jueves, 30 de julio de 2009

El Hijab y el trasero apretado.

Me pregunto cómo debe ser por dentro el cuerpo de un ser vestido mitad occidental y mitad oriental, o mejor dicho mitad cristiano y mitad árabe. El hombre necesita su auténtica esencia, su auténtica filosofía para su ser y para estar entero y no divido en dos. Algunas van andando por la calle con el velo o Hijab tapándole todo el cabello y, a la vez, exhibiendo su trasero grande, súper apretado, al que dan forma y voluptuosidad enfundadas en un tejano último modelito que cuesta el módico precio de 120 euros, aproximadamente.

Se debe y se requiere una cierta forma de vestir. Se debe estudiar sólo un poco de geometría y no la metafísica. Uno no debe ir por la calle vestido de astronauta o de torero, resultaría extraño, pero si puede ir vestido entero de Hare Krishna (si lo es realmente) para eso no hace falta geometría. Hoy no hay límite en la indumentaria personal, puede ir uno vestido, por ejemplo, incluso con la camiseta de la selección nacional de fútbol o con un bañador visitando todas las tiendas de un moderno centro comercial. No sé si el fenómeno es debido al cambio climatológico o a la estúpida globalización. Yo soy un mecenas de las libertades, estoy plenamente a favor de ellas, pero esta nueva moda me arroja a una compleja mixtura de contradicciones hasta tal punto de llegar a pensar que aquí vale todo o, por el contrario, falta mano dura.

La libertad está ligada con el saber y la cultura, ¡qué se lo pregunten a la gente del tercer mundo! Prohibir o imponer vienen a ser la misma cosa, si se piensa fríamente. Yo puedo hasta admitir que cada uno se vista como le da la gana, pero, por favor, no partido por dentro ni por fuera. Sería horroroso combinar el velo con pantalón corto o con la falda estrecha. Algunos lo interpretan como un acto de rebeldía, otros lo ven como una expresión corporal sensual y exótica y otros como una consecuencia de la declaración de los derechos humanos y de la lucha feminista.

La alianza de civilizaciones está para promover las distintas culturas, pero, insisto, respetando su auténtica esencia. No se trata de saltar una sola vez en su vida con los Masáis y gritar cumplido el enlace. Hay que promover la «paz y la hermandad» con los pueblos del mundo y no hacer el ridículo y partirse por la mitad presentándose con velo y a lo loco, falsa y descafeinada. La alianza de civilizaciones no debe ser una feria ni un mercadillo, ni tampoco debe ser sólo reclamo y atracción para la curiosidad.

Los velos y los traseros apretados ya están de moda aquí y en Perú. Mientras tanto que se reúnan las condiciones óptimas para los vínculos de las dos partes quebrantadas, tenemos el deber o de estudiar y enseñar geometría, o de que cada uno se vista como le salga de los cataplines.

BAB EL-ASSA, LA PUERTA DEL JUICIO.

Bab El Assa, lo que significa puerta del bastón o puerta de los azotes, está anclada en el corazón del Alcazaba. Hoy es solo historia, pero fue en otros tiempos pasados el escenario de innumerables actos justicieros, aplicados a diestro y siniestro, sin piedad, bajo la atenta mirada de cientos de ojos humanos. Pura violencia para acatar delitos carnales incontrolados.
BAB EL-ASSA TÁNGER.
Para unos, el bochornoso espectáculo se presentaba como un castigo ejemplar, pero para otros como un placer culpable. Se trataba de infringir repetidos centenares de azotes así como una disparidad de correctivos para el disfrute humano, si uno quería, incluso en familia. La entrada era gratuita, no había limite de aforo, ahora bien, claro está, los que estaban detrás debían ponerse de puntilla. Eran penas para poner a la carne débil en su sitio, para tratar de convencer a los pecadores de que no volvieran a quebrantar las normas y para que se arrepientan de una puñetera vez.

La vergüenza la tenían que pasar los sufridores durante el entretenimiento que, por su morbo, aglomeraba a muchos curiosos. Aburrido, el espectáculo no lo era, pero alegre, tampoco. Aquellos personajes castigados, justo después de las atroces palizas, debían afrontar un segundo castigo tan brutal como el primero: nada más y nada menos que retomar de nuevo su vida normal. Las sanciones eran ejemplares y públicas para escarmiento de los mirones. El perdón no se concedía a nadie, sólo a los privilegiados hijos de la élite. Sencillamente una actitud inhumana, absurdamente feroz, incomprensible en nuestros tiempos y en una sociedad actual, pero en aquellos tiempos, con firmeza, obedecía a razones sagradas y costumbristas.

Eran palizas tan brutales que casi conseguían la expulsión de aquellos seres de la tierra que habitan. Adulterios, calumnias, consumo de alcohol, pequeños hurtos…eran las razones perfectas para celebrar el festejo, pero siempre con la condición de pillarlos “infraganti”, o con el testimonio de al menos cuatro testigos presenciales, o el dictamen de los inspectores islámicos. Las sentencias no prescribían, y eran ejecutables siempre que a uno se le declaraba culpable.

Hoy tengo una sensación amarga cuando pienso en tan crueles castigos y en aquellos seres humillados y abatidos en presencia, siempre, de sus semejantes. Me siento indignado, pero no soy juez ni, gracias a Dios, fui testigo de aquella época. Mi corazón esta a punto de dar un giro de 180 grados y, pensándolo fríamente, sí me apetecería vivir aquellos espectáculos multitudinarios, mi cuerpo me pide salsa. Habría que endurecer el código penal, sería ejemplar lapidación o los azotes para los políticos corruptos. Así no volverían a salirse cínicamente con la suya dejando que con el paso del tiempo sus delitos quedasen solamente tipificados. Me siento inútil viéndolos con sus “caras duras” y con sus costosos trajes paseando en lujosos cochazos, pagados por nosotros. Yo, los declaro culpables de pasarse “siete pueblos”. Deben recibir un adecuado y merecido castigo, sin piedad, y que sea ante nuestros ojos. No pueden seguir disfrutando de una apacible vida vigilada por guardaespaldas, que también pagamos nosotros. Estos chulescos personajes, deshonestos políticos y ladrones de guante blanco, deben sentir en sus entrañas toda la angustia de sus pillerías y pagar por el dolor causado a las pobres familias que religiosamente pagan sus impuestos para uso y disfrute de ellos. De verdad, quiero verlos sufrir con mis propios ojos.

viernes, 24 de julio de 2009

Ulises, el mal del inmigrante.

Una vez uno está fuera de su país, no de turista, sino de inmigrante se dispone ambicioso a obtener papeles, un trabajo y una nueva oportunidad. Se presenta con un espíritu, en general, luchador y guerrero. No tarda en recibir, como premio de bienvenida, un montón de azotes por todas partes y, a veces, hasta llega a ser odiado. Contra todo pronóstico, o propósito, acepta y se adapta al nuevo entorno. ¿Cómo lo consiguen?, ni pajolera idea. Debe ser algo parecido a un experimento psicológico sobre la adaptación humana a circunstancias adversas. Algo así como un acto de penitencia. Lo cierto es que su futuro es imprevisible. Su vida se vuelve fría y falsa, llena de vacíos y sensaciones angustiosas, como si le faltase algo, ¡qué sé yo! En apariencia, según su aspecto, parece que está a gusto, que va suelto y sobrado incluso con aires chulescos, como si lo supiese todo, aparentemente no necesita nada y no le falta nada: ¡No es posible! En el fondo debe sufrir, dentro de sus entrañas, una desconexión territorial y una carencia permanente en forma de soledad y nostalgia.

Este hombre inmigrante se ha convertido en un ser prefabricado y exiliado. Se ha convertido en un ser descafeinado y artificial. Y es que ahí, precisamente, donde reside mi artículo de hoy. Quiero hablar del secreto escondido detrás de esos rostros foráneos, rostros sentenciados a quedarse, rostros resignados a acostumbrarse. Quiero hablar de aquellos rostros que abandonaron sus hogares, rostros de mil batallas, rostros imprecisos vagando por el mundo, rostros perdidos en su camino de vuelta, rostros que secretamente añoran su tierra de origen y están despojados de toda posibilidad de volver a ella.

Este hombre inmigrante debe disimular un estrés crónico, un desequilibrio psicológico asociado a este brusco cambio de entorno. Así que es como el dicho popular “una de cal y otra de arena”. Este hombre se ve obligado a camuflar su historia pasada y disfrazarse de otra persona haciendo esfuerzos titánicos. Su soledad se ve truncada con la falta de medios para comunicarse e integrarse en la nueva sociedad. En fin, es una cuestión sobre un problema sumergido, interno y personal de una lucha diaria, sin rumbo, para sobrevivir. Yo quiero hablar de este pobre inmigrante que ignora que sufre una depresión y que esconde su tristeza y su ansiedad, de ese inmigrante desarraigado que vive confundido entre una estancia dura, y un difícil y doloroso regreso.

Y aquí estoy yo, atrapado, metido en el tajo. Llevo, entre pitos y flautas, 30 y pico de años fuera de mi hogar. Y venga, dale que te pego, a trancas y barrancas vamos saliendo adelante, y siempre dándole vueltas a las cosas. En fin, a día de hoy no sé si tengo el mal de Ulises o el de Aquiles, pero lo que sí sé es que me tengo que ir a dormir, pues mañana me toca trabajar.

viernes, 10 de julio de 2009

STRAVAGANZA

Días de Topless. Todos queremos ser objetivos con los comentarios para no recurrir posteriormente a las disculpas insinuadas, y caer en la polémica. No es cuestión de que te gusten o no, ni de que te fijes o no en los esculturales cuerpos femeninos expuestos al sol, como Dios manda. Tampoco se trata de hacer la vista gorda si no te gusta tal exhibición. Estamos todos ligados, inevitablemente, a nuestro entorno tradicional y social, y no los podemos saltar a la torera así por las buenas, así que: ¡Quien la hace la paga! Por poner un ejemplo aclaratorio, no podemos eximirnos de la responsabilidad de ir con Topless en el Vaticano.

¿El Topless en la playa es lo mismo que en las piscinas? ¿Se trata de lugares públicos o privados? ¿La exhibición de los cuerpos puede tener "interés informativo"? ¿La difusión de fotos, sin consentimiento, resulta legítima? Las respuestas están ahí, y las hay para todos los gustos. Los dictámenes de las sentencias son contradictorios y ambiguos, es como la historia de quien fue primero la gallina o el huevo. ¿Cuál es la línea que separa las piscinas de los hoteles de las tumbonas de las playas? ¿Cómo se puede considerar que la vida de uno es privada dentro de un hotel y que el entorno que se ocupa en él es reservado y personal sin tener en cuenta a lo demás huéspedes y personal de servicio?, está claro o quedan como seres invisibles o deben permanecer con la boca cerradita. Así, uno puede disfrutar a lo largo y a lo ancho como “Pedro por su casa”. Como si se quedara miss mundo o una “lolita”, en la casa de Berlusconi, en pelotas, ¿eso no sería noticia? El disfrute de la playa o en la piscina en Topless es plenamente admitido en casi todos los ámbitos sociales occidentales. Pero según las últimas noticias publicadas sobre la pobre Carmina Ordóñez, ya fallecida, la mitad de la historia se desarrolla en Tanger.

Se está “meando” fuera del tiesto. La sentencia favorable de indemnizar a los herederos, por la publicación de las fotos de unas tetas famosas al aire libre, es semi-razonable. ¿Qué pensarían los integristas, los conservadores, las autoridades…de Marruecos? ¿Estarían satisfechos o no con la resolución? En principio, en Marruecos, y me centro solamente en la práctica del Topless, por no hablar de otros pecados, está prohibida, criticada, rechazada. La religión islámica prohíbe fulminantemente la desnudez pública de las mujeres. También hay que destacar que los roles masculino y femenino en Marruecos están fuertemente debatidos hoy en día. El libertinaje se esta haciendo hueco. Las mujeres turistas solitarias que se atreven con el Topless y que muestran sus intimidades en lugares públicos hasta el día de hoy, en este país deben tener un par de ovarios bien puestos, para sentirse seguras y no estar molestadas. Hasta ahora lo que prevalece es sólo, y únicamente, el sentido común. Practicar Topless en Marruecos es un riesgo, es exhibicionismo, es intrusión exuberante y nada pudorosa a la vista de multitud de ojos complejos y ajenos, ansiosos y oprimidos, de acuerdo con sus creencias tradicionales y religiosas. Suena bastante frívolo.

La verdad es que este país de Marruecos, ¡cuántas cosas tiene que aguantar, abandonándolo todo y recurriendo a la aplicación del sentido común de lo poco que queda! Pasar olímpicamente de unas tetas bronceadas en el calor del verano o pararse a disfrutar de espectáculo carnal esta concebido como una cuestión de costumbre novedosa y, por lo tanto, no es un pensamiento negativo sino todo lo contrario, mirarlas estupefacto cuando se muestran públicamente, fuera de un recinto privado, no es algo que se pueda considerar insólito, pero extraño y atrevido en tierras foráneas e impropias. La sentencia ya se ha fallado y a quien le pique que se vaya rascando. Vender el cuerpo es el oficio mas antiguo del mundo y… 30.000 euros, ¡es un buen polvo!

viernes, 3 de julio de 2009

Mrabet vs. Choukri ya muerto.

Mohamed Mrabet en 1981.
Mohamed Mrabet sigue siendo uno de los testigos directos de la Beat Generation, queramos o no. Sus libros están basados en las narraciones orales y han sido traducidos a multitud de lenguas. Sus cuentos están siempre ambientados en fantasías y visiones utópicas. Vivió durante varios años con su amigo Bowles, en casa de este último, hasta su muerte.

El respeto no se compra, se gana con esfuerzo. No se trata de acumular admiradores contando fábulas cayendo al mismo tiempo en la trampa del “chismoteo”. Hay que ser creativo y fiel en la palabra ya sea a favor o en contra, pero siempre con respeto. Tampoco podemos, ni debemos, dirigirnos a los muertos despreciándolos sin tener pruebas fehacientes puesto que no tienen la posibilidad ni la oportunidad de estar todavía vivos para defenderse. Dar la razón, o mostrarse en desacuerdo con la actuación de otro, y menos si está en el cielo, es de cobardes, y menos alegando que fulanito ha dicho o que menganito había dejado de decir. A mí me pone, o mejor dicho me convence, que esta interpretación de sinceridad es tardía y dudosa. Sin duda, la cara más irónica se me ha quedado cuando leí, por ahí, entre muchas otras cosas, la calificación, que se hacía, según sus propias palabras, de Beatnik al ya fallecido escritor tangerino Mohamed Choukri. Un término Beatnik que tiene connotaciones despectivas, discriminatorias y paródicas.

Lo conoció cuando Mrabet trabajaba de camarero en un café de Tánger, allá por los años cincuenta. Mrabet, comentaba, orgullosamente, que cuando regresó de América en el año 1972, se instaló con Paul Bowles, en la casa de este último. Días más tarde cuenta que apareció su editor con los contratos, y fue entonces cuando un interesado Choukri aprovechó para firmar unos libros, y añade que Bowles le confirmó que muchas de las historias que aparecían en las obras de Choukri eran suyas. También afirma, insistiendo, que fue su amigo, y que incluso intentó casarlo con una joven para que sentara la cabeza. Pero lamenta que Choukri, a partir de ahí, empezó a odiarlo y a hablar mal de él, y simplemente por el hecho de que aquel novel escritor necesitaba dinero, rematando la faena el Sr. Mrabet.

Mohammed Mrabet y Paul Bowles
 en Cap Spartel, Tanger (1969).
Hoy no pueden cuajar estos chismes con su legado y con sus historias fascinantes, con forma de una efervescencia, que va desde sus recuerdos de los Bowles a Tennessee Williams.... Mrabet debe ser solamente fiel a sus experiencias iniciales, a lo que presume humildemente haber sido, como pescador en la costa marroquí, como cabrero, como camarero en aquellos años cincuenta e incluso como acróbata en las playas de Tánger. Debe ser fiel a su amor por los guisos y la pintura. Así es como puede ganar la aprobación del jurado. Debe guardar su criterio personal, y ambiguo, sobre Choukri, su amigo el traidor, según él. Sin embargo lo que ocurrió es que perdió la razón, se le fue la olla, y sus comentarios y descalificaciones están fuera de tono. Verdades o mentiras, ¡sólo Dios lo sabe! Choukri, vivo, estoy convencido de que no va a ser menos, dejará seguro los suyo también y tendrá la oportunidad de replica. Para mí, Mohamed Mrabet con su chismeo y cotilleo bajuno, ha suspendido. Debe rectificar por decisión del jurado. No se puede engañar a la audiencia de esta manera. La polémica está servida. Sin duda, estas rencillas y malentendidos, entre un vivo y un muerto, han provocado un salto de la elegancia a la mala educación, de la humildad a la ingratitud. Así, el triunfo se convierte en triunfito. Yo me siento personalmente decepcionado por esta actitud tardía y desafortunada.

Mohamed Mrabet debe permanecer como el hombre humilde que fue siempre y no debe dejar que el levante tangerino le afecte la memoria. Debe seguir alardeando de sus éxitos pero solo con su peculiar tono suave, basado en el don innato de su secreto como narrador y comunicador.

“Otros Rostros” viaja a México

En relación con mi última exposición titulada “Otros Rostros”, mi amigo Mehdi Mesmoudi se atrevió en incluir mis obras en un artículo dentro...