempre que me alejo de mi ciudad natal tengo la sensación estar dejando parte de mi pasado allí.

Todos sabemos que son tiempos difíciles. A nadie le gusta estar en el pellejo de otro, en la pareja, en la familia, en el entorno, en la economía, o en la sociedad…aquí no cabe la ironía, ni la indiferencia. La estima y los sentimientos deben ir más allá de los perjuicios y del malestar ajeno. El pensamiento humilde debe prevalecer tanto para la bonanza como para la precariedad. Uno recibe un verdadero bofetón con la boca llena de pobreza y, encima, al agredido lo declaran autor y culpable del incidente. Es como si sigues fumando y la culpa es tuya. Aturdido, con falta de lucidez y una insuficiente fuerza de réplica, siendo víctima, y sin tener tiempo para recuperar el aliento, “boom” recibes otro bofetón con la otra mano. Aquí el infortunio es colectivo, el pensamiento y el desprecio son un acto masivo. Cuando la locura y el despilfarro son fruto de un comportamiento de toda una masa, la inteligencia humana se desvanece. Entonces es difícil interpretar el dicho de que la cara es el espejo del alma, ya que la realidad de las personas no sale a flote. Sus almas se quedan, cada vez más, profundamente a oscuras. Se crea un conflicto entre la verdad y la realidad que no ayuda para nada a simplificar las cosas, pues a partir de ahí sólo hay dos caminos: salir consolidado o sucumbir definitivamente en el intento quedándote jodido. Aquí siempre falta otra oportunidad y eres incapaz de verlas venir. Esta combinación es el auténtico abono para el desastre de la desigualdad y la indiferencia, de la grandeza y de la mentira, y de la verdadera picaresca de burlarse del otro, y de no sacar las castañas del fuego.

Aquí se conoce la pobreza y también la picaresca, incluso la falta de cultura y de una educación básica. Nuestra vida, y su alrededor, no tiene ningún valor ni tampoco ningún sentido. ¡Qué travesía más espectacular cuando no sopla ni levante, ni poniente! Era la expresión de la verdad del tiempo, parecía estar transcurriendo muy lento, todo ocurría a paso de tortuga. Viendo las olas revolcarse sentí, por primera vez, que no era tan culto como creía. Me di cuenta de que podía haber sido un mendigo, o un ladrón, o un timador, o un estafador... no se puede disfrutar del presente sin arrastrar el lastre del pasado, sin desvelar los recuerdos. No me refiero a nuestras vidas privadas sino a nuestras vidas públicas. Nos observan como si nos hubieran echado maldiciones. Se quedan observándonos como si estuviesen esperando la muerte para poder heredar.


Y todo esto lo cuento a raíz de una maldita e injusta multa de tráfico. Se ha convertido para mí en algo muy especial. Ando por allí con sumo cuidado puesto que ellos se sitúan estratégicamente, te inmortalizan en una foto en cuanto te descuidas y, ¡otro que ha caído en el anzuelo! Hasta aquí todo normal, lo anormal es que sus decisiones son arbitrariamente confusas, ellos siempre tienen, naturalmente, razón. La síntesis de este comportamiento se queda en la anécdota de una multa que se repite cientos de veces, todos los días, a lo largo y ancho de las carreteras. Una multa basada en la democratización de la picaresca callejera, de la picaresca de la hambruna, del día a día, del llegar a final de mes. Casi siempre la negociación es ardua. Lo triste es que esta chapuza es ¡tan injusta!

Moraleja no intentes hacerte el longui son agentes pícaros, ingeniosos y abusivos. Es una realidad que parece ser vergonzosa y falta de pudor. Es una realidad huérfana sin vida de los otros. Una realidad picaresca sin capacidad humana y sin inteligencia.

La “Baraka” de unos, es la pillería de otros.

Los que tienen fe opinan que nadie es dueño y señor de sus actos. Es como si la dirección no se erija bajo la responsabilidad del protagonista. No se trata de juzgarles, mientras unos cuantos se quedan con cara de póker, de inocentes o culpables, de cumplidores o irresponsables. No se trata de descalificar a nadie. Yo quería hablar de la “Baraka” palabra que proviene del Sufismo. Sus practicantes la llaman también "aliento de vida", “bendición” o “esencia mística”. La Baraka, es la relación del hombre con su creador. Es algo parecido a lo que, en el mundo occidental, se llama la suerte, el duende o la buena estrella.

La Baraka es la fortuna que nos pone en relación, espiritualmente, con nuestro ámbito social, religioso, ideológico y cultural. De tal forma que llegamos a creer y afirmar la presencia de una función significante, semejante a un beneficio regalado, que cae del cielo. Y la mayoría de estas acciones son banales y cotidianas, no se trata sólo de procedimientos o habilidades extraordinarias. Todo se achaca a la Baraka porque de lo contrario se generaría incertidumbre, aparecerían dudas y surgirían “preguntitas” que no tendrían respuesta. La Baraka es un atributo personal propio, que pasa la frontera de lo natural hasta lo sobrenatural, para convertir aquel acto realizado de forma fortuita en una obra exitosa y asombrosamente realizada. Así que el intérprete puede llegar a ser maestro, e incluso santo, sólo por el simple hecho de tener suerte.

Es por ello que la Baraka puede convertirse en beneficio o perjuicio, en bendición o perdición, y en conciliación o indiferencia. Esa ambigüedad lleva su respuesta a los poderes espirituales y energías sobrenaturales sólo explicados a través de plegarias, sacrificios, magia, ritos o amuletos. De esta forma pueden descifrar, de forma mágica, los acontecimientos futuros y sus consecuencias. No se asimila tan fácil y naturalmente lo extraordinario del beneficio, del éxito o del fracaso, del infortunio o de la desgracia. Los jorobados, los bizcos o los cojos, por un lado, y por otro la altura, la belleza o la riqueza, son para los creyentes en ella el símbolo y la pura expresión de la Baraka. Pero no se cortan en adornar esta creencia, que va más allá, con la picaresca y la picardía afirmando que son fuerzas legítimas que deben acompañar al poseedor de la Baraka, de no poder ser así te tildan de gafe. En este conflicto espiritual y frágil, entre la victoria y el fracaso, estas diferencias están reguladas por el despliegue de una ristra interminable de santos practicantes, vivos o muertos, de moderadores y amos de la sabiduría y de la piedad. Son los dueños del azar. Tienen el don de la oportunidad. Manejan a sus anchas y como les da la gana, y cuando quieren, los regalos de Dios.

Por lo tanto, la perdida de los favores de Dios es una desgracia, es como perder su propio merito, y hasta incluso puede conllevar un castigo ejemplar por parte del poder divino. La Baraka, en nuestra cultura y religión musulmana, está ligada al destino y la providencia quedando sólo en manos de las personas de fe religiosa, por el contrario, para quienes no la tienen, se queda como simples conceptos en la memoria. Seguro que todos, a lo largo de nuestra vida, en alguna ocasión, hemos topado con una vidente a la que le hemos preguntado acerca de nuestro destino y el de las personas cercanas. En todo caso, esto no significa que creamos, a pie juntillas, en lo que nos decían sus respuestas, es más seguro que para algunos carecen de todo valor. Podríamos, y deberíamos, ser como aquél que nunca entendió una palabra, porque ni tan siquiera escuchaba, de la Baraka positiva tan sólo estaba interesado en que le acompañase a todas partes. Nada le importaba lo que se estuviera diciendo.

sábado, 21 de marzo de 2009

Tánger, cementerio de los espías.

Un canto al espionaje.

Nacen en tierras lejanas, en senos de familias variopintas. Nacen con la estrella de viajeros, dominan varias lenguas, algunos lo han logrado sin esfuerzo ni estudios previos, y dominan el arte de describir con palabras y dibujitos. Se destacan por la capacidad innata de ver lo que otros no ven. No hay camino de vuelta. Es un camino escrito donde conocen amigos y enemigos, confidentes y amantes. La gente les tiene envidia pensando que viven a lo grande pero, de cualquier modo, todos y cada uno de los que lo tuvieron cerca coinciden en destacar lo terrible, lo que se intuye en el fondo, de sus misteriosas miradas. Seguro que más de una vez han sentido la muerte en sus talones. Duermen todas las noches encogidos. Modestas notas, recompensas despilfarradas en juergas y mujeres, trabajos mal pagados, esfuerzos inútiles, desgastes destacados, riesgos de palmarla en cualquier momento. Allá donde iban dejaban huella de elegancia, de clase, de glamour y de sexo. Episodios de su vida, a veces, se ven truncados y son especialmente insignificantes, porque así lo desean ellos expresamente. Utilizan la táctica de caer en el olvido y pasar desapercibidos para posteriormente pasar a la acción. Muy pocos se atrevieron a degustar lo que se llama la jornada de un currante. Nadie, en aquellos tiempos, fue capaz realmente de cambiar esta vida por un trabajo fijo. Sin embargo, hoy mismo, seguro que podrían forrase, relajaditos, como tertulianos de los medios sensacionalistas.

Muchos han acabado con sus huesos en las cárceles, en las que seguro se rencontraron con algunos de sus mejores amigos. Nunca se libraban de sus destinos, en cuanto abandonan el talego se enganchan de nuevo. Vuelven a deambular por el mundo en busca de nuevos encargos. Londres, Madrid, Tánger, Nueva York, El Cairo y otras ciudades de Oriente… Viajes trepidantes y silenciosos, persecuciones de miedo. Nos situamos en aquellos felices días de la guerra fría: venenos sofisticados y asesinatos selectivos. Cuentan que donde hay militares es donde más proliferan los negocios sucios. No es hasta el final de sus días, con la condición de gozar de buena mente y de no pasar hambre ni penurias y de no franquear la barrera del anonimato, cuando escriben sus memorias en forma de best seller. Novelas para el gran público amontonadas en los pasillos de los supermercados, fórmula infalible para venderlos como churros, y todo el mundo contento. Aquella saga inolvidable de espías nunca llegó a igualarse, por lo menos hasta el día de hoy. Habían escrito una página histórica meritoria de elogios. No eran tan cachas como Arnold el gobernador de California, ni tan listos como súper agente 86, ni tan ligones como el agente 007, ni tan pasotas y cachondos como la pantera rosa, ni tan peligrosos como McGiver en una ferretería... Irónicos, escurridizos, letales y a veces fríos como una hoja de acero. Su violencia era sorda pero emocionante, siempre empleaban la justa y necesaria, se las sabían todas. Ellos no querían venganza solo saber y descansar. No eran máquinas de matar, ni máquinas diabólicas, eran personas de carne y hueso, simplemente.

Fotograma de la película: “Mission à Tanger” (1949).

Corría el año 1935, en Tánger todas las conversaciones giraban en torno a las acciones y movimientos de los espías extranjeros, tal y como se informó en primera página del rotativo "Morning Post”, fíjate que nombre de cabecera más original para esa época. Tánger, se había convertido en una especie de fortín y hogar, y posteriormente en cementerio, de toda una complejidad de confidentes, soplones, delatores y agentes secretos. Era al mismo tiempo asilo y refugio de este tipo de personajes. Sin embargo, también era algo mas importante, era el punto de partida para una enredada vigilancia y una oscura e interesada custodia de toda África. Tánger, con su situación geográfica, estratégica y su estatus político de ciudad internacional, fue el cebo perfecto. En la ciudad convivían miles de historias verídicas y algunas inventadas, aventuras narradas, vidas truncadas, desenlaces dramáticos, amores terribles, mentiras asesinas y policías corruptos. Los protagonistas eran espías, unos personajes solitarios, imprevisibles, escurridizos y desconocidos que a primera vista, en una primera impresión, incomprensiblemente, destacaban por su aspecto uniforme y modesto.

Se sentaban en los cafés del patio del zoco chico, frecuentaban los bares de los hoteles y los mejores restaurantes. Y así se pasaban las horas de espera. Si te fijas en sus ojos, estaban llenos de malicia, siempre mostrando desconfianza hacia todo el mundo. Nunca te hablan de política y más si pertenecen al “Intelligence Service”. Mientras se toman un té verde con hierbabuena, servido por un camarero súper espabilado, llegaron los rumores de que un crimen terrible se había producido, acabando con la vida de un oficial de la marina británica. No había otra salida, tenía que matar para salvar el pellejo. Podía haber sido un agente confidencial, algo relacionado con el contrabando o un ajuste de cuenta. Pasaportes falsificados. Fajos de billetes de dólares, al fin y al acabo sólo eran conversaciones, sobre todo de menudencias. Sin embargo, la mayoría de las veces, las sensaciones son extrañas, hay que tener ojos en la espalda, porque en cualquier momento te la pueden clavar. Inesperadamente le avisaban mediante telegramas de que debían esforzarse para descifrar sus claves, las órdenes son para cumplirlas a raja tabla, debían vigilar escrupulosamente a un tal menganito Italo-Suizo o un tal fulanito franco-alemán. ¡Cuidado! van siempre armados. Te pueden sorprender en cualquier momento, la mayoría de la gente ignoraba la existencia de estos agentes secretos. A los pocos días, y sin previo aviso, otro telegrama en clave, hay que pasar a la acción. Se ponen a trabajar como si fueran unos robots que funcionan con comandos preestablecidos y fijos. Algo extraordinario, no se sabe exactamente si lo hacen por su profesionalidad o por el afán de ganar dinero o, simplemente, lo hacen por el único fin de alimentar el deseo vicioso de este sacrificado oficio. Se consideran patriotas que luchan por la causa, pero contradictoriamente les da igual el bando cuando pasan a la acción, lo que vale, en definitiva, es transmitir sus objetivos logrados y conseguir la recompensa en forma de dólares. La comunicación era necesaria, estaba al orden del día usar el telégrafo o el teléfono, siempre que no estuviera pinchado. Incluso las cartas conceptuadas y sospechosas corrían el riesgo de estar abiertas y fotografiadas por policías en un humilde puesto de correos.

Un espía era delatado, hecho altamente curioso puesto que los dos únicos que sabían descifrar los telegramas eran él y el subsecretario de relaciones exteriores del consulado británico. Lo habían mentido en plena boca del lobo. Escapar por tierra era imposible, ya no confía en nadie para llevarlo al aeropuerto, se juega la horca. Había que largarse por mar. Los espías no se matan, ni se suicidan. Sangre fría, rápidos de pensamiento, entre Whisky y humos de cigarrillos americanos de contrabando, se ponían a hacer la travesía, colándose a medianoche como un polizón, en un buque dedicado al tráfico de hachís y de trata de blancas. Había que someter a uno de los marineros mediante el correspondiente acto de soborno. El espía se ha convertido en un fugitivo por temor a ser torturado hasta dejarlo ciego. Sudores fríos bañaban su cuerpo. Otra vez se ha salvado por los pelos. Ahora debe reorganizar de nuevo el servicio de espionaje que había sido quebrado y averiguar quien era el topo que lo delató. Su existencia depende de su responsabilidad como espía. Debe borrar la muerte de su mente. El drama había tenido menos repercusión de lo que él temía. Felizmente, de nuevo estaba lejos y su cuerpo le vuelve a pedir marcha, para sobrevivir debe levantar la cabeza nuevamente.

Los movimientos secretos de los servicios de inteligencia y de los intereses económico-políticos eran, y son, el motor vital de nuestro pintoresco y asqueroso mundo. Los espías de entonces corrían entre Tánger y El Cairo bajo la forma de informes, paquetes extraños, armas pirateadas....y así aseguraban, con sus intervenciones cómplices, moldear nuestro destino. No estamos ciegos sólo nos hemos quedado mudos. Yo, personalmente, nunca he visto algo parecido con mis propios ojos, pero mudo no me pienso quedar.

sábado, 14 de marzo de 2009

El MUSK, EL VERDADERO ENCUENTRO.

El verdadero encuentro es la presencia de dos almas. No llego a entender por qué todo el mundo se queja. Las mujeres estupendas siempre aparecen, y algunas se quedan. No me refiero para nada a las prostitutas. No estamos ciegos, la calle es extraordinaria. Casi toda nuestra vida la pasamos en la calle. Hay muchos que le cuesta trabajo ir a dormir en su casita. Todos nuestros acontecimientos nos pasan fortuitamente fuera de nuestro hogar, incluso en muchos casos hasta nacer o morir. Nos cruzamos sin prestar atención, somos desconocidos, nos miramos indiferentemente, nos olvidamos, nos fugamos, inmigramos,… En fin, vivimos cada uno su propia supervivencia. Para algo sirve nuestra identidad.

¿Qué sucede cuando nos topamos con otra vida o con otro ser imprevisible? Simplemente lo que llamamos “un encuentro”. Dos cuerpos tropiezan y tenemos que pasar a la práctica. Más tarde, si te he visto no me acuerdo. Eso es radicalmente ridículo, no tiene ningún sentido, está absolutamente vacío de contenido. ¡Tiene mucha cara! proclama la cara embobada. Da igual que la experiencia fuese placentera, el alejamiento siempre es difícil y complejo. Será porque los códigos identificadores son lamentablemente insuficientes. De todos modo, siempre cae la típica preguntita: “ ¿y cómo va aquello?”. Una palmadita en la espalda y a volver a empezar. ¡Animo! “¿Quién es ese puñetero tío para meterse en mi vida?, ¿de qué va y de qué presume?, ¿por qué se cree mi papaíto?”. Pero me queda el consuelo de que a más de uno, y de dos, les pasa lo mismo. Los humanos, torpemente, tropezamos dos veces con la misma piedra.

¿Qué pasa cuando el olor de un perfume provoca un giro inesperado de tu mirada a otra persona o cuando una fragancia que te hipnotiza? ¿Y cuándo se trata de un perfume varonil llamado Musk, definido por muchos como una palabra mágica? Es el no va mas, es tocar el cielo y es el verdadero encuentro. Es una esencia de origen animal, un olor cálido, dulce y que perdura en el tiempo. Originariamente, la esencia era extraída de las glándulas de la raza de ciervos Moschus, originarios del Tíbet, China y Nepal. Este aroma provoca la atracción sexual en las mujeres y es por ello que está considerado como un perfume erótico. El extracto ha sido actualmente sustituido por unos derivados sintéticos evitando así la posible extinción de esta raza de ciervos. Pese a todo, los orígenes del Musk siguen estando rodeados de mitos y leyendas. El término oriental Musk significa "Esencia amorosa de antílope".
Perfumería Madini en la medina de Tánger.
Al final de los años 60, aires de cambio soplaron a lo largo y ancho del mundo. Nuevas generaciones variaron las reglas y los comportamientos. Eran tiempos de innovaciones rápidas y veloces. La música, las costumbres, la moda sufrieron unos trueques bruscos. Los jóvenes abrazaron con desparpajo las exóticas y sabias filosofías orientales buscando evadirse a una vida más sencilla y natural. Este nuevo estilo de vida se reflejó también en las fragancias de culto oriental.

Los árabes, basándose en la medicina Oriental de China e India, le atribuyen muchas propiedades al Musk natural por sus efectos afrodisíacos. Así fue como empezó, gracias a ese maravilloso perfume, la seducción de las mujeres por los dioses, rompiendo así los pilares sagrados, religiosos y morales. Algunos lo calificaron como obra del propio demonio y, al mismo tiempo, contradictoriamente, se concedió el permiso para propagar su apasionante uso. Es un perfume sensual objeto de deseo, es una sustancia de color marrón, amarga, volátil y poderosa. Reaviva la obstinación e inhibe la represión de los impulsos sexuales femeninos. Algunos libros antiguos de Medicina relatan casos de varones que, a sus 80 años, fueron revitalizados en su poder sexual gracias a esta valiosa sustancia.

El Musk es un poderoso estimulante olfativo que produce estados de euforia en el deseo erótico. Es un perfume que guarda cerrado su poder sensual durante decenas de años y, un sólo gramo, es capaz de llenar una habitación de un aroma, tan permanente y penetrante, que tardará varios días en evaporarse; por tanto debe usarse con sumo cuidado. Es uno de los más caros de la industria cosmética junto con el esperma de ballena y el ámbar gris.

DÍAS DE “CHERGUI”

Son días de “Chergui”, un golpe de calor atraviesa y azota todo un país partiendo de las llanuras más ardientes del Sáhara y avanzando, infaliblemente, hacia el norte. Llega a Tánger, puerta africana del estrecho de Gibraltar, convertido en una inmensa bola de fuego. Grandes masas de aire evolucionan en el sentido de las agujas del reloj, pero curiosamente el calor de la bola se incrementa a medida que se desplaza hacia el norte. Estoy exhausto sólo de pensarlo.

Cualquiera puede abrir sus brazos de par en par para recibir el ardiente viento, popularmente llamado “Chergui”. Cualquiera puede estar ansioso par conocer su valor y su verdad, y cualquiera intenta descifrar la aparente y sencilla ceremonia de su actuación. Quizás, por eso, me sumo yo también a sumergirme en su culto. Todos los pueblos por donde pasa el “Chergui” tienen algo muy en común que los hace especiales. No se trata de un viento mágico, ni místico; es un viento real, tan verídico que no se puede describir con palabras. No sé si me estoy explicando, porque es difícil de definir. Tan excesivo calor afecta a las relaciones humanas, las personas se vuelven extrañas y actúan de forma diferente, también se ven alteradas las condiciones de una pura coexistencia. Los que estaban, y los que aún permanecen allí, saben perfectamente de lo que estoy hablando. Su significado y su esencia son siempre los mismos, como Dios manda, no se trastornan bajo ningún concepto.

El “Chergui” es un gran compresor de realidades. Se enzarza afanosamente con todo lo que pilla y te aprieta, sin pausa y sin prisa, hasta que se ahoga. Siempre me ha fascinado su majestuosa presencia. No hay forma física, conocida por el ser humano, capaz de detenerlo en el tiempo. No sé muy bien por qué, pero hoy he sentido la necesidad de homenajear a tan distinguido visitante. Supongo que, quizás, porque echo de menos al “Chergui” de mi ciudad natal Tánger, o porque me gustaría sentirlo de nuevo, a pesar de sus agobiante calor. Lamentablemente, el Chergui se comporta de una forma muy caprichosa como los abrazos, los besos y las caricias que te llegan cuando les da la gana, y no cuando a uno le apetece. Por eso la espera puede ser larga y ardua.

Tánger (Café Hafa), cuando no sopla el “Chergui” .

La procedencia del término Siroco se halla en el latino Syriacus, nombre que recibía ese viento, venido del sureste de la rosa de los vientos romana en el Mediterráneo, y que provenía de Siria. En cambio, el origen de la palabra “Chergui” está en el vocablo árabe magrebí “Shulûq” o “Xaloc”, proveniente, a su vez, de lenguas originarias de las costas baleares, valencianas y catalanas. Traducida al castellano se leería “Jaloque”.

Todas las descripciones se asemejan en definirlo como un viento seco y cálido, a veces, con presencia de polvo desértico en suspensión, que sopla desde el continente africano hacia el Mediterráneo. Es un viento que paraliza la vida cotidiana de los habitantes de las ciudades y países por los que pasa. Es un viento hipnotizador, que produce los mismos efectos que un estupefaciente, a pequeña escala, ¡claro está! Suele ir acompañado de altas temperaturas y escasa visibilidad marítima. Es considerado como un viento incomodo, crispante, amenazante puesto que nunca deja entrever si sus efectos van a aumentar o si su fuerza irá a más. El “Chergui” es el viento del desierto por excelencia que alcanza su mayor plenitud en Tánger y en el resto de la costa mediterránea norteafricana.

Paseos provocativos.

De la ignorancia se filtra la duda y, más tarde, lo más seguro, aparecerá la certeza. La certeza de saber que postura hay que tomar para opinar sobre el uso de las fragancias de alta cosmética, perfumes populares, caros o baratos, de prêt-à-porter....Tengo pánico a la gente que huele mal, así como a la mezcla del sudor con el perfume. ¡No es para menos! Cada vez que sale uno de casa corre el riesgo de tropezar con tal evidencia, es decir con alguien que reúna esas condiciones. Siempre ha sido un aspecto negativo del ser humano que persiste, lamentablemente, hasta incluso en las sociedades más modernas, donde los pantanos están a rebozar.



En este caso, nuestra mente no debe estar cerrada a cal y canto, debe entrar aire fresco y un poco de luz, y no dejar que se pudra en el impurismo y en la mala tradición. No vale sólo esgrimir que la naturaleza es sabia y que se nació tal cual. Estamos en un mundo donde nos afrontamos a nosotros mismos, con nuestra integridad, con nuestros cuerpos y con nuestra presencia. No es de extrañar que, a estas alturas, no podamos ser indiferentes y pasotas. Debemos tener el valor y “la certeza” de proclamar que la limpieza forma parte intrínseca de nuestro bienestar y que perfumarse va después.

En ocasiones huelo, y me niego a olvidarlo, aquel olor mareante, insoportable y absolutamente rechazable, y siento como si todo el mundo hiciera la vista gorda. Hay puercachones y puercachonas que incluso se atreven a lucir modelitos de marca sin haberse duchado previamente, para mí inconcebible. ¡Demonios!, creo que les falta la mínima auto-honestidad. Debíamos, por lo menos, reservarle el derecho de la “no admisión”. Para hacerles ver mi desagrado y malestar intento, con una refinada delicadeza, meterme con ellos a ver si se enteran. No quiero cargar con el muerto de que me tachen de falta de respeto. A los que me oyen les pido perdón, y no por cobardía sino porque quizás su sensibilidad pudiera sentirse herida.

A mí no me da igual. Yo también he encajado demasiados golpes, y golpes bajos, que cortan, por un instante, la respiración. Señores, hablamos de y con respeto. Gracias a Dios todavía no falta agua potable. Lo peor son los que siguen una macabra relación basada en la famosa regla de tres: la apariencia, la moda y el último numerito de Channel. Debe ser un conflicto emocional el tener que correr rápido para estar a la última, deben confundir modernidad con prosperidad y bienestar. El olor a sudor no es, precisamente, el perfume más apropiado para seducir.

Amigos míos, ya sabéis, para salir a pasear por el famoso Boulevard Pasteur de Tánger no hay que ir demasiado provocativo, simplemente será suficiente despedir abundantes efluvios de fragancias naturales, ¡y bien naturales! Es lógico y natural, e incluso a mi me parece bien, que cada cual aguante su propio olor, pero obligar a los demás a aguantarlo también, sobrepasa las mínimas normas de higiene, urbanidad y civismo. La sensación que tengo al respecto es de incomodidad y de irritación profunda. Me pregunto: ¿y si la gente de la calle hablase de ello?, ¿y si hubiese ciertos comentarios sobre el tema?, ¿y si surgieran aspirantes al cambio?,... Y esa reflexión, al final, es lo único que me puede consolar.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Tánger “La Nuit”

“Tánger, una ciudad fuera de la geografía, suspendida entre la tierra y el mar. Una novela libertina. Un poema escandaloso, místico. Una prisión sin barrotes a la que van a parar los decepcionados, los traidores, los desgraciados” (Abdelà Taïa).

Me han llegado las ultimas crónicas de Tánger, disculpen la tardanza es ajeno a mi voluntad. Mogollón de antros y garitos proliferan por la ciudad, y sus asiduos clientes se reduplican. Luces de Neón, letreros estrambóticos venidos de fuera. Los establecimientos se instalan en cualquier parte de la urbe moderna y, especialmente, en su magnífico paseo marítimo, algunos incluso metidos casi en la dorada arena del mediterráneo. A veces sus puertas están abiertas a plena luz del día, como si funcionaran en sesión “matinée”. Para acceder hay que pasar el correspondiente control: dos gorilas humanos, de casi dos metros de altura cada uno, sujetan sendos detectores de metales manuales con los escanean a todo el mundo antes de que entren en el local; se trata de establecer medidas de seguridad y de prevención a posibles atentados. En muchas ocasiones a estas medidas se les suma un poli, por si acaso estalla algún conflicto. Y todo bajo la mirada extrañada e impotente del ojo musulmán. Se lo aseguro.

En principio, conviene dejar claro que casi todos los clientes son selectos y con derecho de admisión. La copa vale “un huevo” en relación con los míseros sueldos de la clase media, pero aún así todos los garitos están llenos hasta la bandera. Imagino que en semejantes locales de perdición habrá algo interesante que ver, y no me refiero a los raperos hijos de nuestros inmigrantes, sino algo especial, distinto y atrayente que haga perder la cabeza a tanta gente.

Diariamente las instantáneas son chocantes, nada mas bajar las malditas escaleras te topas con que toda la barra está ocupada. Un bullicio asfixiante. Dicho en otras palabras, este es un recinto virtual en el que tienen cabida todas las edades, no hay perjuicios, cada uno a su bola, muchos despistados,... ¿Alcohol? A gogó, todo el que quieras, siempre que lo pagues o te lo paguen, que también puede ocurrir. Dentro nadie te controla, tienes la sensación que estás en otro lugar, bastante lejos de tus allegados y de aquella mirada crítica e irritada que te espera fuera. Dentro, las pantallas de plasma adornan e iluminan las pistas de baile, se aspira un aire “Cool”, las chicas Streppers, ligeritas de ropa, rozan el baile erótico, y los DJ tienen pinta de haber nacido en otra galaxia y, a toda leche, te mezclan pasmosamente los ritmos orientales con los occidentales. Pecados virtuales, atmósfera surrealista, nadie se siente ofendido, las bocas están cerradas, lo que pasa dentro es “Top Secret”. Al día siguiente, ni una palabra, nadie está equivocado. De poco vale que el gran hermano musulmán te mire fijamente.

Las flores del deseo nunca faltan, los dólares hacen que la primavera dure una eternidad. Están lujuriosas con aspecto carnal de lujo, unas lo logran y otras pretenden serlo, increíblemente, al mismo tiempo, embellecidas con el calificativo de analfabetas. Se visten “horteramente” sexys, con modelitos de marca, luciendo un maquillaje hortera y excesivo, y siempre mirando en falso y con astucia a los guiris mas maduritos. Algunas bellas damas no dudan en sacar, para presumir, sus móviles de última generación. Todos están compinchados: los camareros, los taxistas, los porteros, los recepcionistas de hoteles,…

Estamos en realidad en lo que se llama vulgarmente un local nocturno, nada de surrealismo, todo parece legal y protegido. Se trata de un negocio de ocio, de una atracción de la noche, de ambiente con tintes de exotismo,... Son crónicas de Tánger, el espectáculo esta servido. Aquí tenéis este terrible relato de un fenómeno que ha calado demasiado. ¡Bendito sea el Creador! Pecadores por la noche y santos de día. No hablo de oídas sino por experiencia propia. Yo no pillé aquellos golfos de la Edad de Oro. Cada uno de ellos era señor de su estilo y de su género, pero siempre, sobre todo, con clase y con la cabeza bien llenita. Compruebo a mi alrededor, pero ya no queda nadie, intento olvidar y empezar de nuevo.

domingo, 8 de marzo de 2009

Una pesadilla al volante.

Sin palabaras. Foto: Abdellatif Bouziane.
Hace unos días me topé con un relato, a la vez subjetivo y gracioso, reflexivo y sarcástico, sobre el tráfico de vehículos en Tánger. Era la aventura de un matrimonio español que cruzó el charco con el coche, por primera vez. Lo leí dos veces y prometí redactarlo de nuevo, y a mi manera, en mi diario porque es exactamente y realmente la misma experiencia vívida por mí. ¡Atreverse a llevar el coche y rodar por las calles de la ciudad! es un autentico desafio. Aquel campechano relato ha removido las tripas de mi infancia y ha hecho revivir todas las horas que he pasado al volante durante los veranos en Tánger. ¡Cómo han cambiado bruscamente las cosas! La circulación de vehículos, actualmente, es caótica en una ciudad que ha sobrepasado los dos millones de habitantes.

Todo es muy bonito desde Ceuta hasta Tánger por la carretera de la costa, vistas alucinantes. No estuvo mal salvo por un intento de adelantamiento fallido. ¡Casi le da un infarto al marido!, pero salieron indemnes. Otra cosa es el día a día de circular por Tánger. Hay que tener los ojos bien abiertos. Una de las reglas que se incumple flagrantemente es la de respetar la distancia de seguridad, es más, ese requisito es un gran desconocido entre los conductores, ya sean curtidos o noveles. Obviamente, cuanto más te pegues, y acoses al coche de delante, mejor conductor eres. A ello hay que añadir lo bien visto que está el fomentar la contaminación acústica. Se recomienda tocar el claxon a todas horas, ya sea para saludar a un amigo, para mostrar impaciencia, por estar enfadado o simplemente por simpatía general en un atasco, donde todos pitan y tú no vas a ser menos. Las señales de tráfico están, en general, para hacer lo contrario de lo que indican. Por ejemplo si hay una señal de prohibido girar a la izquierda, se mira con disimulo para comprobar que no hay polis a la vista y, en un santiamén, se gira a la izquierda. Girar a la derecha es lo que está bien, pero tiene más emoción incorporarte a una avenida creando el caos y jugándote la vida. Las rotondas son elementos cuya función no queda demasiado clara, yo diría que se desconoce totalmente cómo se regula la circulación en ellas. Eso de que el que está dentro tiene prioridad: ¡un mojón! En las rotondas de Tánger tiene prioridad el que más “cojones” le echa al asunto. Por lo tanto, uno sabe cuando entra en la rotonda pero nunca cuando, ni cómo va a salir de ella. Incluso hay vehículos que se quedan dando vueltas, y más vueltas, hasta que sus conductores adquieren el arrojo suficiente para salir del “embolao” en el que se han metido. Aunque siempre queda la opción de cambiar de dirección y salir de allí corriendo, pase lo que pase, y se joda quien se joda. Si ibas a Assilah, por poner un ejemplo, puedes, en cualquier momento, cambiar de idea y dirigirte para Tetuán, que parece que más facilito. ¡Un horror! ¡Una pesadilla! Sin embargo aparcar no es difícil, aunque las calles son más estrechas. Hasta allí ha llegado la figura de “el gorrilla”, y aunque no hay un aparcacoches genuino y exigente del “revolucionario impuesto”, el primero que pasa por allí te ayuda en la maniobra del aparcamiento y te pide, jamás te exige, una propinilla, lo que le des le parece bien. Y eso que la pareja conoce bien la ciudad.

Teniendo en cuenta estas normas básicas, para circular como un tangerino más, lo demás es coser y cantar y, sinceramente, circular con tu propio vehículo por estas calles te da un “subidón” de adrenalina. El hermano de la mujer de nuestra pareja aventurera, la que estuvo en Tánger, hace unos días fue invitado a la ciudad y cuando se subió en el coche, y vivió en sus carnes el asunto, tan sólo decía: "¡qué guapo “quillo”!, ¡qué guapo!,…

Fumar “canutos” y bailar con Dios.

La palabra sufí, viene del termino árabe “suf” que significa lana. Los adeptos sufíes llevaban antiguamente ropa de lana desgastada, con aspecto de abandonados. Paradójicamente, hasta el día de hoy, casi todos los seguidores son de clase baja; la clase alta sigue temiendo a las actitudes sociales y políticas del sufismo. Y así, hasta hoy, los sufíes van predicando que la verdad divina y la comunión con Dios no se pueden compartir con otros, se trata de una experiencia directa y solitaria, y recurren a diferentes fuentes para alcanzar tal estado: el desparramo de santos y santuarios, el uso de drogas prohibidas, la celebración de ceremonias abusivas con métodos infrahumanos, acompañadas de bailes y música de muchachos exaltados.
El sufismo no debe ser un negocio, ni practicado con ánimo de lucro. Se trata de elegir libremente una peculiar forma de vivir con uno mismo y de escuchar el crujido de nuestros propios huesos. Se trata de dar y entregar el alma, a cambio sólo de obtener un lugar entre los elegidos el día del juicio final. Afirman los seguidores que la verdad está en el corazón. Extrañamente, la vida y la libertad, el futuro y la modernidad se adelantaron al aparecer, y están ligados entre sí desde el momento de su unísono nacimiento, justo antes de la creación del ser humano y del primer bombeo de sangre del corazón del hombre. No hay marcha atrás, estamos frente a una única dirección que conforman la libertad de expresión y el respeto al prójimo.

Cada vez que hablamos del sufismo salta la palabra libertad, entendida como la posibilidad de hacer lo que nos da la gana, siempre, ¡ojo!, sin molestar. El sufismo trata de no hacer prácticamente nada, es comportamiento vago con tintes de pereza, se trata de tomarse las cosas, como dicen por allí, con filosofía. Los Sufies se proclaman poseedores de conocimientos ocultos superiores y de un espíritu que desborda la ley de la relatividad. De cualquier manera, en la viña del Señor, hay de todo. Así nos encontramos Sufíes cumplidores y rigurosos y también otros sólo con vocación de fachada, y eso sin que nadie se sienta aludido. Se trata de estar metidos en un barullo, en una cajita cómoda cerrado con esta etiqueta y presumiendo de que es un forma de vivir, y de que está de moda. Así uno puede aparentar a alguien del mas allá. En efecto, el sufismo va mas allá de la discreción, es un fenómeno vistoso y real, esta patente en la apariencia física, pero el aspecto del pensamiento espiritual queda herméticamente cerrado, clandestino, sosegado y detenido en el tiempo. La respuesta de los Sufíes es tajante y no admite replica: la verdad, según sus principios, está en el interior y obedece a su propio corazón. Los Sufíes nos aconsejan bailar y cantar, hasta el trance, para poder comunicarnos con el octavo cielo; también acercar nuestra intimidad a Dios para afectar su sensibilidad y su consentimiento, y así nos pueda acoger con más hospitalidad. De esta manera, un esplendor iluminará nuestras caras y una lucecita nos acompañará a lo largo de cualquiera de los caminos que recorramos. Los Sufíes nos aconsejan que seamos cautelosos y no ir por ahí dando la nota y, al mismo tiempo nos enseñan que no debemos asaltar, por la fuerza, a otros corazones para convertirlos en Sufies.

No se trata de extraterrestres pero están por todas partes. Son bohemios, compañeros del alma y una especie de hippies. Nadie es perfecto. Los Sufíes aclaman que sus teorías existen desde que apareció Adán sobre la tierra y que son los pioneros en la educación del alma, o educación interior. Los Sufíes son flexibles y no son extremistas, pasan desapercibidos, su aspecto es desconfiado. Hoy mismo, el sufismo es algo como la “New Wave” del Islam moderno, es el Islam pacifico de la globalización, es una protesta descafeinada y es una practica espiritual con rasgos orientales.

El descubrimiento Sufí de la droga ha sido un alivio para sus practicantes incorruptibles cuyas vidas estaban llenas de privaciones austeras. Justifican el consumo de narcóticos como ayuda a la relajación y la reflexión, y un porro como un billete para un viajecito gracioso en el tiempo hacia el deleite y el éxtasis, ¡cómo no! Fruto de estas actuaciones se multiplicaron por miles los Sufies en los países pobres. Visiones asombrosas, personajes de lo más variopinto, consumo diario, espíritus andantes, charlatanes, videntes, hechiceros y brujas, cantamañanas, cementerios repletos de oradores del Coran y mendigos viviendo con los muertos, demagogias baratas, rezos excesivos, cantos sensuales rozando el erotismo, pecados carnales, música mística instrumental, aromas de incienso, éxtasis, trances como momentos culminantes, placeres ocultos y prohibidos, danzas rituales para alcanzar la suspensión del alma y conseguir la revelación divina e interior y, finalmente, alucinaciones y comunicaciones espirituales con Dios.

Según el Coran, el libro sagrado, alterar las fechas de los destinos sólo es obra de Dios, ver al creador en tierra debe ser un milagro cachondo.

miércoles, 4 de marzo de 2009

William Burroughs.
El dramaturgo “zumbao” que asesinó a su mujer.

William Seward Burroughs escritor estadounidense y artista experimental, nació en 1914 en Saint Louis (Missouri) y terminó sus estudios en la Universidad de Harvard en 1936. Después de residir en varios lugares del mundo, depresivo, buscando drogas nuevas y experimentando con sustancias nuevas, murió el 2 de agosto de 1997 a causa de un ataque cardíaco. En 1954 se establece en Tánger, refugiado a causa de sus problemas con la justicia estadounidense, y allí residirá hasta 1958. Estos años serán los más duros y dramáticos en su dilatada vida, como consecuencia de su creciente adicción a las drogas y estupefacientes, llegando a ganarse el apodo de “el hombre invisible”, por su aspecto débil y exonerado. La carrera como escritor de William Burroughs quedará marcada, al igual que su destino, por el fallecimiento de su mujer mientras él, en estado ebrio, practicaba el tiro al blanco. Un suceso “fortuito” con muy mala espina. En fin, que añadiendo el horror que provoca la imagen de este hecho a su pervertida historia, la obra literaria de este súbdito siempre ha levantado un exagerado interés entre cualquier muchedumbre y en casi todos los medios de comunicación. Ha sido una literatura manchada con sangre. Nunca, y tristemente, han faltado los que salen en defensa de la honorabilidad de aquel genuino hombre de letras, aún sabiendo que había perpetrado un crimen.

Para empezar, este sujeto, no necesita defensores. El emblemático escritor de la generación "Beat", cuando vivía en México D.C., en los años cincuenta, concretamente en el año 1951, mató a su mujer de un disparo en la cabeza, por accidente. Su imagen fue toda la vida muy ensombrecida por su abuso de las drogas, del alcohol y por sus salidas de tono. ¡Vaya panorama y valla escultura de personaje! Declaraba que se trataba de un juego - parecido al de la manzana sobre la cabeza, practicado en la Edad media-. Me imagino al zumbado de William Burroughs, sentado en una silla, con una pistola en la mano y observando fijamente al cadáver de su mujer, rodeado de un charco de sangre, como si fuera un animal sacrificado. Debía ser un extraño tributo, una víctima de un apuesta, obligada a punta de pistola, en un estado de avanzada embriaguez y en un acto para comprobar quien puede más. El juego acabó mal. En su declaración afirmó que fue una muerte accidental. Algunos forenses avalaron su versión y, pocos días más tarde, aprovechó la benevolencia de la justicia mejicana para largarse, gracias a su “respetable” ciudadanía estadounidense y a la total y absoluta corrupción mejicana. Así fue como eludió el proceso penal. ¡Maldito pájaro! Según la sentencia de la justicia mejicana, y gracias al chanchullo de un corrupto abogado, “el rey del soborno” fue declarado inocente, en base a la ley de la bala perdida. Burroughs jamás se libro de su culpabilidad, y perturbado llegó a comentar que aquel maldito balazo se volvió y se apoderó de él.

Algunos lo calificaron de genio incomprendido, de escritor loco, creativo e improvisador, de enfermo mental inventado, de melancólico alterado, de escritor bohemio y descarado, de escritor de situaciones imposibles pero creíbles, de transgresor, de escritor surrealista y urbano, de escritor del mundo marginal, de escritor de monólogos dialécticos y de poemas, de escritor de la generación “Beat” , de escritor de culto y de meditación, de escritor para músicos, de escritor inmoral y distante del romanticismo, de escritor del morbo, de escritor de homosexuales, de escritor mutante, de escritor de la morfina, de escritor adicto y de escándalo, de escritor de argumentos fragmentados y agitados, de escritor de ambientes raros y de transiciones extremas sin justificar, de escritor incoherente, de escritor viajero y autobiográfico, de escritor chiflado, variopinto y prestigiador lingüístico, de escritor rebelde…En fin, el mérito de William Burroughs se engrandeció, singularmente, con su capacidad de introducir sus palabras en todas las tendencias capaces de arrollar a cualquier personalidad, incluso en la ficción y la cibernética.

En definitiva, al final de su vida, el escritor maldito se convirtió en una especie de icono mediático, cultural e internauta con más presencia que cuando estaba vivo. Afortunadamente, hoy en día, años después de su muerte, sigue ocupando el mismo lugar de ambigüedad literaria y de viajero rebelde, pero sobre todo de culpabilidad por asesinar a su mujer y no haberse hecho justicia. Seguro que el tiempo le seguirá dando la razón, pero no fue una bala perdida.

domingo, 1 de marzo de 2009

Yo quería hablar de Catalina de Braganza...

En principio, las princesas no podían ser ni cortesanas, ni amantes ni prostitutas, ni vender o cambiar sus cuerpos por intereses y beneficios estratégicos o materiales, pero a lo largo de la historia muchas de ellas han elegido ser damas de compañía y, con la venia de sus dueños, se permitían el lujo, que no era poco en aquellos tiempos, de elegir a su distinguida presa. Podía ser una profesión de alto standing o una especie de operación mercantil de compra-venta con el objetivo de rendir, con habilidad, favores materiales a cambio del sexo puro y duro.

A pesar de todo, lamentablemente, pocas princesas lo practicaban sólo por placer. En general, unas llevaron una vida turbulenta hacia dentro, otras fueron sólo escaparate como ornamento de glamur, otras simplemente se dedicaron a aportar herederos a la corona, otras vivieron engañadas, alguna fue envenenada, sí insisto asesinada, porque tales acciones también suceden dentro de la nobleza, otras tan sólo se dedicaron a practicar, genuinamente, uno de los siete pecados capitales: la lujuria. Nada impedía que la mayoría de esas princesas llegaran a contraer matrimonio con sus reyes. Habitualmente terminaban en boda sólo por cumplir con los rituales ceremoniosos, y eran cuestiones de estado y de sus altezas reales. De una forma u otra había que tragar las bochornosas situaciones y subir al altar.

Yo quería hablar de Catalina de Braganza. No sé si tildarla de pobrecita. Solía jugar, sin tapujos, a las cartas con su marido Carlos II de Inglaterra, acompañados de varias de sus amantes. Carlos II, fue un auténtico mujeriego, un especialista en escapadas amorosas que disponía de un gran abanico de amantes. Era exactamente lo que llamamos un golfo y un sinvergüenza. Antes de casarse ya era padre de cinco hijos e incluso había obligado a su hermano, el futuro Jacobo II, a casarse con una mujer a quien él mismo había dejado embarazada. Sus amantes desfilaban libre y públicamente por su cama, sin pudor ni decencia. (Si el príncipe de Gales y Camilla hubieran vivido siglos atrás, nadie se habría escandalizado por su romance).

Pero volviendo a lo que nos atañe, indudablemente cada uno de aquellos “polvetes” era sinónimo de tierras, títulos y dinero, mucho dinero. Las mujeres hambrientas y el resto de los miembros de la corte, maridos, padres, madres, tíos,…hacían la vista gorda, y lo peor, entre ellos el clero al completo con su presencia inadvertida, sólo iban a comer y pasear sus largas faldas por los palacios. La iglesia consideraba que el poder de los reyes era obra de Dios todo poderoso y, por tanto, sólo cabía para sus deslices y abominables pecados el castigo divino, y no el de la Iglesia en tierra. Mientras, el negocio primaba y toda la corte tenía que apurarse para hacer el servicio extra a su majestad. ¡Un puterío total y absoluto!

Infinidad de historias ridículas y chapuceras, algunas de risa, infinidad de conspiraciones, de desplantes, de adulterios “reales”, de antojos, de competiciones de fecundidad, de hijos ilegítimos, de caserías, de fiestas, de bailes, de orgías, de amores fingidos, de secretos, de lágrimas, de consejeras, de confidentes, de compañeras de placeres, de doncellas, de burdeles, de escándalos, de reinas repudiadas, de infidelidades... Y aquí estamos, somos los hijos de nuestra loca y vergonzosa historia, del pasado de nuestro mundo. ¡Qué pena y que tristeza que esta gentuza fueran nuestros antecesores!

Yo quería hablar de nuestra princesita Catalina de Braganza, hija de Juan IV y Luisa de Guzmán, y fue mujer de Carlos II Estuardo de Inglaterra. En 1661, Inglaterra obtiene, en virtud de Portugal, nada menos que las llaves del mundo en forma de una dote de matrimonio. Se trataba de la cesión de Tánger, que era la puerta del imperio portugués en África, del traspaso de Bombay, que fue el paso de Inglaterra a Oriente y de una serie de privilegios comerciales. Regalos faraónicos, ¡un desmadre!, y así, como consecuencia del despilfarro de unos padres comprensivos y generosos para el bienestar de su hija, cambió el rumbo la historia de dos potencias marcando con ello el declive del imperio portugués y el auge del imperio británico. Hubo que establecer negociaciones para esta boda y para la traspaso de la dote, a cambio Portugal recibiría apoyo militar de los ingleses en su lucha contra España.

Yo quería hablar de Catalina de Braganza, que fue una mujer sencilla, modesta, poco encantadora y esto, unido a su esterilidad, hizo que Carlos II estallase y se lanzase sin piedad a conquistar y asaltar todo lo que se movía, incluyendo cualquier dama de la corte, sin importarle tener hijos ilegítimamente, que por cierto fueron varios. El reino de Portugal terminó perdiendo a su pobrecita princesa en boca del lobo y, por si fuera poco, tuvo que ofrecer la tutela absoluta y todas las garantías económicas del imperio Portugués al hijo de la Gran Bretaña.

“Otros Rostros” viaja a México

En relación con mi última exposición titulada “Otros Rostros”, mi amigo Mehdi Mesmoudi se atrevió en incluir mis obras en un artículo dentro...