martes, 27 de noviembre de 2007

MERCADRES DE MUERTOS. MORIR ASÍ, NO. POR FAVOR, QUE ME ENTIERREN.

Quiero oír, quiero ver, quiero entender, quiero sentir, quiero… leer algún comunicado que exprese dolor por los muertos que cruzan las fronteras de la pobreza y, al mismo tiempo, dando un sincero y sentido pésame a los familiares de los fallecidos. Maldita sea, no es una terrible muerte accidental y da igual quien sea el muerto o la muerta, eso es lo de menos, lo importante es saber quien es el culpable o los culpables que no impiden que estas situaciones se produzcan día tras día. Estamos hablando de una muerte anunciada, de la muerte de un ser humano, de una muerte humilde sin funeral, de una muerte que provoca vergüenza e impotencia entre los familiares del fallecido. Mientras, catedráticos, filósofos, economistas, historiadores, políticos, etc. Siguen de brazos cruzados, con los ojos cerrados por falta de soluciones y de iniciativas coherentes y eficaces. Sólo algunos periodistas, y algunos miembros de las ONGs se interesan de pleno. Me suena a sucio, a negocio. No quiero morir así...

Una crítica, un día duro, las escasas expectativas de futuro, un control exhaustivo fronterizo en el sur, un corredor de la muerte, traficantes de hombres, redes de inmigración ilegal, testimonios penosos en primera persona, polizones, muertes de amigos, algún familiar en el naufragio, prensa amarilla , televisión basura, esperanzas rotas, violación de derechos humanos, mercancía barata, estados de shock, mujeres, hombres , mujeres embarazadas, bebes, adolescentes, niños y niñas del África, pateras, catorce kilómetros, una ciudad, Europa, un intento, una expedición que cuesta “un huevo”, un viaje preparado contra el tiempo, un país , otro país, una familia rota, dinero ahorrado, una noticia, un efecto llamada… estamos hablando de una muerte, de una compañera de travesía.

¡Que rabia¡ Voy a llorar y gritar, porque mi nacionalidad no cuenta, mi identidad personal no tiene valor ni consideración, sólo soy un negro, un moreno “joputa” (así me llamó en una ocasión un guardia civil), un moro de mierda y, a veces, un deportado, una mercancía, un problema étnico o religioso, otras veces soy un licenciado en ciencias políticas o economía. Quiero aprovechar los nuevos flujos migratorios, ¡Quiero volar¡. Tengo derecho a viajar.

Cuando el día está claro, desde la azotea de la pequeña casa de mi tía en la medina de Tánger se ve la otra orilla, Tarifa: ¡Europa! «Bienvenidos», dice el cartel. Me pregunto ¿Cuándo sale la próxima patera? Me guardo los ahorros de toda mi vida para pagar mi tarjeta de embarque. Me han comentado que tengo que esperar incluso meses hasta que haya una patera libre. No tengo demasiadas opciones. Llevo aquí muchos años, estoy desesperado. No puedo volver atrás, he hecho muchos caminos casi imposibles. Sólo me queda la opción de seguir adelante aunque ésta sea una muerte anunciada. No quiero una muerte lenta. Quiero “desaparecer” como persona. No quiero que el camino y el sufrimiento acaben conmigo, prefiero esconder mi nombre y mi nacionalidad. No quiero pedir limosna ni caridad. Mi hermano está allí, me llegan noticias poco alentadoras del otro lado. Los gobiernos no hacen la vista gorda, y cada vez ponen las cosas más difíciles, pero yo no puedo esperar. Siempre será mejor zarpar que quedarse en este infierno.

Documentación, por favor. Lo siento pero hay nuevas leyes de extranjería… Éstas cambian cada tres o cuatro meses, prueba y clara constatación del rotundo fracaso del cierre hermético de las fronteras europeas. Esta política migratoria no gestiona ni ordena la migración, sólo la controla y de forma muy restrictiva. Esto provoca que miles de inmigrantes prefieran esconderse en las rendijas de este “Estado del bienestar”. Prueba de ello es que a veces los gobiernos, y la administración, frustrados e incapaces de tragar la situación, ante un fenómeno tan natural y social, conceden a bombo y platillo “papeles para todos”. Otro desastre: colas a reventar.

¡Qué locura! Quiero salir. ¿Alguien me puede explicar por qué me está pasando todo esto? Primero me tratan como una mercancía, después como emigrante y luego un muerto, mientras los periodistas, mercaderes de muertos y criminales, y las ONGs en sus despachos, inmersas en campañas publicitarias y de marketing para captar más socios y aumentar las arcas de sus cajas, hacen su agosto. Van de salvadores: ¡Y una mierda! Son unas bandas de corruptos y timadores. Hay que tener cargo de conciencia y no sólo pretender gestionarles el sueño ajeno, y avisarles de que están en manos de Dios, y que aquello los puede llevar al fondo del mar. Ellos no piensan así y no tienen miedo ni de la muerte, ni de las olas. Sus ojos sólo ven la otra orilla del estrecho.

Por otro lado hay que tener en cuenta la escasa bolsa de trabajo, la mano de obra barata, los sacrificios, las horas extras mal pagadas, los trabajos duros (que no lo quiere nadie), las malas condiciones laborales que no contemplan estos inmigrantes hambrientos y currantes, los inmigrantes irregulares, los dos millones de parados registrados en el INEM con pocas ganas de trabajo… y, a pesar de todo eso, el resto del mundo se cuestiona: ¿Y ahora que hacemos con estas pobres criaturas que tienen solo el cuerpo y no llevan equipaje? Y se pregunta ¿Quien se hace cargo de los muertos?

Todo esta perdido. Estoy en alta mar, en plena noche. Hace un frió de cojones, tengo las manos heladas y los pies congelados. No se ve nada. !Que soledad y que dolor¡. Hoy es mi cumpleaños, no llevo ningún documento encima. !que mareo¡ Tengo ganas de vomitar, estoy semi-muerto, totalmente roto. Mi vida es cada ves mas difícil, estoy perdido. Señores: ¿Dónde está la dignidad humana? ¿Qué hacemos con los muertos? Desde luego hay que enterrarlos con respeto. ¡Joder! ¿Dónde están las religiones con su misericordia , bendiciones y el amor del prójimo? Silencio divino. No debemos acostumbrarnos a la muerte, nuestra propia realidad humana y nuestra ética interior no lo permiten. No debemos ignorar la muerte, nuestro propio silencio complice y nuestro cinismo intelectual cambiara y nos hará perder dramaticamente nuestra consciencia. A esto lo llaman globalización. Eso lo llamo yo miseria insoportable, economía especulativa y pobreza creciente. Y eso condena y obliga a la tres cuartas partes de la humanidad a la desesperación y a la rebelión.

¡Tierra a la vista! Estamos llegando a las playas de Tarifa. !Ya estamos aquí¡ Yo me pregunto una, y otra, y otra vez ¿Qué va pasar con los vivos? Ya están aquí, se sienten raros en la tierra de nadie, seguro que después de su violenta y arriesgada aventura han tenido que soportar un fuerte trauma psicológico. También me pregunto si siguen vivos, si tendrán derecho a comunicarse con sus familiares, y si podrán saber si sus hermanos o sus primos han muerto. ¡Qué desastre! Me duele el corazón solo de pensarlo.

Ya van muchas preguntas y hay pocas respuestas. Creo que ha llegado la hora de la reflexión. Con lealtad y honor hay que mirar delante con la cabeza muy alta. Estamos juntos y nos hemos encontrado otra vez, como tantas veces durante la historia. Las mujeres trabajan duro y hablan de respuestas y soluciones. Los bebes muertos resucitan de nuevo en los hospitales, los hombres débiles se fortalecen, los caminos se abren,…Es tiempo de cruzar, de romper la frontera y conseguir el sueño dorado, pero ¡ojo!, sin olvidar. Hacemos una parada, un silencio para recordar a nuestros humanos muertos y desaparecidos en el camino por el que está “prohibido pasar” por el articulo 47. Aquellos seres humanos que no contaban con la fuerza mortal de la naturaleza. Yo he nacido de nuevo y estoy decidido a pasar toda mi vida en el camino que no lleva a ningún país. Tengo la carne abierta y sigo pensando que estoy aquí por pura casualidad. Me siento un inmigrante trabajador. Quiero vivir, porque dejarse morir es de cobardes.

Mañana embarcara un primo mío, creo, que es menor de edad. Viajará sin duda con el consentimiento de su padres. Pensará, casi seguro, como lo demás ¿que más puedo perder que la vida? Rezaremos por él, se lo merece.

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