viernes, 24 de enero de 2014

EL MEALEM DEL FARRAN (EL MAESTRO DEL HORNO)

Tánger, Junio de 2011
Esta profesión podía ser el peor y el más difícil trabajo del mundo, y a la vez, ser muy personal y admirable. Para empezar, la historia de esta profesión se distancia largamente en el olvido y su remuneración ha estado siempre, todo el tiempo, por debajo de su valía. No por nada, sino porque me parece injustamente valorada. Yo, personalmente, pongo la actitud por encima del proceso y del resultado. Es un trabajo duro, no se aprende en dos días y no permite equivocarse. Complicado, porque hay que estar al día y llevarse bien con los clientes. Esta profesión, que nunca seré capaz de hacer yo: enfrentarme a un horno de leña y hacer simultáneamente varios seguimientos personalizados para cada hogar, es uno de los criterios a valorar. Debía ser: ¡la mejor profesión del mundo! creo que hay cosas e individuos que la tienen, y espero que no la perdamos. Creo en los valores, como el sacrificio de la práctica diaria. Creo en lo que nos une, el pan recién hecho de todos los días, creo en el esfuerzo. Sé lo poco y lo fácil que cuesta meter decenas de panes en el horno y vigilar solo el tiempo del horneado, pero ¿y saber de memoria diferenciar y separar encargo por encargo? ¡Un misterio!
Creo en lo mucho que vale esta persona.

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