sábado, 15 de noviembre de 2008

VIDAS CRUZADAS.

Dedicado a la memoria de los ausentes.
Oscar Wilde: Algunos reparten felicidad donde vayan, otros cuando se van.
Boulevard Luis Pasteur de Tánger. Agosto de 2013.
Foto Abdellatif Bouziane.
Todo occidente se había rendido, fascinado y sucumbido ante aquella memorable generación de viajeros que se empeñaron en desembuchar un recóndito Marruecos, a través de la ciudad de Tánger. Perezosos y ansiosos, al mismo tiempo, aquellos artesanos del culto plasmaron con sus historias multitud de experiencias, a través de un conocimiento rebelde, y todo ello sin irse tan lejos de casa. Eran rutas espinosas y a la vez seductoras; rutas de droga, de sexo, de alcohol y de juergas nocturnas. Lujuria a tutti plein.

Todo empezaba en el puerto. El efecto llamada equivalía a varios y sucesivos desembarcos de aquellos aventureros en Tánger, una ciudad librada a su suerte. Un escondrijo de lujo, demasiada flexibilidad, y por allí desfilaron hombres de negocios, espías, contrabandistas, traficantes, prostitutas, militares retirados, excéntricos escritores, poetas, pintores, fotógrafos,... De pronto un aspecto bohemio se apropio del cielo protector de Tánger. Era un destino clandestino donde las almas de aquellos personajes se volvían adulteradas, los cerebros despreocupados y los cuerpos desatados. Todo el mundo presumía de ser bohemio y ambiguo. En fin, sus vidas ya estaban sin querer cruzadas y revueltas. Algunos excesos se pagaron caros y la respuesta, mi amigo, estaba en el aire. No se pueden explicar los motivos de aquellas desgracias. Por ejemplo, las misteriosas desapariciones de algunas leyendas que formaban parte del mito que fue Tánger.

La identificación de uno u otro importaba poco. Eran tiempos de andar suelto y sin ningún tipo de documento encima. Eran tiempos de diplomáticos jubilados, de espías solitarios, de judíos millonarios y de magnates rusos. La crueldad de algunos radicales gobiernos y sus malditas guerras había provocado la propagación de aquellas criaturas por una ciudad que entonces gozaba de un estatus internacional protegido. Una cadena interminable de anécdotas y historietas, más o menos creíbles, nos hacen respirar la respuesta, amigo, de aquel aire bohemio, intelectual y clandestino. Relatos escritos desde los inolvidables cafés. Miradas contadas desde los míticos balcones y miradores. Sueños eternos narrados desde los cócteles del humo de hachís, desde los perfumes de las flores y desde el sabor del té a la menta.

Hay que entender que la respuesta de esta ciudad, amigo, estaba en el aire del puerto de su bahía. La respuesta, amigo, estaba en el aire de sus murallas y de la casbah. Nosotros como simples espectadores y ellos, mientras tanto, se paseaban en coches nunca vistos, vestidos con ricos trajes complementados con corbatas al último grito. La respuesta, amigo, estaba en el cementerio donde descansan los restos de sus preciadas mascotas. La respuesta de la historia de Tánger, amigo, estaba en el amor, en la libertad, en las preferencias sexuales, en el sentido del humor, en la amistad y en nuestra memoria colectiva. La respuesta de la historia de Tánger, amigo, estaba vinculada a las vidas cruzadas de aquella generación revolucionaria, borracha de culto, que conformaban un laberinto mareante de personas, tradiciones y, sobre todo, hospitalidad.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Triste funeral solitario.

Un cielo protector, un azul eterno de oriente, aromas de hierba buena sobre los acantilados, se fumaba kif contemplando el estrecho,… Era el lugar perfecto, una ciudad de pecado, una imagen apacible y cosmopolita, sin fecha. Una atracción especial y un hecho exótico se promueven entre un hombre y una ciudad. Justamente allí, en un puerto mediterráneo de ayer, empezó una historia sin retorno. En un espacio que parecía un teatro y que no tenía pinta de ser inaugurado en breve. Una singular novela narrada en un acalorado verano. Una instantánea de cine recogida en las puertas del cielo. Era el principio de un viaje sin rumbo, un sueño en un tiempo difícil de comprender. Se trataba de una calle de canciones, de una ciudad de alegría, de palabras y de música. Sin respiro ni aliento busca las brisas del océano y el mismo aire de la eternidad, incluso en los últimos días de su mundo. Con palabras entre él y la única ciudad, se saludan, se seducen y juntos rinden homenaje al universo esplendoroso y firme. Es la historia de un liberador de conciencias, de un observador cultural y de un compositor de música. Es la supervivencia de un viajero solitario y de un nómada humilde. Es la narración de un encuentro de autor con una extraña inclinación, y vacilación con los vientos de la pasión. Parece una llamada de auxilio de occidente fascinado por oriente. Una obra definitiva y experimental de autor.

Una experiencia inolvidable interpretada magníficamente en aquella ciudad. Allí hablaban los relatos y los libros de una parte de nuestro mundo. Era Conocedor de la realidad urbana y, ¡qué fácil fue su integración! Mensajes vibrantes, paseos narrativos y voces cautivadoras. Tenía que ser su estilo muy cercano. Un enclave histórico, una ciudad bisagra entre el norte y el sur. Múltiples anécdotas coronaron su profundo conocimiento de la ciudad. Era un melancólico, un aventurero de la memoria y del saber. Tenía que haber sido el representante diplomático de la palabra y de la música en algún lugar del globo. Ha elegido el sosiego y el encierro para pintar con elegancia las líneas de su mapa emocional. Es el espejo confesional, condenado a desvelar las aventuras eróticas y a atravesar la fragilidad de la memoria. Dolido por el amor de una ciudad laberinto y la perdida de su mujer, quien murió en Málaga en 1973 después de un enfermedad mental. Su patria estaba ahí, escondida en el recuerdo del futuro, y que más tarde alcanzó una respuesta en un duro y solitario invierno, yéndose al cielo dejando todos los pecados afuera. Por eso, los diplomáticos, se sabe, están excluidos de cualquier control. Ha debido de transformar por momentos sus memorias y sus páginas de su ciudad entretenida, lúdica y ceñidas de placer hasta el último día.

Aquel escritor americano, que en su momento huyó de Estados Unidos en un característico gesto de su tiempo, escribió: "Ni cuando esté muriéndome voy a decir que hubo una época en la que me sentía maduro, porque uno siempre está cambiando y nunca llega a nada. Llegar a algo tampoco es necesario. Morir sí, todo lo inevitable es necesario". Aquel hombre era muy apreciado por toda la ciudad y parte del resto del mundo. No en vano, y paradójicamente, el cielo protector dictó sentencia a uno de los más grandes escritores de su siglo, a pesar de ello terminó relegado, en el depósito de cadáveres, con la única presencia notable de un anciano y retirado cónsul estadounidense de su ciudad amada. Así de egoísta es la vida. Su ciudad se ha quedado huérfana, comento uno de los pocos presentes anónimos. No hubo ni ceremonia, ni homenaje, pero tuvo en todos los rincones de la tierra multitud de generosas páginas dedicadas a su muerte. Así fue el destino de aquel legendario novelista.

PAUL BOWLES, retrato de Rudolf Häsler.

El 18 de noviembre murió en Tánger, Marruecos, aquel escritor estadounidense último exponente de la generación Beat de los cincuenta y creador de la jungla roja. Falleció en el hospital Duque de Tovar, afectado por problemas cardiorrespiratorios, a los 88 años de edad. Había nacido en Nueva York en 1910. Había sido amigo de William Burroughs, de Jack Kerouac, de Tennessee Williams, de Truman Capote y de Allen Ginsberg, entre otros. Su primera novela “El cielo protector” fue publicada en 1949, y una versión cinematográfica de Bernardo Bertolucci, a finales de los ochenta, hizo que recobrara la atención del gran público. Había escrito y compuesto piezas para obras de Tennessee Williams, de Jean Cocteau y de Lillian Hellman. En 1943 Leonard Berstein estrenó su pieza The wind remains basada en la obra “Así que pasen cinco años” de Federico García Lorca. Colaboró con cineastas de la talla de Orson Welles, John Huston y Elia Kazan.

LOS HUEVOS DE UN HOMBRE LLAMADO “ARISTÓCRATA”.

Palabras de agradecimiento de Fernando Sánchez Dragó por estar invitado a la ciudad de Tánger:

«“Es que vengo de Tánger, y no queda allí nada que no sea recuerdo de la muerte. Recorrer esa ciudad es angustioso, si quien lo hace la compara con lo que fue. Ruinas de Itálica, amarillo jaramago, inútil búsqueda del tiempo perdido. El Gran Café de París, en cuyos divanes centelleaban los escotes de las aventureras, las millonarias, las cocotas, las artistas, las huríes y las damas de antaño, es ahora lóbrego cubil de varones de gesto torvo. No se ve allí una sola mujer ni, por supuesto, cabe pedir al camarero un cóctel. Es el monoteísmo. Donde pisa no vuelve a crecer la hierba. Tánger era una ciudad pagana. Todo el Mediterráneo lo fue. Entropía.
Mejor no hablar. Tampoco lo haré del Festival de Cine que me llevó hasta allí para intervenir en una mesa redonda sobre el diario España. Fue un desastre (el Festival, no la mesa): caspa, desorganización, cutrerío, tacañería, vulgaridad.
La de Loles León, por ejemplo, que hizo cuanto estaba en su mano (nunca mejor dicho) para convertir la estatuilla del premio Hércules en un consolador barato de tienda de barrio chino. ¡Y eso ante gentes tan recatadas como en todo lo relativo al sexo lo son los musulmanes! El espectáculo fue bochornoso. Las autoridades españolas presentes en el acto se cubrieron de gloria y nos cubrieron de mierda. España cañí. ¿Pero no estábamos en crisis? ¿A qué viene tanto derroche inútil?
Algo es seguro. Nunca volveré a Tánger. Se acabó esa ciudad, en lo que a mí respecta, para siempre. Tampoco volverán a invitarme los malagueños del Festival de Cine. Pónganme esos individuos con mando en plaza en su lista negra. Todos contentos: ellos y yo.”».

Todo eso, y repito todo eso, está publicado en su propio blog y en elmundo.es. Un fenómeno integral de la tercera fase, de profesión fantasma y se considera aristócrata: "y una mierda”. Me pregunto: ¿quién se atrevió a invitar a este fascista al festival de cine de Tánger y a la mesa redonda sobre el diario de España en Tánger? Francamente, penoso. Señores, es para pensarlo. Y aquí tenéis algunas de sus gilipolleses y, justamente, las publica antes de emprender su viajecito a Tánger. A toda pastilla nos larga, y nos deja así sin más, estos ejemplares consejos del saber estar como buen españolito:

« “El canon debería avergonzar a los españoles” El regreso de los ex”
“No soy demócrata, soy aristócrata: gobierno de los mejores. El sufragio no debe ser universal. Mi voto no vale lo mismo que el de quienes ven los programas de telebasura. Deben votar sólo los ciudadanos, no los súbditos. Pero allá ellos. ¡Libertad, fraternidad, desigualdad”
“ (…) En cuanto a la inmigración, cerrojazo, o pereceremos como pereció Roma. Sobran la mitad de los que han entrado. ”
“ (…) La izquierda es una impostora: el reino de la mentira. Lo único que le interesa es el poder y, como al desaparecer la lucha de clases ha perdido su electorado, lo busca desesperadamente, sin escrúpulo alguno, donde sea. En el Islam, por ejemplo. La inmigración es su última esperanza. Está condenada a la extinción.”».

La inmigración, es evidente, debe someterse a un control social, cultural y de población. En diversos barrios europeos hace tiempo que ya se ha creado todo un crisol de realidades sociales como un modo y un sistema nuevo de coexistencia, así como unos aspectos comerciales muy propios. Hay ciudades multilingües donde, al lado de los edificios modernos y acristalados, los transeúntes bregan entre si, vestidos con contrastes totalmente disparejos, mientras en constante orgullo están batallando sobre como cohabitar juntos.

La inmigración en Europa data de los años 60 y quedó consolidada diez años después. Actualmente, el cerrojo fronterizo, las leyes inmigratorias de la reagrupación familiar, el disparado aumento de la natalidad, los efectos “llamada” y la inmigración ilegal han dado como consecuencia la imposición del control social y del aumento de seguridad. El objetivo ahora sólo radica en la intervención y la integración, misión nada fácil. Comunidades diferentes, barrios nuevos, mercados propios, religiones y costumbres distintas, hábitos culinarios dispares, y cientos de negocios regentados por personas de origen extranjero: carnicerías, tiendas de ropa, locutorios, peluquerías, cafés, etc. Y el resto del personal dejándose la piel, currando al frío y de noche, en transportes públicos, en limpieza, en construcción, en agricultura, en hostelería...En definitiva participando plenamente en la construcción de Europa.

¿Cómo un personaje de semejante calibre se aventura a pisar el suelo de sus antepasados? El suelo de los pobres y humildes esclavos, de los soñadores de la igualdad y del bienestar, de los hijos de la cultura árabe (la mas bella y la mas poética de la humanidad)... Mientras, sin corte, este recién llegado: el fantasmón honorable Sánchez Dragó, nos advierte y, ¡con qué mala pipa!, nos habla el gachó del potencial peligro de estas comunidades.

Fernando Sánchez Dragó es actualmente presentador de un informativo de la televisión pública Telemadrid, donde la hipocresía campa por todas partes y donde la libertad de expresión no tiene límites.

Así es como este ladrón de nuestra hospitalidad y de nuestros placenteros banquetes, sencilla y llanamente puede despachar, con una mezcla de ignorancia y pedantería, a estos seres la mayoría obreros, algunos de su propia sangre, sangre ibérica, y otros hijos de la mítica ciudad de Tánger, insultando y llamándolos a diestro y siniestro horteras, incultos, ordinarios y vulgares. Intolerables son los contrastes de este hombre, llamado aristócrata, que debería pasar por el quirófano, pues no le vendría mal al enano un poco de cirugía estética.

La misteriosa desaparición de Jane Bowles.

En aquella Tánger tan distinguida por sus calles discretas y estrechas, que se levanta sobre varias colinas, se desarrolla nuestra intima y memorable historia. Era un lugar paradójico y perfecto para un suceso de profunda locura de amor.

En una casa en la casbah, entre aromas de kif y sombras mágicas, vivía "Cherifa". Mogollón de curiosos y de turistas la buscaban. Libros, poemas, fotografías, pinturas, todo tipo de objetos,… y un sinfín de preguntas sin respuestas. Confiesan que fueron incapaces de llevarse de allí nada. Cualquiera que quería verla tenía que acudir al zoco chico, y allí Cherifa, por tan sólo unos pocos Dirhams, dejaba ver su rostro. Difícil acceso para un encuentro con el mismísimo diablo. Nadie se atrevió a mirarla jamás a los ojos, o a preguntarle por Jenny. De todos modos Cherifa era analfabeta y solo hablaba, y no muy bien por cierto, un dialecto marroquí. Una vez delante de ella, uno se daba cuenta de lo maligno y feo que puede llegar a parecer el ser humano. Era vieja y su aspecto era el de una prostituta retirada. Un verdadero personaje raro.

Jenny nació en el seno de una familia judía neoyorquina. Era siempre inquieta. Tenía un sentir de amar y, sobre todo, una forma de escribir excéntrica y diferente. En sus fotografías se puede captar esa rareza. La llamaban el camaleón porque nunca era la misma. Estaba casada con un brutal intelecto. Acomplejada por su superioridad, y por su terror a la página en blanco, estaba siempre convencida de haber escrito solo bodrios, y simplemente pensaba que su carrera literaria era un fracaso, con o sin trabajo, y además estaba convencida de su falta de talento. De pronto algo sucedió y sus caminos se separaron. Entonces Jenny dio rienda suelta a su orientación sexual, viviendo varias aventuras lésbicas, y el propio Paul, por su parte, se manifestó con ambigüedad en sus tendencias homosexuales. Ella siempre manifestó su pena por no haber coincidido con Paul, amén de predicar que el amor es ciego.

Jenny, sin rumbo, y desanimada tras ser abandonada por sus amantes, se introduce en el mundo de las drogas y del alcohol, sin control alguno. Herida y aburrida se cruza en su vida Cherifa, aquel diabólico personaje que empezó siendo su sirvienta y terminó explotándola sin piedad. Para Jenny era una relación difícil y dolorosa. Atrapada, dependiente y ansiosa de agradar a su amada, se vuelve ridículamente sumisa a sus deseos concediéndole sus vestidos, sus joyas y la mayor parte de su dinero. Quedó aprisionada y perdida en el tiempo, cautiva de una maga que dicen está vagando en el desierto. Los rumores de la medina decían que la supersticiosa criada la había hechizado. ¿Chismes y anécdotas?. La historia es así de cruel, y Jenny abandonada otra ves mas, achacaba la perdida de su amada a la magia y al misterio de la literatura. Jenny, creía que Cherifa la tenía embrujada y que le habían dado un brebaje mágico con el propósito de amargarle la existencia. Su unión apasionada y destructiva con esa mujer, y su bloqueo incomprensible como escritora, serían el remate final de su perdición; algo que Bowles nunca ha desmentido. Eran síntomas de una muerte anunciada.

Dicen que Jenny se esforzó por mantenerse activa hasta el final, escribiendo y leyendo, cuando no estaba sumida entre tormentos y obsesiones. Sola, y abandonada por todos sus amigos y por su cerebro, Jenny nunca pudo terminar su obra, ni demostrar que las visiones de la vida son siempre opuestas entre los dos miembros de cualquier pareja.

Por desgracia, tras un ataque de apoplejía en 1957, Jenny perdería gran parte de sus facultades e incluso casi toda la visión, y tras perder la poca razón que le quedaba, es recluida en un psiquiátrico de Málaga, siempre acompañada de Bowles quien incluso le perdonó que cediera sus bienes a Cherifa. Finalmente, tras un ataque de hipertensión, semi inválida y ciega Jenny, quedó recluida en la Clínica de los Ángeles de Málaga, de donde nunca saldría ya por su propio pie.
Muere el 4 de mayo de 1973. En el historial clínico figura claramente su final traumático, duro y agobiante. Lamentablemente hay amores que matan.

La obra literaria de Jane Bowles es breve, pero importante. Hoy son consideradas de culto sus obras: «Dos damas muy serias», novela, «In the Summer House», teatro, y «Placeres sencillos», libro de relatos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

La costumbre de Regatear.

LA MEDINA DE TÁNGER.

Las Medinas deben ser declaradas patrimonios de la humanidad. Cualquier Medina se distingue por su peculiar primer impacto, por sus olores y aromas, por sus calles estrechas que forman exclusivos laberintos y por su breve luz celestial. Cualquier Medina se distingue por las miradas indescifrables de sus transeúntes y por sus casas que se elevan hasta casi unirse. Cualquier medina se distingue por incitar la curiosidad y por ser el objetivo constante de las instantáneas fotográficas. Cualquier medina se distingue por sus inquilinos desconfiados y pícaros que creen que los visitantes les están robando poco a poco sus almas. Cualquier Medina se distingue por estar amurallada con varias puertas de acceso. Cualquier Medina se distingue por la aparición de la nada de niños y vendedores ambulantes. Cualquier medina se distingue por la multitud de bazares y tenderetes que inducen a la compra, basada inefablemente en la vieja práctica del regateo. En fin, en su entrañas debatir el precio de un artículo puede llegar a ser un arte. Así ocurrió, hasta el día de hoy, en los mercados y zocos de las Medinas.

El arte de regateo en una medina es una forma de comercio diferente y auténtico, es una práctica casi obligada, es un intercambio de contraofertas, es como él coqueteo o el ligoteo y es, indudablemente, un juego ambiguo del entendimiento. En el regateo se emplean los gestos, es una forma de comunicarse, es como una conquista amorosa donde la clave está en el sentido del humor y el buen rollo que marca cada uno de los contrincantes: vendedor y comprador. El regateo es un mercadeo muy peculiar, es un trato que tiene reglas y códigos propios. El regateo es un querer de conquistar. El regateo va en paralelo con el placer de negociar y va mas allá de un simple intercambio económico. En el regateo el valor del artículo es relativo y nunca el mismo, no existen indicadores comerciales ni precios fijos. El Regateo no es un reclamo, no es pedir tampoco un descuento y no es un trueque. Claro está que todos nos ponemos contentos cuando pagamos menos, pero el regateo es mucho más que eso. Es una disciplina que tiene tres fases principalmente: la primera sería una puesta en escena teatral, la segunda fase sería la argumental y la última pura matemática. El regateo es una disciplina donde se mezclan la firmeza y la convicción, el ingenio y la picardía, e incluso el amague del abandono. El regateo es divertido y apasionante. Es una oportunidad.

No se regatea con alguien, se regatea contra alguien. El regateo es una lucha feroz por conseguir el máximo beneficio. Hablando con propiedad se regatea el precio y no el producto. Regatear no tiene nada que ver con el timo, ni con la coacción, ni con el enfado y la indignación, ni con la confusión y la presión, ni con la incomodidad y la violencia. El regateo debe ser la pura expresión del reflejo de alguna de las fibras más profundas de la cultura tradicional que despierte la fascinación y la atracción de los viajeros y les recuerde que, en los tiempos remotos, entre todos los mercaderes se usó la práctica del fenómeno milenario del “Regateo”. Yo entiendo que el regateo forma parte de la vida cotidiana de Marruecos, como también ocurre en la mayoría de los países árabes. En él solo las palabras sirven para sellar el trato. Es imposible atravesar la medina, entre ese baño de gentes, y no tener la tentación de descubrir la otra dimensión de las reglas convencionales de los mercados, el regateo.

Allí, Hay ritmo, hay un orden mágico, percibes una vibración que te embarga. La gente no corre, ni casi anda, sino que simplemente se desplaza. El regateador debe aprender que comprar no siempre es cuestión de dinero sino que, en muchas ocasiones, se trata de tiempo, paciencia, imaginación y astucia. Un antiguo refrán marroquí dice "quien tiene prisa está muerto". Debes conservar siempre el buen humor, tener argumentación para todo tipo de estrategias, saber que el buen regateo termina siempre en un pacto entre caballeros y que el hábil comerciante jamás aceptará un precio sin margen de ganancia.

A TUMBA ABIERTA.

“El ultimo informe oficial de la seguridad vial del ministerio de fomento y transportes marroquí destaca el aumento de un 14% de las víctimas mortales en accidentes de tráfico durante los cinco primeros meses de 2008. Esta tendencia al alza del número de accidentes mortales se ha visto acompañada con otro número escalofriante el de heridos graves que registró una subida del 10,38%. Estadísticas que ponen los pelos de punta.”

Las carreteras de la región de Tánger–Tetuán siguen sin cesar provocando muertes sin piedad brutalmente. Las cifras de los balances se parecen a las de una guerra. A diestro y siniestro los conductores, y los ciudadanos de a pie, ven truncadas sus vidas en medio de estas sangrientas carreteras por graves accidentes de trafico.

La escalada vertiginosa de fallecidos por accidentes de tráfico está declarada. Las tragedias en la carretera ponen patas arriba a los contados hospitales que no dan abasto, desbordados, no pueden responder eficazmente a este aumento progresivo. Se comenta por allí que los verdaderos culpables son los puntos negros de las vías, y que sólo falta contabilizarlos para proceder a intervenir. ¡Qué paradoja!

Señalar a los responsables sería como la fábula de quien fue primero el huevo o la gallina. Sería como empezar a culpar a los propios desgraciados, misión imposible porque no están allí están muertos, o a la propia fatalidad de los accidentes, eso es de torpes o mejor dicho es, simplemente, hacer el tonto. Yo entiendo que se debe señalar a los responsables de las rotondas siniestras que provocan las maniobras violentas, a los responsables de las curvas sorprendentes, a los de la iluminación insuficiente, a los de las vías estrechas y desniveladas, a los de la mala calidad del asfalto, a los responsables de los malos conductores con sus excesos de velocidad y con su incumplimiento de las indicaciones, a los responsables del mal estado de la señalización, a los que permiten la circulación de los coches en mal estado, a los que no impiden las sobrecargas en los vehículos y furgonetas, a los responsables de la invasión de las carreteras por los transeúntes, etc. Igualmente entiendo que también se deben señalar a los responsables del balance, con una tendencia ascendente de números rojos, de multitud de vidas extirpadas y de miles de mutilados destrozados. Suma y sigue.

No basta solo con las comisiones de investigación, con las campañas de sensibilización, con los mensajes de los medios de comunicación oficiales o con los controles y las medidas correctivas. No basta con los programas de prevención y con los discursos oficiales, y no basta con las promociones de nuevos proyectos. ¡Hasta aquí hemos llegado! Tenemos que seguir conviviendo, a tiempo real, con nuestras carreteras, se trata de mantener las que tenemos y construir, al mismo tiempo, otras más fiables y más seguras, pero procurando sin ningún tipo de peros resolver y depurar nuestras irresponsabilidades. Debemos combatir esta plaga de inseguridad vial y, si queremos dejar de contar los muertos de esta manera tan salvaje e inhumana, debemos afrontar, sin rodeos, las verdaderas causas. Mientras a rezar. ¡Cuídate amigo!

“Otros Rostros” viaja a México

En relación con mi última exposición titulada “Otros Rostros”, mi amigo Mehdi Mesmoudi se atrevió en incluir mis obras en un artículo dentro...