sábado, 14 de septiembre de 2013

SIDI EL MENARI, UN SANTO SIN DERECHOS DE PROPIEDAD.

Cabo o faro El Menar, llamado formalmente Cabo Malabata, está situado a 10 km de Tánger, es el lugar ideal para disfrutar de un amanecer sobre el mar Mediterráneo. Su mirador  nos reserva impresionantes vistas panorámicas del estrecho de Gibraltar, las costas españolas y  la bahía de Tánger. ¡De noche ni te cuento!


Se caracteriza por su faro, asistido por una vigilancia militar permanente y inexplicable con un cartel de “Prohibido pasar-Zona militar” que no respeta nadie, un castillo construido a principios del siglo XX con un estilo puramente medieval  y una tumba de un santo llamado Sidi El Menari, un nombre asociado misteriosamente al nombre del majestuoso faro El Menar.


He de reconocer, que durante toda mi vida presumiendo de un auténtico Tangerino apenas conozco la historia de este santo. Recuerdo pasarme tantas tardes en el chiringuito del mirador contemplado el estrecho sin prestarle importancia. Nada sabemos de la  existencia documentada del “santo” Sidi El Menari, no sabemos nada sobre su vida, sobre sus orígenes monásticos. Los únicos testimonios dicen y afirman, que pasó por el lugar y que por obra de Dios, ganó las virtudes de su santificación. No sabemos como vino al mundo, ni de donde se debe su profecía y ni cómo eran sus mítines cautivadores. 

El presunto santo, está enterrado justo al lado del faro, cerca del cielo, asomado al mar, rodeado de  árboles y protegido por las cigarras de agosto y los vientos del levante. Es difícil borrar su huella de nuestra memoria, su nombre esta clavado en nuestros corazones, da igual darnos cuenta de lo mucho que lo nombramos, el santo sigue siendo irrelevante y realmente le prestamos poca o nula atención.
Foto realizada por mi amigo de toda la vida, Nourredine Temsamani.
Sus seguidores y sus descendientes se han esfumado. Ni el guarda militar, ni el vigilante de los coches, ni el camarero, ni los vecinos de alrededor saben algo, casi nada, sobre los  datos del personaje. Estamos rondando  en el confuso campo de la leyenda y de la mitología al menos que se hagan pruebas del carbón 14 y nos revelan su procedencia.  

Sólo nos queda una tumba, un nombre de ficción, lugareño seguro, que tiene curiosamente relación con el nombre del faro. Y sólo se trata de  conservarlo como una exclusiva ambigua y una atracción más del decorado. Actualmente su tumba está olvidada y sin fieles.  

Es una pena que no se ha hecho nada para este santo tan singular, probablemente este absoluto silencio estará siempre relativo a la verdad. Un divino tesoro, hacen pareja inseparable el santo y el faro.




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