sábado, 19 de mayo de 2018

Omar Mahfoudi el Tanjawi


El tangerino Omar Mahfoudi expondrá bajo el título de “Tanjawi, violencia y sensualidad de los hombres en Marruecos” en el Espacio de Arte “Le Point Ephémère”  (El Punto Efímero) en París. La muestra “Tanjawi” tendrá lugar entre el 6 y el 24 de junio de 2018, ambos inclusivos. La exposición estará compuesta por un vídeo, una docena de dibujos con técnica mixta y fotografías de gran formato. En ella el artista expresara la angustia y la infelicidad que viven muchos jóvenes en la sociedad tangerina. Omar Mahfoudi se propone a proyectar su mirada intima y enseñarnos la crudeza humanista y contemplativa de esas criaturas en su ciudad Tánger, exactamente en el corazón de la medina, en su barrio natal Haouma de Bnider. Nos mostrara escenas de una vida fallida llena de dificultades, drogas, terrorismo, violencia, pobreza y especialmente la marginación. Pero lo curioso es que esos jóvenes disimulan y ocultan otras virtudes como la esperanza, la amistad, la inocencia, la sensualidad y sobre todo el sueño y la ilusión de que cambie el futuro para ellos, algún día a mejor.

Abdelkader El Badaoui, “El Hombre Teatro”

El dramaturgo Abdelkader El Badaoui. Foto A. Bouziane. Nov. 2017.

Hablar de teatro, ya sea desde un punto de vista teórico o práctico y representativo, indudablemente y sin ninguna duda es hablar en primer lugar de responsabilidades e inquietudes de los principales responsables y dirigentes políticos, que toman las decisiones en las asignaturas culturales. Hablar de teatro debe ser algo bastante común y frecuente, ya que está vinculado a las necesidades culturales y espirituales de cada individuo y de la sociedad en general. Hablar de teatro es hablar de arte. El teatro equivale a la creatividad, a la belleza, al perfil social y al proyecto intelectual. El teatro invoca los valores culturales necesarios y se opone a las representaciones materiales en nuestro comportamiento cotidiano.

Hablar de teatro, es hablar, no cabe duda, del refinamiento del buen gusto, de la exquisitez del sentido estético y de la delicada interacción humana. Estos objetivos, solo se consiguen en las representaciones teatrales. El teatro es existencial, transforma estas limitaciones de nuestras entrelazadas vidas en visiones supremas de cultura y en enfoques soberbios de intelecto y espiritualidad. El teatro está armado de valor y nobleza y lleva la antorcha del pensamiento iluminado. El teatro es la base de nuestras ambiciones y condiciones humanas. El teatro es un sueño legítimo de desarrollo y libertad. El teatro pertenece, al pasado, presente y futuro, pertenece a nuestros considerables logros.

El teatro es, y ha sido durante todos los tiempos, una interfaz de preguntas y reflexiones, en nuestro propio beneficio, sobre una realidad alternativa. Una realidad que el teatro trata de cambiar, intervenir y orientar hacia un ascenso a un patrimonio eterno. El teatro es la fuente del pueblo, es su arma absoluta para hacer los cambios y traer el significado crítico para diseccionar las razones del hundimiento, para reflejar las condiciones de recuperación y luego el ascenso. El teatro es transición a los valores humanos universales. El teatro es la modernidad, la democracia y los derechos humanos. El teatro es la realización y la vanguardia.

Estas son las reflexiones y doctrinas del inevitable dramaturgo Abdelkader El Badaoui, tangerino de nacimiento, “El Hombre Teatro”, de toda la vida. Un hombre que se ha dedicado íntegramente, en cuerpo y alma, a este noble arte. Abdelkader El Badaoui protesta y reclama que, ahora vivimos en Marruecos una época marcada por la renuncia absoluta a la cultura, por la decadencia del teatro, por la pérdida del compás del pensamiento admirado, por la sequía de la creatividad y productividad teatral y por la marginación de artistas profesionales y amateurs. “El Hombre Teatro” nos incita a salvar lo que todavía se puede salvar, a través de la enseñanza y Cultura y que sea el teatro nuestro sueño colectivo. Arremete contra los responsables del ministerio de cultura de Marruecos por todos los males actuales del teatro marroquí y por no querer hacer nada para promoverlo. Abdelkader El Badaoui, “El Hombre Teatro”.

martes, 15 de mayo de 2018

Fútbol, agua, leche y gasolina.

Mural en la Medina de Tánger. Foto Abdellatif Booziane. Agosto 2015.

Me pregunto por qué hay tanta gente gritando en la calle. Puro entretenimiento y divertimiento. Sobre todo, cuándo no hay chuches. Pero se lo merecen. Hoy, 12 de mayo, es un día grande, Tánger ha ganado la liga de fútbol por primera vez en la historia del club. El grito de la voz del hombre es capaz de atravesar las barreras. Pero callado, va siempre por detrás. Pero el mejor grito lo estrenamos cuando nacemos. Después  viene él que, quien no llora no mama. Bueno, pues a partir de ahí, todo es evolucionar. El grito de los seres vivos necesita alimentación e equilibrio. Necesita aprendizaje para ir en contra o a favor. Y así como puede que cambien las cosas. Estamos viviendo tiempos difíciles para alzar el grito. El grito de un pueblo siempre fue poderoso. Somos lo que hacemos con nuestro grito. 

La Unión Deportiva de Tánger, “Itihad Riadi de Tánger” (en dialecto marroquí) se ha proclamado campeón de Liga de Marruecos, un torneo llamado “Botola” (en dialecto marroquí). Arropado por una de las mejores aficiones del país, más de 45.000 almas abarrotaron el estadio Ibn Batuta de Tánger. Tenía que ser en el último partido y ganando a su eterno rival, el Moghreb Athletic de Tetuán. Un derbi norteño. El pitido final desato la locura en el feudo tangerino, con invasión del césped incluida. Luego más tarde, la fiesta se traslado a la ciudad, colapsando las calles del centro. Un tremendo caos de criaturas y vehículos. Lo nunca visto. Justo al día siguiente de la celebración liguera y sin pausa ninguna, las miradas de los aficionados marroquíes se dirigen hacia Rusia 2018, donde después de 20 años de ausencia, la selección nacional volverá a participar en un Mundial, en un grupo muy complicado junto a España, Portugal e Irán.

El pasado 20 de abril, se difundió en Marruecos por redes sociales una campaña contra tres empresas gigantes del país. Ya nadie quiere beber el agua mineral de la marca Sidi Ali, por el boicot. La gente está cabreada y pide otra marca. Lo mismo pasa con la leche de Danone y la gasolina de Afriquia. El objetivo de esta cruzada es hacer girar el mercado para una posible bajada de precios. Ya que los únicos perjudicados son los consumidores. Los políticos y empresarios poderosos advierten que las redes sociales no pueden detener la actividad de los trabajadores y agricultores de los tres sectores y que Internet no debe ser un juego de niños. Este boicot es otro grito, un grito que arremete contra el abuso continuado en el coste de los bienes básicos. Otra victoria más, el boicot  ha ganado también a un rival fornido y nada sensible. Un grito silencioso puso el dedo en la llaga, descontento por la carestía de vida. Un grito de corazón, que no teme a perder nada, ni siquiera la dignidad. 

No obstante hay otra parte de la población que está en otro debate, discuten sobre las posibilidades de Marruecos para celebrar el Mundial de Fútbol de 2026. Alegan que sería la mejor forma y la ocasión de limpiar la imagen del país. La candidatura marroquí está salpicada con la ya habitual contrariedad de la opinión nefasta externa y la mala fama de Marruecos en subestimar la aplicación de los derechos humanos. Pero el sueño e ilusión con los que viven esos marroquíes la posibilidad de ser el centro del mundo por primera vez en la historia, nadie se los va a quitar. Marruecos está volcado con el fútbol y apuesta por el fútbol para mejorar su imagen internacional. El país aspira a celebrar el Mundial de 2026 y que ese evento le servirá como escaparate de sus atractivos turísticos y como captación de nuevos inversores. 

En que todo el país entero este colgado con el fútbol, nos demuestra, una vez más, que el fútbol es la verdadera obsesión del pueblo. Un pueblo embriagado. Es cierto que el gobierno hace del fútbol una herramienta ideológica precaria y barata. Una política que resulta evidente, que solo sirve para promocionar, a toda costa, el fútbol para distraer a una sociedad sumergida en graves dificultades de supervivencia. Los gestores del sistema alimentan desesperadamente la ignorancia y la mitigación de los ánimos. Hasta hay algunos dirigentes, con discursos puramente demagógicos, que aprovechan para hacer creer la existencia de un paralelismo entre el sacrificio en el fútbol y el del Gobierno. Por eso es importante el grito tanto en el fútbol como en el agua, la leche y en la gasolina. El fútbol al fin y al cabo es un espectáculo, nos puede producir satisfacciones pero también frustraciones. Pero las necesidades básicas ni son juegos de niños ni chuches.

sábado, 12 de mayo de 2018

EL DAHIR


“420” es un término cuyo origen radica en California, la california de 1971. Muchos jóvenes se reunían a las 4:20 de la tarde, una hora después de terminar las clases, para fumar marihuana justo delante de la estatua de Louis Pasteur, ubicada en el mismo instituto. Ese preciso momento, 4:20, se llevo a adoptar como una fecha festiva, cada año, el 20 de abril, en honor al cannabis y posteriormente, como Día Mundial del Cannabis.

El cannabis esta revalorizado por definición, mucho más de lo que vale, por ley y no por dignidad, y eso lo sabemos todos. Pero las leyes, los intereses económicos y los buitres del ladrillo van por otros parajes. El cannabis podría ser un proyecto beneficioso para un pueblo y tiene una capacidad de provocar algo positivo en nosotros, comprobado. Dicho esto, debemos buscar la regla fundamental de su consumo. Aunque sólo sea por una razón: pensar que en los Países Bajos lo han conseguido.

La cultura del Kif comenzó en Marruecos en el siglo XV en la región del Rif y las comarcas colindantes. Es en 1912, después de la Conferencia de Algeciras, el país fue dividido en dos territorios, el norte bajo protectorado español y la parte central bajo protectorado francés. España salió  beneficiada generosamente por tocarle el cultivo del kif. Por el vigor de entonces de Francia, país perjudicado y potencialmente fuerte, se inclino la balanza y se decidió que “La Régie Marocaine des Tabacs et du Kif” (La tabacalera Marroquí de Tabacos y del Kif), cuya sede se ubicaba en Tánger, la que tendría el poder absoluto de decisión et gestión del cultivo, venta y compra de estos productos. Cualquier comercio o cultivo no permitido por el cuartel general de la tabacalera queda ilícito, ilegal y castigado duramente. La distribución y comercialización se realizaban seleccionando cuidadosamente las áreas de cultivo, los vendedores ambulantes autorizados y los locales comerciales como puntos de venta. El gobierno español, sin ton ni son, se quedo fuera del negocio, adopto una postura indulgente y negligente respecto a la vigilancia en los campos de cultivo. Sin remedio, y por este hecho, las autoridades francesas quedaron tocadas y cabreadas. Además Tánger, que gozaba entonces de un estatus intocable de ciudad internacional, se convirtió en un caldo de cultivo para mercenarios, traficantes de armas, contrabandistas y traficantes de drogas. No tardaron nada los envíos de los primeros cargamentos de hachís a Europa.

En 1916, Francia opto oficialmente por endurecer la ley y prohibir estrictamente el consumo del Kif en todo su territorio incluyendo todas las colonias y por lo tanto también en su protectorado en Marruecos. Eso desemboco en un efecto devastador de contrabando. Esta nefasta situación duro hasta 1932, cuando se publicó el famoso DAHIR (Decreto de Ley de las Autoridades Marroquíes) que fue aprobado y firmado por Francia y el sultán Mohamed V, con el fin de que la legislación de control y prohibición del consumo del Kif se convierta en parte integrante y oficial en todo el país.
  
En otras palabras, la política en torno al Kif, durante el protectorado francés en Marruecos, fue similar en muchos aspectos  a la aplicada actualmente por ejemplo en los Países Bajos. El documento Dahir incluso menciona y designa a los agricultores, a los vendedores ambulantes y a los locales determinados para la venta, otorgándoles respectivamente una licencia o autorización, por tiempo limitado. El control se convirtió rígido e inclemente, bajo la total competencia de los tribunales marroquíes. Se crearon una especie de agentes de la autoridad para perseguir los fraudes. La corrupción y la putrefacción administrativa se expandieron por todas partes. Abundaron las infracciones y delitos cometidos por ciudadanos marroquíes y extranjeros. Desafortunadamente, el Dahir en 1954 puso punto final a este largo período semi-prohibitivo haciendo que todos los artículos relacionados con el cultivo o con la venta del Kif, sean prohibidos radicalmente y dejando las montañas del Rif solamente con el cultivo del tabaco como consuelo. Lo que provoco la ira de miles de Agricultores.

Desde ese momento hasta el día de hoy, la industria del Kif en Marruecos ha oscilado continuamente entre la tolerancia selectiva de las autoridades marroquí y la ilegalidad pura y simple. El país ha logrado convertirse en el mayor proveedor de hachís del mundo, venciendo a Afganistán y al Líbano. Encima las operaciones de incautación son muy escasas y la presión de la los países Europeos y incluso de la Unión Europea es ridícula. Los debates actuales sobre una posible propuesta de ley que podría introducir una política similar a la aplicada durante el protectorado francés, con algunas modificaciones y actualizaciones, seria la esperanza para la marcha de la posibilidad de la legalización del Kif en Marruecos.

LA PREGUNTA DEL MILLÓN. ¿La población de marruecos está o estará preparada para este reto?

martes, 8 de mayo de 2018

El grito de la montaña

Lápiz Policromo. Papel 65x45 cm. Abdellatif Bouziane.

La región del noroeste de Marruecos se caracteriza con unas prácticas sociales y culturales muy peculiares. Se trata de la región de Jbala. Una población con un carácter desconfiado, introvertido y sobrio en pensamientos. El enfoque desde la disciplina antropológica, pocos se han atrevido a realizar un trabajo consecuente en el campo rural. Primero, su población por su aspecto e envoltura tan delicada, obstruida y conservadora que la de las ciudades que la rodean. Segundo, por sus idiomas distintivos, por un lado el árabe dialectal propio (Darija) y por otro el bereber, con el dilema de las respectivas variantes lingüísticas. Tercero, por otra dificultad añadida y es que cada vez y más frecuente los cambios económicos y sociales, que vive la región, son tan rápidos y revueltos. Es, por ello, que algunos datos actuales necesitan ser actualizados o incluso podemos toparnos con descubrimientos nuevos o desgraciadamente encontrarnos con el peligro de desaparición de un patrimonio cultural como las músicas y los bailes tradicionales y populares de la región.

La región de Jbala como en cualquier rincón del planeta también se distingue con su tradicional música y su baile popular. Una tradición que goza de un estilo musical único y propio que se denomina “El Aita Jabalia” (El grito de la montaña). Es un estilo de música y danza que se originó en las montañas del Rif en el norte de Marruecos, en el siglo XVIII, y está relacionado con las costumbres andaluzas heredadas. Es una expresión artística que destaca por el cante, el toque y el baile. Una música alegre, sencilla y muy emparentada con la tradición bereber. Su danza tiene  influencia en una mezcla entre los ritmos del África negra y de la cultura autóctona. “El Aita Jabalia” o “Tactuca el Jabalia” tiene su arraigo especial en el término Tactuca que proviene del sonido Tac-Tac de los tambores. Estos sonidos que salen de las montañas se manifiestan con un carácter místico, que se asocia al Santo Patrón de la región y cuyo nombre es Mulay Abdesslam Ben Mchich. Estamos Hablando de una ostentación cultural simbólica y de una tradición tribal, oral y musical. Un género que ha dado lugar a lúcidos maestros, sobresalientes intérpretes y virtuoso del violín y del Gembri. Por lo general, la mayoría de la lírica narra proezas de glorias y de corte social cotidiano así como describe historias sentimentales con emociones profundas. Y todo se conserva oralmente y pasa de generación a generación. “El Aita Jabalia” siempre ha estado presente en las ceremonias, fiestas religiosas y romerías. Las mujeres se han incorporado hace pocos años a los grupos musicales. Hasta entonces, los bailes eran interpretados por hombres vestidos con caftanes que simulaban danzas femeninas.

La leyenda cuenta que “El Aita Jabalia” tiene poderes terapéuticos. Una historia que se remonta, a un tiempo no determinado, a la presencia de un sabio y gran viajero de Persia, que, en el camino a Andalucía, calo y termino su vida en un pueblo de la región de Jbala llamado Jajouka. Se quedo fascinado por los rituales místicos de esa música. En seguida, el ilustrado vio la gallina de los huevos de oro y no tardo en usar y asociar  sus conocimientos metafísicos y espirituales a aquella música. Se dedico en cuerpo y alma a tratar a los enfermos y trastornados mentales. Después de su muerte, la maniobra se convierte automáticamente heredera. Su discípulo El Maallam Attar (El Maestro Attar) cogió las riendas del tinglado y actualmente está en manos de su hijo Bachir Attar. Ese último es un genio tocando la Ghaita (una especie de flauta) que es el instrumento clave, misterioso, profundo y melancólico del género. Es el instrumento que marca el ritmo del tempo y del tono. Esa Música acompañada con la hierba buena de Ketama era y es capaz de amansar cualquier fiera. La leyenda mística de este género dio su fruto y no tardo nada en llegar a las grandes ciudades con su sublime mensaje de su capacidad para aliviar las penas, de reproducir la despreocupación y transmitir la felicidad. Desde entonces, al pueblo, no pararon de acudir trotamundos variopintos, amantes de experiencias extrasensoriales y muchos curiosos extravagantes, tales como Paul Bowles, Bryan Geysin, los Rolling Stones, Brian Jones, William Burroughs, Ornette Coleman…

El grito de la montaña es un grito de descarga y de liberación, poderoso y humano. Es un grito de victoria, de ánimo y de comparsas. Es un grito terapéutico, de cosecha, de lucha, de miedo y de amor. Este grito es un grito a la razón fuerte para mantener viva esta tradición y este patrimonio cultural, el nuestro. Es nuestro grito. Tienen mucho que ver el nosotros con nuestra música. El grito de la montaña debe perseverar en nuestra sensibilidad y humanismo por encima de nuestras diferencias lingüísticas, fanáticas y socioeconómicas.