viernes, 4 de octubre de 2013

EL ULTIMO MONO


Es la hora de máxima audiencia, esto no es un zoo, estamos en el famoso paseo marítimo de Tánger y por motivos acrobáticos y sorprendentes, en cuestión de segundos  y con una rapidez endiablada, me encontré con el mono en mi hombro preparado para la foto. El amo del animal me tranquilizó diciéndome: “no tengas miedo colega”. Aquel instante se convirtió, en un abrir y cerrar de ojos, en algo exhibicionista, morboso y listo para una instantánea histórica, que cuesta solo una modesta propina que sirve afortunadamente para ayudar al animal y a su amo a que puedan mirar hacia adelante y sigan viendo vida, macabra y ridícula, pero vida.

Ante todo, el mono es mi principal objetivo, claro que si, aunque su dueño trabaja sin descanso día y noche para darte la peor y lamentable asistencia para que la pobre criatura se presenta cada tarde, con un pañal de bebes puesto y con las pilas bien cargadas, ante el disfrute de los transeúntes. Y vaya como brillo el artista en todo su esplendor.

Realmente debe ser una jornada dura de trabajo para el mono, pero mirándolo fijamente en los ojos, tengo la sensación que pasa olímpicamente de todo y la gente es  irrelevante para él, parece contento, ningún tipo de sufrimiento aparente, aparece increíblemente lleno de vida y de esperanza a pesar de la cruda tortura y las supuestas palizas recibidas. El animal esta encadenado, no presenta daños físicos, pero psíquicos, yo no soy un experto, seguro que sí.

No tengo argumentos, ni suficientes explicaciones de por qué se permite todavía este tipo de espectáculos tan indignantes. No podemos quedarnos a medio camino entre la indiferencia y la dejadez. El daño colateral ya está hecho, el amo y el animal nunca pueden considerarse amigos, la tortura es un componente fundamental para invalidar y paralizar esta amistad, y si el amo no quiere desprenderse de su pareja sea como sea, que se ponga en su lugar. Es hora de rectificar y que sea, por el amor de dios, el ultimo mono.

Lo único que pido es evitar que se conviertan en diez o veinte espectáculos vejatorios a lo largo del paseo marítimo, hay que intervenir y pedir perdón. Ahora bien, si ustedes no comparten mi llamada y ven que existe química entre el amo y el mono y que hay una intensa relación sentimental y laboral entre los dos. Eso sólo puede significar dos cosas. O bien, a todos, ya os da todo igual. O bien que los dos se quieren de verdad.

1 comentario:

  1. Tengo ochenta años, pero aún recuerdo que cuando tenía diez, ya se paseaba un "chibani" por todo Tánger con su mono. El animal obedecía a su dueño al pie de la letra y encadenaba las diferentes secuencias de su actuación a toda velocidad como queriendo quitarse de encima su fastidiosa obligación lo más rápidamente posible.
    Guardo en mi memoria los aterrorizados ojillos del simio que no perdían de vista a su dueño ni un segundo.
    Juan VEGA

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