domingo, 18 de septiembre de 2016

No hay derecho.

Paseo Marítimo de Tánger. Julio 2016. Foto Abdellatif Bouziane.
A veces algún proyecto se va a la mierda. Son los arquitectos y los ingenieros de obras públicas cuyos trabajos prescriben cuando no les cae una condena estrafalaria. Ahí siguen. El resto se va a la mierda. Los chanchulleros están ahí. La impotencia del ciudadano de a pie se contagia de más idiotez y de no hacer nada y morirse de miedo. Las promesas y los sueños nos aplatanan la esperanza. Somos, menos exigentes. Pero si a estas alturas nos cuesta decidir nuestra ciudad, imagínate tener que decidirnos sobre el futuro de nosotros mismos. A la mierda el gran milagro, nuestra pereza está provocada creo, como siempre por nuestro absurdo silencio.

Las críticas han aumentado últimamente por lo feo que ha quedado nuestro emblemático paseo marítimo. Yo personalmente estoy "molesto". Demasiado cemento y exageradas las farolas. A todo lo largo y ancho en su mayoría evidencia un pésimo estado de soledad desértica. No entiendo,  la primera línea del núcleo turístico de la ciudad debe ser de interés no solo de las autoridades sino de todos los tangerinos. La arquitectura debe bailar con lo tradicional y lo moderno, con la modestia y la belleza. La arquitectura debe actuar éticamente y con respeto a la historia. La arquitectura debe crear e insertar las secuencias fieles en la obra a restaurar y no forjar un retrato patético y amargo. Ahora contemplar el paseo marítimo es como ver una pista de aterrizaje infinita, un paisaje seco y asfixiante.

¿Qué falta y qué sobra? Es la pregunta que deberíamos hacernos, rebobinar, algo nos tapa la vista. ¿Qué falta cuando se nos ha ido algo que echamos de menos?  Nos falta el ojo y la voz del creativo, del artista, del crítico social  y de la mirada histórica. La mirada que falta. Se trataba solo de dejar el paseo marítimo más bonito de cómo se encontró. La mirada de un loco. ¿Qué falta? Tánger de mis ojos, me faltas tú. Es demasiado tarde o nos convertiremos todos en otra ciudad. Me refiero a la precariedad de nuestras relaciones humanas y no digamos las sentimentales. No puedo dejar de pensar en esta mierda de proyecto, sobra ese gigantesco hueco, en ese ángulo muerto. No hay derecho.

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