miércoles, 16 de enero de 2013

Revisitando la primavera árabe dos años después.

Por el Dr. Mustafá Akalay Nasser. (15 de Enero de 2012)
Hace un par de días recibí un E.mail de mi amigo el Dr. Mustafa Akalay cuyo contenido es el siguiente articulo: "Revisitando la primavera árabe dos años después", decide publicarlo íntegramente.
(En la foto: Dr. Mustafa Akalay con Paul Balta en noviembre 2012 en Melilla. Paul Balta periodista y corresponsal del periódico francés Le Monde en los países árabes y en Marruecos.)

A lo largo de los dos últimos años el Magreb y Próximo Oriente han conocido importantes cambios políticos, cambios que ponían fin a décadas de dictaduras. Olas de protesta y revueltas pacificas que generaron sin excepción situaciones sociales abiertas y dieron lugar a grandes esperanzas de democratización. Una serie de interrogantes se proyecta, sin embargo, sobre este cambio político. Son cuestiones relativas a los límites institucionales y económicos de estas transiciones. Preguntas que señalan también en dirección de una crisis regional más profunda definida por el subdesarrollo, la marginalidad y la falta de integración nacional o social, o por la persistencia de valores sociales y políticos arbitrarios.

“Los economistas tenemos un enfoque un poco particular sobre todo lo que está ocurriendo. Nos preguntamos por qué a todo el mundo le ha sorprendido la revolución de diciembre. Lo llamativo es más bien que haya tardado tanto en estallar. Todos los estudios recientes sobre la economía de los países del Magreb sacaban a la luz una profunda crisis de su modelo productivo. 

El problema se remonta a las revueltas del pan de 1988 y 1989. En ese momento, el Fondo Monetario Internacional impuso un Plan de Ajuste Estructural como condición para la concesión de préstamos… Desde entonces, el FMI controla de facto la economía de estos países. La influencia norteamericana también ha aumentado muchísimo a través de las ayudas económicas. 

Estados Unidos ha sustituido completamente a Europa como interlocutor occidental del Magreb. La tarea de los gobiernos locales se centra en la gestión política de estas medidas económicas agresivas, es decir en intentar mantener la paz social. Inicialmente, parecía que la cosafuncionaba, el balance económico era aparentemente bueno, con tasa de crecimiento de entre el 5% y 7%. Se trataba de un espejismo. 

Lo que ocurrió fue que, en realidad, se estaba subestimando dramáticamente los problemas socioeconómicos. El crecimiento macroeconómico ocultaba inmensas bolsas de pobreza. Más del 40% de la población sobrevivía con menos de dos dólares al día. Había una bomba social que iba a estallar.

Desde un punto de vista sociológico, un factor que lo ha cambiado todo respecto a 1989 es que más del 50% de parados son jóvenes licenciados, es decir, gente con más estudios, más conscientes, abiertos y críticos. Un segundo factor importante y complejo el papel del islamismo. 

En los últimos años, los islamistas han hecho un esfuerzo por suplir en alguna medida la retirada del Estado de sus funciones sociales tradicionales. Cuando el gobierno se ha desentendido de la asistencia social, los islamistas han sido los únicos que se han organizado para tratar de solucionar el problema.”(1)

Todas estas olas de cambio recientes han coincidido con la implosión masiva de los medios electrónicos de comunicación. La primavera árabe ha sido una historia de hábiles redes transnacionales que se enfrentaron a unos gobernantes convencidos de que podían ignorar o suprimir brutalmente las ideas del mundo moderno. 

Los movimientos de protesta que han sacudido los países árabes se gestaron en las redes informáticas y cuajaron en los espacios urbanos ocupados: Los motores fueron Facebook, Twitter y otras redes para las cuales las fronteras dejaron de existir hace mucho tiempo. Los déspotas creían que podían limitar el contagio democrático, pero descubrieron que sus estados policiales eran permeables y torpes.(2)

(1)Véase la intervención del catedrático de economía de Paris VIII Khalifa Messamah en el coloquio: “la reconfiguración del mundo árabe”, En Revista Minerva, publicación del circulo de bellas artes, IV época Nº 20 Madrid 2012, p.60. 
(2)En los últimos meses, las sociedades árabes (y también las amazigh y kurdas) han derribado el muro del miedo instaurado tras las independencias nacionales. Estas revoluciones por la dignidad, como fueron bautizadas desde un principio, han tenido especial incidencia en Túnez, Egipto, Libia, Siria, Yemen y Bahréin. Pese a las particularidades de cada país, lapoblación comparte unas mismas demandas como el desmantelamiento del Estado Autoritario, la lucha contra la corrupción, la derogación de las leyes de emergencia, la separación de poderes, la instauración de sistemas pluripartidistas, la celebración de elecciones libres y, sobre todo, el respeto de los derechos civiles y las libertades públicas. Ignacio Álvarez – Ossorio Alvariño, En Revista de estudios internacionales del Mediterráneo, Nº 13 del 2012. El triunfo en un lapso de tiempo relativamente corto de evoluciones políticas semejantes (la tunecina y la egipcia) crea una red supranacional de intereses solidarios, de esperanzas y de experiencias que alienta cambios orientados en el mismo sentido en otros lugares.

“Ocurrió cuando nadie lo esperaba. En un mundo presa de la crisis económica, el cinismo político, la vaciedad cultural y la desesperanza, simplemente ocurrió. Conectadas a través de las redes sociales de internet, las personas empezaron a agruparse en esos espacios de autonomía y, desde la seguridad del ciberespacio, pasaron a ocupar las calles y a elaborar proyectos ligados a sus verdaderas preocupaciones, por encima de las ideologías y de los intereses dominantes, reclamando su derecho a hacer historia. En todos los casos ignoraron a los partidos políticos, desconfiaron de los medios de comunicación, no reconocieron ningún liderazgo y rechazaron toda organización formal, debatiendo colectivamente y tomando sus decisiones en asambleas locales y a través de Internet. 

Desde Túnez e Islandia hasta la revolución egipcia y el movimiento ocupar Wall Street, pasando por los indignados en España”(3). La toma de las plazas por medio de las acampadas, generó una concepción nueva de la realidad árabe. Las protestas necesitan, para poder ejercer su poder, de espacios de encuentro y de contacto. Esos lugares son justamente los espacios públicos. 

“En otras palabras, el espacio público es un componente fundamental para la organización de la vida colectiva (integración, estructura) y la representación (cultura, política) de la sociedad,(4) que construye su razón de ser en la ciudad, y es uno de los derechos fundamentales en la ciudad: el derecho al espacio público como derecho a la inclusión. El espacio público es la esencia de la ciudad o, dicho de otra manera, la ciudad es el espacio público por. Excelencia. Y lo es porque hace factible el encuentro de voluntades y expresiones sociales diversas, porque allí la población puede converger y convivir y porque es el espacio de la representación y del intercambio.(5)

(3) Manuel Castells Oliván: Redes de indignación y Esperanza, Alianza Editorial, Madrid 2012.Una lectura imprescindible para entender los cambios operados durante la llamada primavera árabe en la era de internet.
(4) “Lo que es importante, a mi entender, es la misma intención, la voluntad de crear, de poseer esos espacios, de tener un lugar donde reunirse para las más disímiles ocasiones, un lugar que no es de nadie y es de todos, la esencia misma de un valor público. Y también de tener algo representativo, que hable con la voz de todos y que exprese la singularidad de la comunidad que lo ha hecho suyo, no importa si ha surgido de la voluntad popular o del gesto autoritario del monarca” (Baroni 2003:63). 

La acampada de Tahrir nunca buscó la separación, y por eso suscitó tantos flujos de solidaridad dentro/fuera. Nunca se planteó como un afuera utópico, sino como una invitación a los indignados egipcios a luchar juntos contra la dictadura de Mubarak, rechazando viejos paternalismos y, demandando una democracia que consistiera en compartir derechos y participar en el juego político en igualdad de condiciones. 

“El 25 de enero decenas de miles se reunieron en la simbólica plaza Tahrir (Liberación) de el Cairo y, resistiendo los ataques de la policía, la ocuparon yla convirtieron en el espacio visible de la revolución. En los días siguientes gente de toda condición, incluyendo a los pobres de la ciudad, minorías religiosas (los cristianos coptos tuvieron una importante presencia en el movimiento con islamistas y manifestantes laicos) y una gran proporción de mujeres, algunas con sus hijos, usaron el espacio seguro de la plaza liberada para organizar sus manifestaciones pidiendo la dimisión de Mubarak y el final del régimen.

Se calcula que más de dos millones de personas se manifestaron en Tahrir en distintos momentos… Así pues, las redes de internet, las redes móviles, las redes sociales preexistentes, las manifestaciones en la calle, la ocupación de plazas públicas y las reuniones de los viernes alrededor de las mezquitas contribuyeron a formar las redes multimodales, espontáneas, generalmente sin líderes, que pusieron en pie la revolución egipcia. Como dicen Allagui y Kuebler: “Si aprendimos el liderazgo político y la creación de coaliciones de la Revolución rusa, y la iniciativa popular de la Revolución francesa, las revoluciones árabes de Túnez y Egipto demostraron el poder de las redes”.

(5)Fernando Carrión Mena: “Espacio público. Punto de partida de la alteridad”, Facultad latino americana de ciencias sociales, Flacso-Ecuador, pp.1-5.

(6)La red no tiene representantes, y esa es en gran medida su fuerza. Aquí y allá hay gente con influencia (blogueros, activistas) que funcionan como referentes, pero solo son portavoces puntuales de una inteligencia colectiva. No se piensan a sí mismos como representantes de la red y sus usuarios. Perciben perfectamente que su legitimidad se debe a que saben escuchar lo que pasa en la red. La ciudadanía anónima que vive y construye la red se mueve, más allá de fuerzas políticas e ideologías.

(7)Cambio político reclama la sociedad civil árabe cuyos miembros anhelan ser ciudadanos y no súbditos, y decidir quiénes son los mejores para representar los nobles intereses de la población. Ha llegado el tiempo de la transparencia y de dejar que la democracia brille, sin secuestros en el Magreb y Próximo Oriente. La nueva conciencia política frente a la corrupción, el enriquecimiento de pocos a cuesta del pueblo, el clientelismo, la incompetencia, el paro, llevaba años germinando, exige cambios sustanciales y un relevo generacional en todas las esferas del poder: un sistema político que se destaque por la participación pública y la inclusión, un gobierno representativo y responsable de rendir cuentas, receptivo a las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos, y al imperio de la ley y a la igualdad de derechos para todos los ciudadanos. Al afrontar el tema de la democratización en los países musulmanes, el pluralismo político en el “mundo islámico” se revela como una preocupación característica. 

Aunque algunos politólogos sostienen que existen factores inherentes en el Islam que imposibilitan la democracia, otros mantienen que nada en el Islam implica que los países musulmanes deban carecer de credenciales democráticas. ¿Qué relación mantienen entre sí los derechos humanos y la ley islámica? ¿Es el Islam compatible con un sistema democrático de gobierno? Hay mucha ignorancia sobre el Mundo Árabe en Occidente.

(8)Prueba de ello es que nadie pudo prever el estallido de los conflictos actuales en el sur del mediterráneo. Por si fuera poco, las explicaciones sobre su futuro inmediato oscilan entre las ingenuas, que creen que el modelo de transición europea s puede reproducir allí, y las que se dejan llevar por los estereotipos e insisten en que los países islámicos no están preparados para emprender una transición política y vivir en democracia. 

(6)Manuel Castells Oliván: Redes de indignación y Esperanza, Alianza Editorial, Madrid 2012, pp.67-68.
(7)Manuel Castells, p.112.Ob.cit “Los levantamientos árabes nacieron en el amanecer de la explosión de la era digital en el mundo árabe,… El núcleo de activistas que se intercomunicaron en red y pusieron al movimiento en contacto de su país y con el mundo estaba organizado y deliberaba en los sitios de las redes sociales. Desde ese espacio protegido, las amplias redes de telefonía móvil llegaban a toda la sociedad. Y como la sociedad estaba preparada para recibir ciertos mensajes sobre el pan y la dignidad, la gente se emocionó, al final, se convirtió en un movimiento”.

La noción de “transición a la democracia” se instaló en las discusiones formales e informales de los intelectuales dedicados a las ciencias sociales en general y a la ciencia política en particular; penetrando de manera inédita, los ambientes académicos de la Europa meridional y otras regiones. Según Share y Mainwaring hay tres tipos de transición a la democracia. La transición por colapso, causada por una derrota militar externa, o por una profunda crisis interna, que desacredita totalmente al régimen autoritario y que generalmente produce importantes cambios estructurales y una ruptura de las normas de la autoridad política. La salida democrática es impuesta por el vencedor o responde a una tradición política anterior al período autoritario. Generalmente, las autoridades salientes no tienen, en ese momento, ninguna capacidad de negociación y son juzgadas y condenadas por su actuación. Es el caso de Alemania e Italia en 1945, de Grecia y Portugal en 1974 y de Argentina en 1982-1983. 

(8)“Los medios europeos siguen obsesionados por dos cosas, los islamistas y los conflictos armados, ya sea el Libio, actualmente el Sirio. Usar a los islamistas como espantajo ha tenido efectos perversos en el pasado (dictaduras, represión y terrorismo) y afortunadamente es un discurso obsoleto que ha sido superado por las reclamaciones democráticas árabes... Si nuestra transición democrática tuvo la suerte de contar con el apoyo de un círculo de países democráticos dentro de las Comunidades Europeas. Los países árabes no pueden desgraciadamente contar con un apoyo muy activo, ni político ni económico, de los países europeos, absortos en una profunda crisis que afecta al nivel de vida de sus ciudadanos pero también al proceso de integración europeo. La reacción de nuestros países y de la comisión Europea ha sido en algunos casos regresiva, ofreciendo ayuda a los dictadores (Francia a Túnez), y en otra especialmente agresiva (Libia), lanzándose a operaciones militares que excedían los límites del mandato de Naciones Unidas. Creo que se ha aprendido la lección y que se está actuando de forma más mesurada en otros países. Pero las transiciones árabes, especialmente en Túnez, Egipto y Libia requieren de un activo apoyo desde fuera tanto político como financiero, aunque por supuesto a petición de sus sociedades y dirigentes.”Véase Rafael Bustos: “Las primaveras árabes y el largo invierno europeo”, Revista Minerva, publicación del círculo de bellas artes, IV época Nº 20 Madrid 2012, p.64. 

Es el caso de Alemania e Italia en 1945, de Grecia y Portugal en 1974 y de Argentina en 1982-1983. La experiencia histórica muestra que ese "colapso" puede no ser definitivo, y que la élite autoritaria puede recuperar capacidad participativa, aunque generalmente en un nivel sistémico inferior al anterior. Los motivos de esa recuperación son variados: cambios manipulados en el recuerdo público del pasado, que hace factible intentar su relanzamiento político; frustración de las expectativas generadas por la democracia en su fase agonal; necesidad social de reincorporar al juego social normal a los sectores de la élite autoritaria lesionados por el colapso. 

La transición por autoexclusión, en la cual la élite autoritaria intentainicialmente poner límites y controlar el proceso de transición, pero su alta erosión se lo impide y no puede obtener resultados favorables para su salida negociada en la medida deseada, aunque generalmente se plantean cuestionadas medidas de amnistía, que de todos modos aseguran su autoexclusión. Es el caso de Perú (1980), de Bolivia (1979-1980) y de Uruguay (1982-1983).

La transición por transacción, que implica una considerable continuidad de las estructuras, de las élites y de las prácticas políticas. La transición es controlada, efectuada por decisión de la élite autoritaria, quien no solo no es sancionada ni amnistiada sino que conserva (al menos por un tiempo más) participación en el poder en la nueva situación. Es el caso de España y de Brasil. Las transiciones por colapso o por autoexclusión se realizan por necesidad. Las transiciones por transacción se realizan por decisión de la élite autoritaria. Sus motivos pueden ser: verse a sí misma como un interregno restaurador (creer su propia retórica democrática); el desgaste del régimen que aumenta los costos de su mantenimiento y disminuye los de la transición; erosión de la cohesión interna de la élite; desaparición de su legitimación o justificación, tanto si ha cumplido sus objetivos como si no ha podido cumplirlos.(9)

(9)http://es.scribd.com/doc/50598455/TRANSICION-POLITICA

La transición política en el Magreb y Próximo Oriente está siendo difusa y a veces inestable y los vencedores de las primeras elecciones están siendo partidos islamistas(10). 

En Egipto los Hermanos Musulmanes liderados por Mohamed Morsi, han conseguido aislar al ejército, pero se enfrentan a problemas económicos, a la violencia salafista(11) y a la oposición activa de una fracción de la sociedad. En Túnez, el movimiento islamista “Ennahda” como primera fuerza política forma coalición gubernamental con dos partidos laicos “el congreso por la república” (CPR) y el “foro democrático por el trabajo y las libertades” (FTDL), debe hacer frente a la oposición del principal sindicato la Unión General de trabajadores tunecinos (UGTT) y a la capacidad de movilización femenina.

“La tensión es tanto más intensa cuanto que la UGTT viene a sustituir de hecho a los partidos políticos de la oposición, incapaces de desempeñar su función. Esta ha decidido participar junto con la sociedad civil tunecina en su diversidad para defender no solo la masa obrera, sino también, y sobre todo, a la república y sus instituciones. Las movilizaciones organizadas por la central para defender las libertades individuales y denunciar las violencias de los grupúsculos salafistas o de la policía a veces prevalecen sobre las movilizaciones sociales. Recordando sistemáticamente la legitimidad histórica de su organización(12), los dirigentes de la UGTT afirman que no vacilarán, en los momentos de crisis, en asumir un papel político” (13)

(10)El periodista Majdoubi en su libro “Revolución por la dignidad en el mundo árabe” subraya que “hay que ver la Primavera Árabe como un proceso que acaba de empezar”, en el que “la llegada de los islamistas al poder de una forma legal es parte del juego democrático”. Sin embargo, sostiene el autor que estos movimientos “ya han empezado a desgastarse porque no han podido hasta el momento presentar soluciones a la crisis socio-económica”, en particular al tema del paro juvenil, “el mayor desafío en el mundo árabe”. “El mundo árabe ha comenzado una andadura de fortalecimiento de las instituciones democráticas, un proceso que requiere tiempo, pero en el que al final prevalecerá la soberanía popular”. Proceso que tiene hondas repercusiones en los propios países que están viviendo estos cambios, como Túnez, Libia, Egipto, Yemen, Siria, Marruecos o Argelia, pero también en las relaciones internacionales que ya se están viendo afectadas por los cambios generados por la irrupción de los movimientos democráticos en el mundo árabe. Véase Majdoubi el Houssine: Revolución por la dignidad en el mundo árabe, de la indignación al renacimiento, Icaria editorial, 2012.
(11)“Para los Hermanos Musulmanes, los salafies son simultáneamente un competidor y un apoyo, a pesar de su gusto por la violencia para imponer la islamización de las costumbres, son un apoyo en la medida que los hermanos musulmanes pueden así justificar medidas ortodoxas, con la presión salafí como coartada. Una buena muestra es lo ocurrido en las últimas semanas, con la introducción de modificaciones acentuando el islamismo en el proyecto constitucional egipcio, frente a la oposición rotunda de laicos, coptos y musulmanes que desconfían de la voluntad dictatorial de los Hermanos”. Véase Antonio Elorza: Egipto: Islamizar la modernidad, El País del 2 de enero del 2013.

Dos años después, el balance de la Primavera Árabe es necesariamente provisional. Mientras los combates se intensifican en siria, la transición política en Túnez, Egipto, Libia, Yemen comienza su andadura no sin obstáculos, tal como lo expresa el investigador de la universidad de Stanford, Hicham Ben Abdallah El Aloui, apodado el príncipe rojo en lo que sigue: “La primavera árabe no es un acontecimiento es un proceso. Para los países más comprometidos en el camino de la emancipación política, la pregunta crucial: ¿Puede institucionalizarse la democracia?... 

En Túnez, Libia y Egipto, este proceso está en marcha, aunque sea un camino inestable…Los nuevos regímenes están intentando desarrollar una política de moderación, entre flexibilidad y pragmatismo, que tiene por objeto evitar los conflictos confesionales, las interpretaciones religiosas y los alineamientos geopolíticos. Preocupados sobre todo por consolidar su propia estabilidad interna, consideran a ambas partes beligerantes de la sangrienta guerra civil siria como obstáculos para la construcción de un nuevo orden democrático”.(14)

(12)La UGTT, con sus 517 000 miembros, es la principal fuerza sindical de Túnez, concentrada en el sector público. La UGTT siempre tuvo un papel clave en la vida política. Más que a una central sindical, se asemeja a una organización donde las reivindicaciones sociales han estado, históricamente, ligadas íntimamente a las consignas políticas y nacionales. 
(13) Véase el artículo de la profesora Hèla Yousfi: El sindicato que representa la oposición tunecina, en el dossier “en las ascuas de la primavera árabe, Le monde diplomatique en español, noviembre de 2012, página 19.
(14) Hicham Ben Abdellah El Alaoui: ¿Monarquías árabes, el próximo punto de Mira? Le monde diplomatique en español, Enero de 2013, pp. 8-9.

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