sábado, 21 de septiembre de 2013

EL SALTO DEL ÁGUILA

Estamos en pleno Agosto, en el mirador de Caraquia de Asilah, antigua fortaleza portuguesa. Cierra los ojos, que no te tiemble el pulso, concéntrate y a volar como un águila sobre el Atlántico. 

Fotos realizadas por Nora Bouziane Lozano.

Hay saltos mortales, saltos suicidas, saltos de sol de agosto, saltos silenciosos, Saltos improvisados, saltos adolescentes, saltos en trance, saltos sin red, saltos sin el redoble de tambores… no tengo ni idea de cómo está permitido tales hazañas en Asilah, jamás me he encontrado con un espectáculo tan arriesgado, jugándose la vida, menores de edad, no tengo respuesta. Te aseguro que es una práctica difícil y me embobaba cada salto.

Parecen saltos que hacen historia, saltos sin razones, saltos de desesperación llevándolos hasta el límite, saltos de manifestación de un desmadre total. Alegres no parecen, de cobardes nada, se presentan arriba en el mirador empapados, por sorpresa, se deslizan entre los espectadores llegados de todas partes del mundo, miran abajo, cuentan el rebote de las olas con las afiladas rocas del acantilado, apuran hasta la séptima ola y cuando viene la octava, la más floja, entonces cogen impulso y gritan ahora o nunca, ni antes ni después “a volar como un águila”. Ni puñetera idea del origen de este ritual, debe ser algo supersticioso.

Han ideado distintos formatos de saltos casi todos sin talante, pero el salto del águila es el que más me ha impresionado. Este salto, puede ser el nuestro, el salto de la libertad y de la reflexión, de la rebeldía y del poderío. Su caída libre desde más de 12 metros y su penetración como una flecha en aguas cristalinas del atlántico, rozando las punzantes rocas, libera su organismo, y por supuesto el ánimo de todos. 

Debemos valorar la valentía y la idoneidad de estos chiquillos, nos guste más o menos o nada, pero mi consejo es que quien quiera jugar con su vida y empotrarla en los peñascos que no lo haga, y quien tenga interés por verlo bienvenido sea. Una pena y una negligencia y aquí nadie pone el grito en el cielo por evitar que pase una desgracia. Son todos adolescentes, la verdad es que no les culpo, todos han llegado aquí  solo por diversión y por tener sensación de unas sacudidas emocionales. Están completamente ajenos a que están corriendo un gran riesgo y a que pase una tragedia. Me pregunto donde están sus padres y las autoridades, y quien vendrá a rescatarlos en lo peor.

Asilah, la perla del norte de Marruecos.

Y aún así, el salto del águila, el salto de Asilah, parece un salto lleno de convicción, un salto en el tiempo, un salto con un movimiento tenso y decidido, un salto lleno de expectación y para ejecutarlo se necesita tener fe, agilidad y visión de ave. Es un salto que transmite confianza, altura y control, por eso nos apegamos a verlo creyendo que es nuestro, nuestro salto.

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