miércoles, 12 de marzo de 2014

¡NO ME TOQUES LAS FRESAS...!

Jornaleras marroquíes trinchadas en el puerto de Tarifa
para su posterior viaje en autobús a Huelva (5/2/2014).
¡Tócate las narices!,No me toques las fresas de Huelva pero, los derechos de la mujer trabajadora ¡al carajo!. Las autoridades se esconden  en la única excusa de salvar el 94% de la producción fresera nacional. Así que, el grueso del “tinglao” se concentra en tierras onubense. Un trabajo duro y rechazado por los lugareños y el resto de los parados del país.¡Qué casualidad!, forzados recurren a la  mano de obra extranjera, en concreto la femenina marroquí y llaman a este fenómeno extraterrestre, “las jornaleras migrantes”. Femenina, según capricho e indicaciones de los contratantes, es por la delicadeza y la sensualidad de sus manos y dedos, ya que los varones por naturaleza, son brutos para manipular un producto tan fino, paradojas de un sistema fraudulento y contradictorio. 

En democracia, los derechos básicos humanos son determinantes, ¡ahí está!, el Día Internacional de los Derechos de la Mujer. Púes gracias al inconformismo, las mujeres se sienten  víctimas por la imparcialidad y la desigualdad, razones para salir a las calles dando  ejemplo a los hombres.¿A ver quién es el guapo que diga lo contrario? aquí somos todos, reivindican ellas. Así que por fin, llegó el día donde los hombres se sienten culpables. 

¡Cómo hemos evolucionado! La democracia nos permite únicamente y festivamente sacudirnos en un campo de batalla tranquilo y apacible, de violencia nada. Es una lástima que a nadie se le ocurriera algo similar en los campos de fresa, Igual nos habríamos ahorrado una salvajada y un espectáculo bochornoso. Si no lo sabes, ahí la mujer esta sumisa a una clara ideología infalible de esclavitud denigrante, a una explotación infrahumana. Púes si es cierto, hay que verlo para creerlo, todo ha sido perfectamente calculado. Nadie se muestra especialmente beligerante para levantarse y parar esta vergüenza. Por si esto fuera poco, las jornaleras migrantes no saben hablar el castellano, la mayoría no saben de la existencia de una situación llamada indefensible y vulnerable. El maltrato llega hasta tal punto, de no poder ir ni siquiera al baño, si no es con el consentimiento de sus superiores. Están continuamente humilladas,  insultadas y amenazadas. Los compinchados de esta trampa habían redactado un contrato laboral chapucero y ambiguo, la suerte ya está echada y las jornaleras han picado el anzuelo.¡Vaya estrategia, criminal!.

La contribución de estas mujeres migrantes, mal pagadas y discriminadas, ha sido clave para entender la pervivencia y el desarrollo de buena parte de la producción agrícola no solo de Huelva, sino de toda España. Estas jornaleras honradas, están dejadas de la mano de dios, indefensas y vulneradas, no tienen acceso a la ayuda legal para denunciar situaciones de maltrato y a veces hasta incluso llegar a abusos sexuales.
Jornaleras marroquíes de fresas en Huelva
a su llegada al puerto de Tarifa el 5 de febrero de 2014.
La migración circular quiere decir: la contratación en el país de origen, es un proceso de entrada, estancia y regreso controlados de las jornaleras. La mayoría de ellas están seleccionadas lamentablemente según la descripción social y la situación de necesidad y de penuria en la cual se encuentran. Por si las moscas, y para que no se escapen de los campos, están despojadas de sus pasaportes durante los cuatro meses, se los quitan en las navieras durante la travesía Tánger-Tarifa. Aglutinadas amenazadas y separadas del resto de los pasajeros tanto en el barco como a su llegada al puerto marítimo español. “Nos tratan como animales” me grita una de las mujeres al pisar el suelo, las demás mujeres al pasar delante de mí, agachan la cabeza y se tapan la cara de vergüenza para no ser fotografiadas. Esta  imagen de estas pobres criaturas es inaudita e indignante. 

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